La olvidada plaza del rey


Publicado porEditorial Graffiti el 14:38

Litografía de la Plaza del Rey en el libro Historia de Xalapa
Desde las primera rutas comerciales trazadas entre la Villa de la Vera Cruz hasta la capital del virreinato, Xalapa se convirtió en el principal cruce de caminos de todas las mercaderías la Nueva España que dieron lugar a sus célebres ferias. Eduardo Sánchez Rodríguez evoca la legendaria Plaza del Rey, punto de reunión de los comerciantes, donde hasta el día de hoy se ubica el Mercado Jáuregui, inaugurado en 1879.
Desde la primera fundación de la Villa de la Vera Cruz por Hernán Cortés en 1519, el islote de San Juan de Ulúa fue el punto estratégico para la carga y descarga de todo tipo de mercancías –incluidos africanos esclavizados; de acuerdo con el colombiano Erick Werner Cantor: “… se prefirió la utilización del término esclavizado en lugar de esclavo, para significar que la esclavitud no fue una condición natural de los negros, sino que fue el resultado de una relación de poder en la cual estas gentes se vieron sometidas a la esclavitud”. Durante casi tres siglos tales mercancías fueron transportadas por las flotas imperiales entre Veracruz y el puerto de Cádiz, pasando primero por La Habana y otros puertos del Caribe español, como Portobello y Cartagena. Sucedió así gracias a la protección que contra los vientos y los piratas proporcionaban el islote y sus arrecifes para el fondeo de las naves. Quien deseara entrar al puerto necesitaba la ayuda del “práctico” del puerto para arribar con buenaventura al Muro de las Argollas, amarrar la nave y comenzar el tortuoso proceso de llevar los bienes a la playa desde donde se distribuiría a todos los puntos del enorme Virreinato de La Nueva España (que en ese entonces abarcaba desde los actuales estados de California, Arizona, Nuevo Mexico y Texas, en los Estados Unidos de América, hasta la actual república de Panamá, donde termina Centroamérica).
Si bien la Villa Rica de la Vera Cruz anduvo errante, primero en Quiahuixtlán (1519-1525) y después en La Antigua (1625-1600), el manejo de mercancías continuó realizándose en San Juan de Ulúa. Finalmente, en 1599, el rey Felipe II dio la orden de su traslado definitivo al sitio original donde Cortés la fundó ochenta años antes, denominado “Las Ventas de Buitrón”, apellido de un terco mesonero que se mantuvo allí en la última parte del periplo de la villa.
Con los bienes ya en la playa, se organizaban enormes recuas que los llevarían a su destino siendo, por supuesto, la ciudad de México, la magnífica Ciudad de los Palacios, el más importante. Resultó prioritario buscar el mejor camino para el altiplano. Como narra el historiador Abel Juárez: “En realidad, desde el siglo XVI, hubo dos rutas para subir de Veracruz a la ciudad de México. Una era la de Xalapa y la otra pasaba por las villas de Orizaba, Córdoba y Tehuacán hasta Puebla, donde convergían ambos caminos; esta ruta tenía 40 kilómetros menos que la primera, pero su terreno era más difícil”.
En otro capítulo de esa misma historia, en 1313, los xicalangas, olmecas, teochichimecas y totonacas poblaron el área en torno a tres manantiales nombrados Xallapan, Xallitic y Techacapan. La nueva población se situó en la zona de transición entre la Sierra Madre Oriental y la planicie costera del Golfo, y fue conquistada por los aztecas en 1467. El 15 de agosto de 1519 sus pobladores recibieron y dieron hospedaje a Hernán Cortés y su ejército. Consumada la conquista y con los indígenas locales sometidos, Cortés nombró patrona del lugar a Santa María de la Concepción, bautizando con nombres hispánicos a los barrios indígenas: a Xallitic lo llamó El Calvario, a Techacapan San José de la Laguna, a Tecuanapan San Francisco, y al de Tlalmecapan, Santiago. Los españoles advirtieron la necesidad de reunir a los barrios primigenios en torno a un edificio monumental, y eligieron una loma en medio de los caseríos que ocupaban los barrios indígenas de Xallitic, Tecuanapan, Techacapan y Tlalmecapan (los investigadores dicen que este último era sólo un lugar de sembradíos) para construir el primer convento-fortaleza de San Francisco, terminado en 1556.
Quince años después, la edificación logró reunir los dispersos caseríos; y como el acceso más rápido lo poseía el de Xallitic, hizo que los españoles tomaran el nombre del manantial Xallapan (manantial de arena) para nombrar la población. La parroquia de Nuestra Señora de la Natividad (1531-1534) fue el núcleo de las primeras edificaciones coloniales que formarían la “ciudad antigua” o el “casco viejo” de la Xalapa actual. Por su clima y su privilegiada posición en el Camino Real a México, Xalapa no fue encomendada a ningún conquistador y se le reservó para tributar directamente a la Corona. Durante los siglos XVI y XVII, Xalapa se consolidó como un poblado de españoles, mestizos e indígenas. Por estar ubicada entre sierra templada y tierra caliente, la zona recibió una atención especial en la Colonia, debido a las explotaciones agrícolas azucareras que rodeaban al entonces pueblo, sede de la Jurisdicción Real. La provincia de Xalapa tenía como agregada a la de Jalacingo y, en el siglo XVII, abarcó hasta Tlaxcala.
Los nuevos señores fueron construyendo los edificios básicos necesarios para el funcionamiento del nuevo poblado: la sede de gobierno, el parque central a un lado de la Parroquia, y una serie de plazas y parques; destacando entre ellas la Plaza del Rey. Estaba ubicada al borde de la barranca de Xallitic, y recibía el cotidiano jolgorio de los comerciantes provenientes de los poblados vecinos para vender sus mercancías, frutas y verduras principalmente, ya que se contaba con un portal para las carnicerías. El sitio donde se ubicó la plaza formaba parte del antiguo barrio de Xallitic y era, desde antes de la llegada de los españoles, un espacio abierto en el que no había ninguna construcción. Con el arribo colonizador de los peninsulares, en la segunda década del siglo XVI, se dio forma a una verdadera plaza, que fue consagrada al rey de España. Allí se realizaron, en diversas épocas de la Colonia, juras de fidelidad a la realeza, actos muy de los siglos XVII y XVIII, adornando profusamente la plaza, por lo que también se le llamó Plaza de las Juras.
A principios del siglo XVII, la población avecindada en Xalapa estaba optimista y con fe en el crecimiento económico, con base en la agricultura, la ganadería, el comercio y la expansión de la industria azucarera. Los ingenios, trapiches y estancias ganaderas de la región incrementaron su producción gracias a los altos precios del azúcar, el uso de la mano de obra esclavizada y la demanda de novillos y mulas para los arrieros y carreteros. Para 1641, se levanta la Parroquia de la Inmaculada Concepción.
En el siglo XVIII, de las ferias de la Nueva España destacaban las de Acapulco, San Juan de los Lagos, Saltillo y Chihuahua, pero la más importante de su tiempo era la de Xalapa; villa que desde su primera feria, en 1720, adquirió verdaderamente una fisionomía de ciudad, contaba con siete mil habitantes. Y el lugar apropiado para la venta de la mercancía fue, por supuesto, la espaciosa Plaza del Rey.
Yolanda Juárez, en su maravilloso libro Persistencias culturales afrocaribeñas en Veracruz (Editora de Gobierno, 2006, pp. 82 y 83)  narra: “La Real orden de Felipe V en 1718, por medio de la cual se acordaba celebrar las ‘ferias’ en Xalapa, lugar propicio por su cercanía al puerto de Veracruz, por su clima más sano y su buena comunicación, en la ruta hacia el centro del país. Fueron trece las flotas que llegaron a Veracruz entre los años de 1718 a 1778, con una interrupción entre 1736 y 1769 debida a las guerras; de estas, once feriaron su cargazón en Xalapa. La movilización que suscitaba su celebración convertía a Veracruz y Xalapa en el centro del comercio colonial; y, como menciona Abel Juárez, en tiempo de feria, ‘todos los caminos conducían a Xalapa’. Desde Guatemala, Oaxaca, Querétaro, San Luis Potosí, Valladolid (hoy Morelia), Guadalajara, Guanajuato, Pachuca, Acapulco, Puebla y México, se desplazaban los comerciantes y desde los lugares más lejanos se veía llegar a los arrieros, quienes con sus recuas completaban el ciclo del comercio, al desplazar los cargamentos a lomo de mula por todo el reino”.
Gran número de mestizos e indios eran empleados para conducir los millares de mulas que en largas recuas cubrían los caminos. Para 1791, la población de Xalapa estaba compuesta en su mayor parte por indígenas, negros, mulatos y muy pocos españoles. El 18 de diciembre de ese año, Xalapa recibe el título de Villa y su Escudo de Armas, conforme a las Cédulas Reales expedidas en Madrid por Carlos IV de España. En 1808, la Plaza del Rey cambió su nombre por el de Plaza de la Constitución, debido a que allí se juró la Constitución española. Años más tarde, se levantó un monumento proyectado y construido por el artista Aniceto Serrano.
La villa celebra la declaración de independencia el 28 de septiembre de 1821. Por el Decreto Nacional 187, del 12 de diciembre de 1830, es elevada a rango de Ciudad. El 19 de abril de 1847, Xalapa fue tomada por las tropas estadounidenses, siendo desalojada el 12 de julio de 1848. El 7 de agosto de 1862, los franceses toman el poblado y el archiduque Maximiliano la visita en 1865, considerándola “una ciudad tan hermosa como ilustrada”. En 1875, el entonces obispo de Veracruz, don José María Mora y Daza, intentó levantar en aquella plaza la iglesia catedral, porque él juzgaba que el lugar donde ya se erguía ese templo, frente al Palacio de Gobierno, no era adecuado para la iglesia principal de la ciudad.

Por esos tiempos, existió un noble caballero español llamado don Martín Jáuregui que, agradecido con Xalapa por los favores recibidos, legó el dinero suficiente para la edificación de un centro comercial que protegiera de las inclemencias del tiempo a los vendedores que se apostaban en la plaza al aire libre. Don Martín estableció en su testamento la advertencia de que allí solamente se venderían frutas y verduras. La construcción inició en 1877 y fue inaugurada en 1879, lógicamente, se bautizó al local con el apellido de su benefactor. Es con este hecho que puede considerarse concluida la existencia de la centenaria Plaza del Rey; importante lugar que, inexplicablemente, no está presente en el inconsciente colectivo de la población xalapeña contemporánea. No permitamos que esa historia sea olvidada y contémosla una vez, y otra, las que sean necesarias.




Por Eduardo Sánchez Rodríguez

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