Deambulando por Ambulante


Publicado porEditorial Graffiti el 21:40

Pasito tún tún, pasito tún tún (The Talking Heads)
En su edición 2014, el Festival Ambulante en Xalapa, una de sus sedes, rebasó sus metas de asistencia. Y no era para menos: la excelente programación garantizó su poder de convocatoria. En esta crónica, José Manuel Recillas aborda los mejores documentales de esta fiesta cinematográfica.
Con muy buena respuesta del público, especialmente joven, concluyó la gira del festival de documentales Ambulante 2014 en Xalapa. Dividido en varias secciones más o menos temáticas, y teniendo como eje general del ciclo el concepto del tiempo, el festival fue, una vez más, una muestra del eclecticismo y de la diversidad en el quehacer cinematográfico cuya mirada se basa en la realidad y no en la ficción. Habrá que señalar, de entrada, que del catálogo general de documentales a exhibirse, algunos no se vieron en Xalapa, la mayoría apenas tuvo una exhibición, de modo que en muchas ocasiones al elegir uno para ver, se eliminaban en automático dos o más opciones de otros, y con una sola excepción, y a petición del público asistente, se hizo una exhibición adicional de un documental en un horario matutino.
“Reflector” fue tal vez la sección más atractiva visualmente y ofreció algunos de los más interesantes ejemplares cinematográficos del ciclo. De este apartado pude ver cuatro, cada uno de ellos tan distinto del otro como pueda imaginarse. We steal secrets. The story of WikiLeaks (2013) fue tal vez el documental que tuvo más cobertura mediática previa, y más que centrarse en ese aspecto, el documental ofrece un retrato del individuo, Julian Assange, detrás del proyecto, más allá de las ficciones cinematográficas que circulan en las salas de cine comercial. The act of killing (2012) es un contundente documento de carácter casi onírico-visual en torno a los escuadrones de la muerte que en los setenta asesinaban a opositores al régimen político de Indonesia. Blackfish (2013) explora la relación del hombre con las orcas en parques acuáticos alrededor del mundo, rompiendo la idílica y burguesa imagen clasemediera detrás de los espectáculos de orcas y delfines. El más perturbador de los cuatro que vi fue, sin duda, Profilers. Gaze into the abyss (2013), que retrata a un grupo de perfiladores criminales en Estados Unidos, Alemania, Dinamarca y Sudáfrica, desmitificando la idealizada imagen que la televisión, y a veces el cine también, ha hecho de esta clase de investigadores criminales, los más cercanos a la imagen reflexiva e investigadora de Sherlock Holmes.
“Pulsos” es la sección dedicada a documentalistas mexicanos. De aquí sólo pude ver dos, Bering. Equilibrio y resistencia (2013), un espléndido ejemplo de una población en el estrecho de Bering, del lado estadounidense, y que por lo tanto hablan inglés, y la denodada lucha que sostienen por mantener vivas sus tradiciones en medio no sólo del aislamiento, sino de la indiferencia, y cómo el paulatino avance de lo social parece ya haber trazado la condena sobre esta pequeña, diminuta población. El cuarto desnudo (2013) fue, sin duda alguna, el segundo mejor documental de todos los que pude ver, y una pesadilla indecible. Registrado en un pequeño cuarto de entrevistas para niños y adolescentes en el Hospital Psiquiátrico de Tlalpan, en la Ciudad de México, el documental nos muestra a niños (el más pequeño debe tener unos ocho años de edad) y adolescentes de zonas marginadas que son llevados por sus familias para tratar de que reciban ayuda psicológica. Niños víctimas de abuso sexual, con problemas de personalidad, que escuchan voces y los incitan a la violencia o al suicidio, cada escena del documental parece salido de una pesadilla que desgarra el tejido social y familiar con brutalidad inimaginable.
“Sonidero” suele ser una de las secciones más atractivas, pues aborda aspectos del mundo de la música, y aunque no pude ver ninguno de los presentados, especial atención merecen el clásico Talking Heads. Stop making sense (1984), de la famosa banda inglesa de culto lidereada por David Byrne, así como The punk singer (2013), que retrata a la carismática y crítica cantante underground Kathleen Hanna.
De “Enfoque: el tiempo del cuerpo”, pude ver cuatro de los cinco programados; de esta sección el más impactante fue The crash reel (2013), contundente relato sobre un deporte extremo, el patinaje sobre nieve, y los riesgos a que el cuerpo humano es sometido cuando los patrocinadores y los medio de comunicación distraen del asunto de la seguridad de los participantes; First cousin once removed (2012) es un perturbador recordatorio de la fragilidad de la memoria humana al retratar los últimos días del una vez célebre y premiado poeta Edwig Honig y su lucha diaria contra el alzheimer; Moon rider (2012) se centra en el solitario deporte del ciclismo olímpico y la lucha casi a muerte que lleva a los participantes a ir hasta el límite de sus fuerzas físicas y psíquica; E agora? Lembra-me (2013) nos muestra la dura supervivencia del sonidista Joaquim Pinto, quien lleva más de veinte años con hepatitis C y VIH, y que contra todo pronóstico ha sobrevivido a la enfermedad.
De la sección “Observatorio”, tres son las que pude ver. La plaga (2013) retrata a un grupo de trabajadores en Cataluña y su lucha por sobrevivir al estío, una plaga de mosca blanca en los cultivos y la decrepitud humana en un asilo de ancianos. La máquina que desaparece todo (2012) es un retrato que contrasta los sueños y la realidad de un grupo de jóvenes en la Georgia rusa a quienes se les convoca para que hablen frente a la cámara de su vida y de sus aspiraciones. Metamorphosen (2013) fue, indudablemente, el mejor documental de todos los exhibidos. No sólo por el tema en sí, el retrato de un grupo de sobrevivientes del peor derrame radioactivo de la historia en la antigua URSS en la planta nuclear de Mayak en 1957 y que tanto la URSS como los sucesivos gobiernos rusos han mantenido en el más absoluto de los secretos, sino por sus valores técnico-estéticos. Indudablemente, por su factura excepcional, por el manejo de cámara, la edición, el uso del blanco y negro (no sólo para mostrar la frialdad del paisaje y la sensación de muerte, sino también para indicar, narrativamente, la idea de un mal ocurrido hace tanto, que es como si el tiempo se hubiera detenido), por su sobriedad, por el uso absolutamente fascinante de planos y secuencias minimalistas (planos-secuencia recorriendo el paisaje de un bosque muerto, tomas de 360 o 180 grados para mostrar el infierno circular de una comunidad condenada a vivir en el abismo de una pesadilla interminable), por el uso asombroso y altamente efectivo de close-ups de los personajes como huellas del paisaje pero también para recordarnos su humanidad (contrastante con la ausencia de rostro del único funcionario público que habla, un ingeniero de la planta nuclear), por la manera de humanizar lo inhumano, por su estética absolutamente deudora de Tarkovsky en Stalker, por su discurso demoledor contra la mentira y el abuso del poder que juega con las vidas humanas como si fueran muñecos de cartón, Metamorphosen es una obra maestra cinematográfica, concisa y sin concesiones, que en mi opinión fue lo mejor que se exhibió en este Ambulante 2014. 



Por José Manuel Recillas




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