Entrevista con Ramón Rodríguez


Publicado porEditorial Graffiti el 21:40

Ay sí, mira cómo me dejó tu noticia...
Ramón dice: el perro es excepcional
Un lunes por la tarde cuando además de humo, café y calor se agolpa la sagacidad de quien firmemente cree, pese a los griegos, que nunca se acaricia dos veces el mismo perro. Nina Crangle, Marifer Ramírez Smith y Ana Valderrama se encuentran con el poeta cordobés Ramón Rodríguez con motivo de sus ochenta primaveras…
N. C.: Uno de tus poemas favoritos, y de tus lectores también, es “Nunca se acaricia dos veces al mismo perro”…
–Es un poema de palabras que hace alusión a lo que dice Heráclito: “no nos bañamos dos veces en el mismo río”. Según Heráclito, el río está en continuo devenir, mientras nosotros permanecemos inmóviles; en esta poesía pasa lo contrario, el perro es el que muta, entre cada caricia hay un cambio, ya se avanzó en el tiempo hacia la caducidad.
Ramón es como ese can mutable, una persona sin anclaje, donde el hoy es lo único existente, dejando sin cabida al pasado y al futuro; por eso para Ramoncito las generaciones no son un asunto biológico.
N. C.: Si trataras de ubicarte en una generación, ¿cuál sería?, ¿con cuál estableciste un diálogo auténtico, una reciprocidad?
 –Me identifico con la generación de Graffiti, aunque también, reconozco, fui parte de una generación de existencialistas, que empiezan con Heidegger y descubren a Sartre; esa es la generación de mi juventud.
Pese a las terribles vecinas que envenenan gatos, seguiremos hablando de lo que Ramón ama.
A. V.: Ramón, ¿te gusta enseñar poesía?
–No es que me guste, pero me pagan; si amas la poesía, hablar de ella es como hablar de lo que amas.
La memoria es a veces transparente
como el agua de un pozo
M. F.: ¿Cómo es la memoria de Ramón Rodríguez?
–Es mejor el perro, dejemos a un lado “El pozo”.
N. C.: ¿Quiénes son los poetas que prefiere Ramón, a los que relee?
–El autor de Las elegías de Duino (Rilke), el de Tierra baldía (Eliot), el de El cuidador de cabras (Pessoa),  el de El cementerio marino (Valéry), el de Muerte sin fin (Gorostiza) y el de Piedra de sol (Paz).
N. C.: ¿Y Hölderlin?
–Hölderlin ya pasó, y como el pasado no existe, ni el futuro, yo ya seleccioné a mis seis autores. Estos poemas los escogí porque tienen una unidad, no hay nada que quede fuera  de estos poemas. Como dijeran los cronistas mexicanos de futbol, “eso es lo que yo vi, la mejor opinión será las de ustedes”; por eso  hagan la selección de sus poemas favoritos, para mi estos son los seis mejores, y como los cronistas, no busco una verdad absoluta; además, siempre estoy consciente que la mejor opinión es la que cada quien tiene.
N. C.: Para Ramón, ¿cuál sería su poema mejor logrado?
–Yo no tengo poemas, tengo poesías.
Esa búsqueda incesante
N. C.: ¿Has tenido que escribir para vivir…?
–Claro, pero buscando la unidad como Rilke; lo que no le funciona a nadie es su propia muerte porque siempre llega de fuera; sin embargo, él cree que sí se puede y de cierta forma se le cumple; aunque no escoge su muerte, se muere tal como debió haber sido. Rilke logra, además de eso, su propia concepción de la vida. Todo lo que los filósofos intentan con libros, el poeta lo logra con su visión.
N. C.: ¿Tú crees que el poeta ve más allá?, ¿que es un profeta a su manera?
–Sólo cuando se llega al nivel de Rilke y de Eliot, por ejemplo. Con el autor de Tierra baldía se hace muy evidente; dijera un crítico: “es una agotadora búsqueda de redención”.
N. C.: ¿Tú  buscas algún tipo de redención?
–¡Órale! Mi redención es renegar de la filosofía griega, nada más.
Otras búsquedas
–También hay otros tipos de búsquedas. A partir de Rimbaud la búsqueda era dar en la madre y sin embargo logra la poesía con un talento extraordinario, la decadencia. Entonces llega alguien y dice: “no los llamen decadentes, mejor simbolistas”. Muchos de los poetas que se formaron con Graffiti están en una búsqueda constante de las formas puras, saber hacer décimas, sonetos.  Esa poesía tiene logros extraordinarios; la búsqueda de Old Fashion Blues es muy distinta a la de los poetas de Graffiti; sin embargo, nos formamos juntos en esos caminos.
M. F.: ¿Te definirías a través de ellos?
–Son los mejores cuates que he tenido, pero no me defino a través de ellos (risa ramónica).
Todo depende del cristal con el que se mire
N. C.: ¿Coincides con Bertha Laura Barrientos cuando dice que tus poemas amorosos son poemas despechados?
–No dice eso, dice que el tono a veces podría interpretarse de esa manera, pero es tan sólo una hipótesis. Yo opino que esa hipótesis es una búsqueda por hacer un buen prólogo, los prólogos son para descubrirse uno antes que a los demás, en cambio la poesía es para ocultarse. Todo prologuista tiene la libertad de enfrentarse a una producción ajena y la búsqueda de la congruencia es apoyarse no en una erudición, sino en una serie de conceptos ajenos aplicables; ella se apoya en Cioran.  Mis personajes son como los personajes de Cioran que se ocultan en el absurdo y en la ironía por falta de creencias políticas, sociales y religiosas.
N. C.: En lo personal, tampoco coincido con la idea del despechado, sino más bien de personajes siempre resignados…
–La concepción individual del mundo es lo que existe, es la libertad del ser humano. Cada quien tiene su propia forma de entender la vida y acomodarse a ella; tiene su propia ética, su propia moral, su propia estética, sus propias chavas.
 A. V.: Ramón, eres muy evasivo…
–¿Y eso es muy difícil de percibir? No soy evasivo, soy como Rilke, por poner un ejemplo de tal tamaño. Por cierto, no es que él rechazara sus poemas anteriores a Las elegías de Duino, sino que era una búsqueda incesante por encontrarse a sí mismo a la hora de producir. Sin embargo, agradece a todos los que lo ayudaron a publicar lo que odió.
N. C.: Ramón, ¿cómo fueron recibidos tus primeros textos poéticos?, ¿qué te decían?
–Hay muchos primeros, que anteceden a la generación con la cual yo me identifico (y ya les dije). Ser de lejanías es de las más grandes pedanterías que yo he visto en mi vida; es una repetición de un filosofema de Heidegger: el hombre es un ser de lejanías, dice.
Yo tomé el título para mi libro, ¡qué horror!, pero funcionó. Esa era la época de mi juventud, sin embargo le agradezco a Graffiti el haberme asomado a la poesía en serio, aunque ya tuviera un libro publicado.
N. C.: Ya tenías dos, olvidas Cuartel de Invierno.
–Ese libro yo lo respeto profundamente, mucho más que a Ser de lejanías, que resultaba arrogante; el título dice: “yo leo a Heidegger, cuates”; falso, aunque con hallazgos muy buenos. Por eso es que converjo con Rilke, quien detesta sus poemas pero los respeta profundamente a través del agradecimiento a la gente que le abrió la publicación en Berlín.
M. F.: ¿Cuáles son para ti los momentos en los que te has sentido agradecido?
–Yo agradezco los momentos de la poesía como lector. A  principio de cuentas, si quieres escribir, aprendes a leer. No hay una escuela que te diga “esta es una escuela para hacer poesía”.
N. C.: ¿Ni la de Rafael Antúnez?
–(Risas) Para mí, el mejor narrador que ha nacido en el estado de Veracruz es Rafael Antúnez, no ha habido otro. Así de ese tamaño es. La isla de madera es una novela corta, redonda y excelente.
A. V.:  ¿Qué tal Nina, la novela?
N. C.: Muy padre. Ramón ha expresado una opinión muy certera.
R. R.:¿Ya la leyeron?
M. F. y A. V.: No, todavía no.

R. R.: Hay que leerla. Pregúntenle a Antúnez: “Usted escribió una novela que tuvo una gran acogida, ¿por qué ya no ha escrito?”. Se defenderá como gato boca arriba. No como el tuyo, que se murió (a Marifer).

Por Nina Crangle, Marifer Ramírez y Ana Valderrama


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