El exilio mexicano de los hermanos mayo


Publicado porEditorial Graffiti el 14:55



Mayo Fotográfico, la fiesta de la fotografía por excelencia que se celebra este mes en Xalapa, estará dedicada al legado de los hermanos Mayo, refugiados españoles de la Guerra Civil española. Javier Ignacio Martínez del Barrio, Consejero Cultural de la Embajada de España en México, escribe sobre la relevancia de las imágenes del archivo de los Mayo para la historia de la fotografía mexicana.
Al cumplirse este año el 75 aniversario de la diáspora hispana tras la guerra civil procedía hacer memoria de esa página dramática, por una parte, de la historia española, y feliz, por otra, de la historia mexicana.
La llegada a México de más de 30 mil refugiados españoles a través de diversos barcos fletados desde Francia en 1939 –Sinaia, Mexique, Flandre, etc.– y su integración en la sociedad mexicana, con logros particularmente destacables en el ámbito de las artes y las letras, obliga en cierto modo a rebobinar la moviola y hacer referencia, en este caso, a la labor importantísima de la agencia Foto Hermanos Mayo como notarios de la vida cotidiana mexicana a lo largo de más de medio siglo.
Hablar de la actividad de los hermanos Francisco, Julio y Cándido Souza Fernández, naturales de La Coruña, y de los hermanos Faustino y Pablo del Castillo Cubillo, naturales de Madrid, es hablar de una agencia fotográfica que inicia su andadura en Madrid (1934), prosigue su actividad en los comienzos del exilio (1939-1949) y se consolida como agencia de prensa para más de 30 periódicos en la capital mexicana (1946-1992).
Resultado de esa actividad en la prensa diaria sobre la Ciudad de México y la de los estados de la República fue la génesis de un archivo de más de cinco millones de negativos que se ubica en el Archivo General de la Nación de este país (1982). Estamos hablando de uno de los pocos acervos fotográficos de México de la importancia histórica de los archivos de las agencias de Agustín Víctor Casasola o Díaz, Delgado y García.
El reconocimiento cultural de la aportación de la obra fotográfica de los Mayo comenzó con la exposición México. La década de los cuarenta del Consejo Mexicano de la Fotografía (1981), curada por Katia Mandoki y Jose Luis Neyra y apoyada con una conferencia del gran escritor y cronista citadino Carlos Monsiváis. A esa labor se sumaría más tarde el propio Archivo General de la Nación, que conserva y difunde ese acervo.
En España fue el Instituto Valenciano de Arte Moderno (1992) que, a través de una curaduría del crítico de arte Manuel García, realizaría la primera retrospectiva de Foto Hermanos Mayo. Estamos hablando, por otra parte, de unos reporteros gráficos que han merecido los más altos reconocimientos públicos tanto de México como de España. Entre nosotros vive Julio Souza ‒el último protagonista de la saga de los Mayo‒, quien a los 97 años aún guarda buena memoria de su vida en Madrid, de los campos de concentración de Albatera (Alicante) y de la ciudad de México, por poner sólo unos ejemplos de su dilatada trayectoria. Pero lo más importante que podríamos destacar en estas fechas, y con motivo de la exposición de estos fotógrafos españoles en el Mayo Fotográfico de Xalapa, es que ese proyecto fotográfico pudo ser realidad gracias a la labor que, como anfitrión ejemplar, realizó el general Lázaro Cárdenas en el momento histórico del final de la guerra civil española.
Los Mayo con Robert Capa, Studio Chauvin de Perpignan y Agustí Centelles, entre otros, dieron fe de las penurias del pueblo español tras una guerra y el dolor de la experiencia de unos campos de concentración y el final prometedor de un país generoso como México que abrió los brazos al exilio en general y a la diáspora cultural hispana en particular.
Bastaría con citar el ejemplo de la creación de la Casa de la Cultura Española primero y el Colegio de México después ‒a iniciativa de Daniel Cossío Villegas luego ampliada por Alfonso Reyes‒ y la presencia en ambas instituciones de las mejores inteligencias españolas del primer exilio ‒José Moreno Villa, José Gaos, Enrique Díez-Canedo, León Felipe, Adolfo Salazar, etc.‒ para entender la significación profunda de esa página de la historia hispano-mexicana de la que estamos hablando.
Algo similar podría decirse de la presencia de esos refugiados en la Universidad Nacional Autónoma de México que recordó, en su día, el rector José Sarukhán Kermez y un grupo de profesores mexicanos en el 50 aniversario del exilio español. Son muchos los artistas, científicos, escritores etc., que desde España vinieron a México en 1939 y se integraron a la vida económica, social, familiar, profesional y cultural de este país.
Notarios de la vida del exilio y de sus protagonistas y de la vida cotidiana de la capital mexicana y del país en general, fueron los Mayo a través de la labor de una agencia, ubicada en la Calle Ignacio Mariscal número 39, en el corazón de esta ciudad, junto al Museo de San Carlos que construyó Manuel Tolsá en el siglo XVIII y en la colonia San Rafael, de tan importante raigambre periodística en la capital. Hablar de la obra fotográfica de los Mayo es hablar, permítanme afirmarlo, del diálogo entre España y México a través de la imagen de la vida cotidiana de este país. El reencuentro con los Mayo en el Mayo Fotográfico de Xalapa  ‒muy cerca, por cierto, de donde atracó el vapor Sinaia en junio de 1939‒, que patrocina la Universidad Veracruzana, revive una parte importante del fotoperiodismo de este país con presencia española.

El autor es Consejero Cultural de la Embajada de España en México. Agradecemos a Miguel Fematt, coordinador de Mayo Fotográfico, su generosidad para compartir con nuestros lectores este artículo y las fotografías de los Hermanos Mayo.

Por Javier Ignacio Martínez del Barrio

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