La Candelaria: Entre la popularidad y la masificación


Publicado porEditorial Graffiti el 13:58

Los Cojolites
El jarocho y su estatura
crecieron con el paisaje,
donde quebrantó el coraje
las cadenas del esclavo.
Y con acero del clavo
en castigo del ultraje,
forjó lanza redentora
y su estirpe cantadora
fue libre con su linaje.
Guillermo Cházaro Lagos
Como cada año, Eduardo Sánchez efectuó su visita a Tlacotalpan para asistir al Encuentro Nacional de Jaraneros y Decimistas. La edición XXXVI, si bien recibió a varios de los más prestigiados exponentes del son en todas sus facetas, se vio deslucida por el empeño institucional por convertir los sitios de mayor concentración en exponentes del espectáculo más banal. Queda sin embargo esta crónica de la vitalidad de un encuentro que pese a los manejos equívocos continúa siendo referencia de la tradición veracruzana.
¡Da gusto! Los niños y los jóvenes son los protagonistas del Encuentro realizado en el marco de las Fiestas de La Virgen de La Candelaria, en Tlacotalpan. Procedentes de las varias regiones del Sotavento, dan fe del buen estado de salud que goza el son jarocho.
31 de enero
Llegué por la mañana a La Perla del Papaloapan. Presuroso me trasladé a La Casa de la Cultura Agustín Lara, sede del Foro de Presentaciones Editoriales. Tlacotalpan Mágico, devedé de Rubén González dio inicio a las actividades. Seguido del mediometraje Chacalapa, Tierra mestiza, de Yaredh Marín y el libro Décimas picantes, volumen 2, de Rafael Figueroa y Honorio Robledo. El disco Sones jarochos y cantares tabasqueños del grupo Tson Pantli fue el primero del día: los chilangos de Semilla presentaron Invadiendo la ciudad; Los Camaroneros de Ojo de Agua el disco del mismo nombre. Por la tarde se inauguró la exposición del laudero Héctor Luis Campos De la semilla al fandango. A las seis de la tarde, en el foro Guillermo Chazaro, a un costado de la plaza Mayor, comenzó el Encuentro Infantil de Soneros y Jaraneros; una hora después, en la plaza Doña Martha, haría lo suyo el Encuentro Nacional con la presentación de 18 grupos como Diapasón de Loma Bonita, y Jarana y Fandango de Chacaltianguis; y tres decimeros. Cada participante tuvo diez minutos en el escenario. Las actividades concluyeron poco después de la media noche. Caso interesante es el del foro cultural independiente Luz de Noche, que desde unos años atrás se ha incorporado al encuentro; con exposiciones, conciertos y presentaciones de discos y, desde las veintidós horas, siendo sede del fandango donde por tres días se amanece.  A las ocho de la noche, en el foro Guillermo Cházaro inició el XII Encuentro de Jaraneros, Decimeros e Improvisadores Orales, coordinado por el gran decimista don Diego Cruz y su familia. Una hora después, en el atrio de San Miguelito, comienza otro fandango. Otro asunto curioso es la vieja discusión de que los grupos participantes en el encuentro, deben hacerlo por inscripción, como se hace actualmente; o por invitación. Como respuesta, a las nueve de la noche en la Casa de la Cultura tiene lugar el Foro Especial de Son Jarocho, presentándose los grupos grandes: esta noche fueron los locales Estanzuela y uno de los grupos consentidos: Los Cojolites. Y, por otro lado y a la misma hora, en el teatro Netzahualcóyotl, los xalapeños Sonex presentaron su última grabación Madre Natura. Como puedes ver, caro lector, para reportar todo lo que sucede, desearía uno tener el don de la ubicuidad.
En esas me encontraba, yendo de la plaza doña Martha a la Casa de la Cultura, cuando un deja vu me detuvo  en seco entre la multitud de la feria; el recuerdo del Festival Cervantino (nacido en 1972) que se celebra en Guanajuato me asaltó. La primera vez que asistí fue en 1984, aún era un festival relativamente pequeño en el que las plazas y parques eran el escenario natural para los entremeses que representaba el grupo Los Juglares. La última vez que fui, en el 2000, la cantidad de gente era avasalladora; muchísimos chavos de Guadalajara, Monterrey, Querétaro y otras ciudades llegaban a reventar y ponerse hasta las manitas, lo que no censuro por supuesto, pero sin el menor afán de gozar de las artes. Y surge la pregunta: ¿está pasando lo mismo con las fiestas de La Candelaria?
Las fiestas de La Candelaria anteriores al encuentro eran una celebración comunitaria e intimista. Famosas en la región por su virgen, su feria con toros y gallos, y su fandango. Convocaban a los familiares que por estudios o trabajos vivían en otras regiones del estado o del país, así como a vecinos de los poblados cercanos que año con año la esperaban. A finales de los setenta, la Casa de Cultura y Radio Educación, organizaron los encuentros bajo un formato de concurso que, por las inconformidades con los resultados, luego se cambió al de encuentro. En su libro Tlacotalpan, La Virgen de La Candelaria y los sones (Fondo de Cultura Económica, 1996), Ricardo Pérez Monfort, que asistió al Encuentro nos habla de los protagonistas de ese momento: “…con quienes más obligado me siento es con los jaraneros; desde aquellos célebres como don Arcadio Hidalgo o Andrés Alfonso Vergara hasta lo más desconocidos, mas no por ello menos célebres, como Hilario Varilla, don Neftalí Gutiérrez, pasando por Andrés Vega, Marcos Gómez Cruz, El Taconazo, don Porfirio Martínez, José Aguirre Vera, Andrés Aguirre, Evaristo Silva Reyes, Cirilo Promotor, Los hermanos Jota de Cosamaloapan, Gilberto Gutiérrez, Juan Pascoe, Los hermanos Casarín, y tantos otros cuyos nombres se me olvidan sin querer. A todos ellos se debe que el fandango recorra nuevamente las calles y plazas de Tlacotalpan durante la fiesta de la Candelaria. También es imprescindible reconocer una deuda impagable con los versadores sotaventinos. Principalmente debo mencionar a don Guillermo Cházaro Lagos, José Luis Muñoz, don Odilón Pérez (q.e.p.d.), Constantino Blanco Ruiz, Tío Costilla, a Rodrigo Gutiérrez, Mariano Martínez Franco, Ángel Rodríguez, y a Eladio Ortiz Cruz, quienes mantienen el verso popular jarocho en actividad constante y firme”. Por la crónica de Pérez Monfort, sabemos que los fandangos se realizaban en la plaza principal, junto a las cantinas.
1 de febrero
Las actividades iniciaron con el devedé Don Fallo Figueroa: Nuevos senderos de Roberto Araujo. Culturama, “El Hogar del Son”, presentó su página web, logro de Teresa Osorio y familia. Gilberto Gutiérrez y Juan Pascoe narraron la colaboración literaria entre el Taller Martín Pescador y el Grupo Mono Blanco. El grupo Son Temoyo presentó su disco Esperanzas. En Tlacotalpan nacimos se titula la nueva grabación del grupo Estanzuela. Patricio Hidalgo y su grupo Afrojarocho presentaron Subterráneo. Por la tarde, el encuentro contó con 18 grupos y 4 decimeros. Allí se entregaron, de manos del gobernador, la medalla Guillermo Cházaro Lagos a Raymundo Domínguez Gallardo “Medellín”, Dionisio Vichi recibió la medalla Ándres Vega y Honorio Robledo la Rodrigo Gutiérrez. En el Foro Especial, Mono Blanco y Patricio Hidalgo presentaron sus proyectos.
La primera vez que asistí al encuentro fue en 1995, y todo se llevaba a cabo en la plaza doña Martha. Llamó mi atención el gran número de jaraneros mayores que, con su jarana al hombro, platicaban animadamente con sus pares de otras regiones; era evidente que no se habían visto en largo tiempo, dando sentido al fin del encuentro. De los nuevos grupos llamaron mi atención Son de Madera, fundado por Ramón Gutiérrez; y Chuchumbé, con Ricardo Perry a la cabeza, destacando, además de su peculiar sonido, por su compromiso social y la difusión de esta música. En este encuentro, Son de Madera presentó su arreglo al son La Morena; cuyo inicio es con bailadoras sin acompañamiento, en vez de la clásica declaración del requinto y, encontrándome atrás de un grupo de viejos jaraneros, observé su desaprobación inicial, comentando que así no se empezaba ese son para, al final de la pieza, aplaudir entusiastas, reconociendo la calidad musical de la agrupación. Más tarde, Perry me enseñaría una perla de conocimiento: no confundir el fandango con el escenario. El fandango tradicional se celebraba en la plaza de San Miguelito.
2 de febrero
En el tercer y último día del encuentro, se presentó el libro Décimas trovantes de Alejandro Escudero; el libro-objeto Casita de Imágenes de Juan de Jesús López y Diario para una gitana de Honorio Robledo. En cuanto a presentaciones de discos, Cosechando herencia del maravilloso grupo tuxtleco Los Baxin, seguido por Zapateando, de Los Cojolites de Jáltipan. Finalmente, Son de Madera llevo su Caribe Mar sincopado. En el  cierre del Foro Especial actuaron Los Baxin y Son de Madera (con una trayectoria de más de veinte años). Para esta última agrupación, el concierto fue muy emotivo debido a la reciente pérdida de su contrabajista Aleph Castañeda, muy estimado en la comunidad musical xalapeña; se le rindió en homenaje un sentido minuto de aplausos. En el encuentro, este día final participaron 19 agrupaciones y 5 decimistas.    

A partir de 1995, asistí ocasionalmente al encuentro y, a partir del 2008, lo he cubierto con ojo del periodista para ser, como diría Gay Talese, padre del nuevo periodismo, testigo fiel del evento. He presenciado la creciente popularización del son jarocho y su papel dentro de la fiesta tlacotalpeña, así como la aparición desde hace algunos años de un enorme foro en el malecón donde se presentan los iconos de la música promovida por la televisión comercial; lo que ha contribuido que esta fiesta popular se convierta en un festival de esos que tanto le gustan a las autoridades estatales, con el declarado fin de la llegada de muchedumbres que prostituyen las celebraciones locales, no obstante ser Tlacotalpan un Pueblo Mágico y declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas. En cuanto al son jarocho, es notoria la escasísima asistencia de los viejos jaraneros que ya no sienten suyo el encuentro, prefiriendo esperar al encuentro de Santiago Tuxtla. El de Tlacotalpan, como certeramente afirma Rafael Figueroa, representa el escaparate del son, donde se muestra lo que ocurre con esta música tradicional. El encuentro entre soneros de diferentes generaciones sigue dándose y, pese a encontrarse en esa delgada línea que separa la popularización de la masificación, sigue teniendo gran trascendencia por su profunda raíz como la música tradicional más vigorosa del país. Hay que revalorar y cuidar éste legado cultural de nuestro estado.




Por Eduardo Sánchez Rodríguez

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