La FILU: un recuento de su evolución


Publicado porEditorial Graffiti el 14:46

Enrique Serna
Recién concluyó la edición número 21 de la Feria Internacional del Libro Universitario cuya vocación ha sido consolidar ese gran proyecto de difusión del libro universitario y el fomento a la lectura que le dio origen en el ya lejano 1994. Josué Castillo repasa los logros recientes y ofrece al lector una historia sucinta del trayecto recorrido de la FILU, una de las ferias más importantes del sureste mexicano.
1999-2002: de lo local a lo global
El pasado 9 de mayo inicio en la ciudad de Xalapa la Feria Internacional del Libro Universitario 2014. Esta XXI edición se desarrolla bajo el lema “Ciencia y Tecnología, en diálogo con la sociedad y el arte.” Como cada año se reúnen en un mismo lugar lectores, editoriales, autores y promotores de la cultura, perpetuando esta tradición que inició en 1994, cuando bajo la rectoría de Emilio Gidi Villareal la Universidad Veracruzana convocó a la Feria del Libro Universitario, con la intención de fomentar la lectura y acercar la producción bibliográfica, artística e intelectual al público en general.
Esta primera edición de la feria se concretó gracias al esfuerzo conjunto de la Universidad Veracruzana, el Gobierno del Estado de Veracruz y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) y contó con la participación de 25 casas editoriales universitarias y 4 mil 500 visitantes. Aquella primera ocasión el recinto que alojó la feria fue el Centro Recreativo Xalapeño, ubicado en Xalapeños Ilustres con Insurgentes en pleno centro xalapeño.
Para el año de 1999 ya se había sumado la participación de instituciones como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el municipio de Xalapa, la Secretaría de Educación y Cultura y el Instituto Veracruzano de la Cultura, entre otras, mismas que reforzaron el tamaño y el impacto de la feria; asimismo la feria se trasladó al Campus para la Cultura, las Artes y el Deporte de la Universidad, siendo la USBI sede central y sus inmediaciones los espacios en donde se celebraron los principales eventos.
Para el año 2001 la feria alcanzó la categoría de internacional, pero no sólo por las casas editoriales extranjeras que se interesaron por participar en esa edición (es destacable la gran participación aquel año de sellos provenientes de España, Francia, Italia, Estados Unidos, Costa Rica y Cuba) sino por la articulación de un programa de promoción de la lectura y divulgación científica y cultural que contó con la participación de expositores de talla internacional.
Para el 2002, al instituir la medalla al Mérito Universitario (presea entregada a académicos nacionales y extranjeros cuyo desempeño y descubrimientos han dejado huella en sus campos de saber) y crear los Foros Académicos (en donde de manera sistemática intelectuales invitados analizan un tema de interés para la comunidad científica y la sociedad civil), la FILU terminó de posicionarse como una de las ferias del libro más importantes del país, ganándose, en el ámbito nacional, su lugar como la feria más importante de la zona sureste.
Brasil, invitado especial a la edición 2014
La edición 2014, catorceava en su modalidad de internacional, inició con la entrega del premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo y el Hispanoamericano de Poesía Ernesto Cardenal. Manuel Sergio Aguilera Verduzco fue galardonado por la novela Cazando mariposas, un thriller histórico que rescata la figura de Agustín de Iturbide y la recontextualizada en el México contemporáneo. Para este certamen, abierto a todos los escritores latinoamericanos, se recibieron un total de 128 manuscritos provenientes de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Guatemala, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Perú, Venezuela y México; El hombre del cubo y el prisionero de Juan Carlos Tovar Vencis se llevó una mención honorífica.
Mientras, el poeta español Ángel González Quesada ganó el premio Ernesto Cardenal con su poemario Huérfanos todavía, cuyos textos giran alrededor de los campos de concentración nazis que, en palabras del autor, son el “ejemplo paradigmático de la crueldad, de lo que el hombre es capaz de hacer”. El ganador también apuntó que el texto trata “de las personas que van quedando en los márgenes de la historia, cuando la historia dicen que avanza. Yo creo que la historia avanza con demasiados sacrificios, con demasiadas víctimas y eso es algo que hay que corregir. Creo que la poesía también debe dar testimonio de ello”. Para este premio concursaron138 candidatos de todo el mundo hispoanohablante.
Más de 45 mil asistentes constantes en los últimos 4 años
Según datos ofrecidos por la coordinadora de la Feria Internacional del Libro Universitario, Magali Velasco, y el coordinador de difusión, Germán Martínez Aceves, en los últimos 4 años la asistencia a la feria ha ido oscilando entre los 45 mil y los 50 mil visitantes. En el mismo lapso más de 15 mil personas han participado en los talleres que se imparten durante la feria, dirigidos la mayoría a niños y adolescentes, cuya temática va desde fomento a la lectura, ciencia y tecnología (matemáticas, astronomía, física, química y ecología, principalmente), hasta papiroflexia, máscaras, papalotes, artesanías y baile (danza, salsa, tango, reggae, hip hop, jazz). El número de editoriales participantes entre el 2014 y la presente edición se ha mantenido en 550. Con títulos como Diablo guardián y La edad de la punzada de Xavier Velasco; El espejo enterrado y Diana o la cazadora solitaria de Carlos Fuentes, de la editorial Santillana, son los que mejores ventas han tenido en la FILU, le sigue en segundo lugar editorial Diana, gracias a los libros de Gabriel García Márquez, especialmente Cien años de soledad. Hay que destacar que este año las editoriales de la Asociación de Editoriales Universitarias Brasileñas, es decir, el país invitado, se sumarán a la oferta bibliográfica de la FILU. Desde el 2006 hasta la fecha la colección Biblioteca del Universitario, propuesta y coordinada por Sergio Pitol, ha sido el producto más exitoso de la Editorial de la Universidad Veracruzana; a la fecha ha publicado 52 títulos que van de la poesía a la novela, pasando por el ensayo.
Germán Martínez Aceves, coordinador de difusión de la FILU, al referirse a la naturaleza del proyecto mencionó que “en sí nuestro objetivo no se centra en la generación de ingresos sino en la suma de esfuerzos para crear este gran proyecto de difusión del libro universitario y el fomento a la lectura.” Esto puede hacerse notar en, entre otras cosas, la oferta bibliográfica de la feria. Si bien las editoriales comerciales pueden llegar a acaparar más de tres o cuatro stands, en donde anuncian sus libros como si del mercado Jáuregui se tratara, el asistente paciente y atento puede encontrarse con dos o tres joyas bibliográficas, libros de especialidad difíciles de conseguir, como por ejemplo aquellos presentados por las universidades o centros de investigación; perdidas un poco al fondo pueden encontrarse, también, un par de editoriales independientes, estos proyectos iniciados por pequeños fitzcarraldos del mundo editorial que, descontentos con el mainstream, deciden apostar todo por una literatura no (tan) comercial, experimental, lúdica, textos que son un respiro a tantas historias ya trilladas de niñas rebeldes o jóvenes adultos torturados por su pasado.
La FILU en el panorama nacional
Medir el impacto de las ferias del libro a nivel nacional puede llegar a ser un problema. Funcionarios de Conaculta cuentan más de 100 a lo largo y ancho de todo el territorio nacional, aunque no disponen de un censo que arroje datos certeros al respecto. En los datos de la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales y el Atlas Infraestructura y Patrimonio Cultural de México no puede encontrarse un tabulador del impacto de las ferias, además de que dichas fuentes de información no se han actualizado desde el año 2010. Tomar como referencia el número de visitantes sería equívoco, pues este método no contempla la situación geográfica ni la densidad poblacional de la sede de cada feria.
Si la función de una feria es la creación de lectores, como es el caso de la FILU, más que el éxito financiero de los organizadores y editoriales asistentes, calcular el impacto por las ventas podría ser engañoso. Tampoco podemos tomar como referencia la asistencia de escritores reconocidos a presentar sus libros o dar talleres, esto sólo nos da la medida de qué tanto el mundo literario se parece cada vez más a la farándula, girando al rededor de un star system que poco aporta a la creación literaria.
Mientras no se tengan tabuladores y referencias más objetivas no podremos estar seguros del todo de algo que ya muchos sospechamos y de lo que hay indicios por todos lados, como la cobertura de la prensa nacional y la participación cada vez más entusiasta de editoriales independientes, transnacionales, grandes y pequeñas: la Feria Internacional del Libro Universitario se ha ido posicionando fuera del estado como una de las más importantes del país.







Por Josué Castillo





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