La Feria Nacional del libro Infantil y Juvenil de Xalapa: un recuento


Publicado porEditorial Graffiti el 19:44

Feria del Libro [Fotografía: Jorge Castillo

Inaugurada el pasado 26  de julio, la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil celebra su cumpleaños número 24. En este artículo, Lourdes Hernández Quiñones, quien la vio nacer, relata la historia de esta feria y escribe que el modelo de planeación cultural empírica que se empleó cuando surgió la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil “resultó exitoso, pero ya no es posible continuar con dicho esquema.  Se requiere hacer una revisión y autocrítica de las formas de organizar la acción cultural, en particular la referente a la promoción de la lectura”.


En el año de 1990, la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en coordinación con diversas instancias educativas y culturales de los estados, dieron inicio al programa de fomento a la lectura Las Cuatro Estaciones del Libro. El nombre de dicho proyecto no era gratuito. Se trataba de desarrollar actividades con cierta regularidad, para promover la lectura al iniciar, cuando menos, cada una de las estaciones del año: primavera, verano, otoño e invierno; la iniciativa contemplaba, fundamentalmente, la realización de ferias del libro en cada una de las entidades de nuestro país. El programa de fomento a la lectura estableció una serie de lemas para dar continuidad a las acciones: “Recibe la primavera con un libro”, “Este verano, vacaciona con un libro”, “En otoño los libros no se deshojan” y “En invierno los libros piden posada”.
El propósito que se perseguía con diversas actividades, entre las que estaban las ferias del libro, era sumarse a la propuesta de la Asamblea General de las Naciones Unidas para desarrollar un plan que erradicara el analfabetismo en el mundo antes del año 2000. A trece años de que finalizó el milenio, lamentablemente no se logró el propósito planteado por la ONU: En Veracruz tenemos, todavía, 11.4% de analfabetas del total de su población, es decir, 871 mil 324 de personas que no saben leer ni escribir[1]; en México existen casi 7 millones[2]; y en el mundo, 793 millones[3].
A partir de ese año nacieron varias ferias del libro infantiles y juveniles. De las  que surgieron hace 24 años, sólo subsisten la de León, Guanajuato, que por cierto ya no lleva el adjetivo de Infantil y Juvenil,  y la de Xalapa, Veracruz; aunque hay que decir que a lo largo de este casi cuarto de siglo, han nacido otras ferias y festivales en torno al libro y la lectura y, lo más importante, numerosas iniciativas para promover la lectura desde instituciones públicas y privadas y desde la sociedad civil.
Eran momentos para crear, para inventar, para construir cimientos sólidos y sentar precedentes. La oferta cultural que existía en la ciudad de Xalapa en ese momento se limitaba a la de la Universidad Veracruzana; la naciente Secretaría de Educación y Cultura desarrollaba apenas algunas acciones. Sin embargo, existían pocas actividades y el movimiento artístico independiente era todavía incipiente en la escena cultural. La población de la ciudad de Xalapa en el año 1990 era de 288 mil 454 habitantes[4]. En ese contexto y bajo el amparo institucional del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno del Estado de Veracruz se inaugura la Primera Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil con el inicio del verano en el Colegio Preparatorio de Xalapa, un histórico y hermoso edificio del siglo XIX.
Otros rostros, otros quehaceres
Durante 23 años la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil ha pasado por cinco gobernadores, seis secretarios de Educación y nueve directores del Instituto Veracruzano de la Cultura. La feria ha vivido lo bueno y lo malo que significa estar bajo la tutela de las instituciones públicas.
Al paso de los años, sin embargo, hay varios logros trascendentes, pero el mejor de ellos son los “niños y las niñas feria” (como se llaman orgullosamente aquellos jóvenes que crecieron con la feria del libro), quienes  hoy son papás que llevan a sus hijos a la feria; y los padres de entonces, hoy abuelos, que se pasean por el recinto acompañados por sus nietos. De esta manera, la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil es un actividad transgeneracional que ha sabido sortear numerosas problemáticas y que se asoma a la posibilidad de celebrar sus 25 años en 2014. Gracias a la movilización de la población y de los libreros locales, se logró evitar que en 2005 la Feria del Libro Infantil y Juvenil se fusionara con la Feria Internacional del Libro Universitario. Por razones desconocidas, el entonces secretario de Educación y Cultura consideró que la Feria del Libro Infantil y Juvenil debía desaparecer. Afortunadamente pudo evitarse, y ahora Xalapa es una ciudad privilegiada, pues cuenta con dos ferias del libro en el año, con dos perspectivas diferentes.
Es notable cómo la feria es querida y reconocida por muchos como propia, pues en sus instalaciones se han construido múltiples historias personales y familiares, de la propia ciudad y del estado: noviazgos, matrimonios, amigos, relaciones comerciales y profesionales han nacido en los recintos que la han albergado.
Los rostros culturales de Xalapa: consumo y oferta cultural ante el nuevo milenio
En los estudios sobre el consumo cultural, se hace referencia a la importancia de que los públicos se apropien de los bienes culturales, los incorporen a su vida cotidiana y no sólo los usen y desechen, tal y como ocurre con los productos comerciales. En este sentido, la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil ha cumplido con lo anterior. Sin embargo, es un proyecto vivo y, por ello, resulta afectada por los contextos locales, nacionales y globales. Las circunstancias que rodearon su nacimiento, en 1990, ya no son las mismas 23 años después. Actualmente, y de acuerdo con las últimas cifras del INEGI, la población de Xalapa es de  457 mil 928 habitantes, es decir, casi 170 mil habitantes más que cuando inició el proyecto Las Cuatro Estaciones del Libro.
Los que vivimos en esta ciudad hemos visto con preocupación cómo a partir del año 2000 se inició un proceso de crecimiento desordenado que ha modificado los hábitos de sus pobladores: nuevas plazas comerciales han suplido a los lugares de reunión habituales, como parques y cafés; el centro de la ciudad es cada vez más caótico por la cantidad de vehículos, y las personas prefieren encontrarse en sitios donde haya espacio para estacionar sus coches. Así, parte del consumo cultural se ha reubicado en estos nuevos lugares de encuentro. Por otro lado, las condiciones de inseguridad que privan en muchas de las ciudades del país, se han extendido también a Xalapa y, por ello,  los pobladores han modificado sus hábitos recreativos, alejándose de los espacios públicos para recluirse en zonas privadas donde se sienten más tranquilos.
Xalapa era una ciudad tan segura hace veinte años que hubo un tiempo en que a la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa se le llamó la guardería más grande de la ciudad, pues los padres de familia dejaban a sus hijos en la mañana en la puerta del Colegio Preparatorio, sede de la feria, aun cuando no habían abierto las instalaciones, los recogían a la hora de la comida o los llevaban con su lunch, y por la tarde se encontraban con ellos en el recinto ferial para disfrutar juntos algunas de las actividades.
En la última década se han modificado las prácticas y hábitos culturales, así como las formas en que nos apropiamos de los bienes y servicios culturales, esto como resultado de los cambios en las formas de concebir el tiempo y el espacio, resultado del desarrollo acelerado de las tecnologías de la información. En este proceso la sorpresa y la capacidad de asombro han disminuido y, con ello, cada día es más difícil seducir a la población para que acuda a nuestras actividades culturales. ¿Cómo lograr que un niño se sienta atrapado, fascinado por algo, si cotidianamente encuentra esa posibilidad a través del uso de las nuevas tecnologías de la información, si con sólo tener en la mano un celular o una tableta, puede trasladarse a otros países, a otros planetas?
En el año 1995, Fidel, un niño de ocho años, me entregó una carta que como despedida decía: “Quiero que la feria del libro dure todo el año”. Me atrevo a afirmar que por muchos años la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil logró hacer realidad los sueños de muchos niños, jóvenes y adultos. Apenas en el año 2012, cuando visitaba la feria como público y ya no como coordinadora, se me acercó una mujer que había sido “niña feria” para reclamarme que ahora con sus dos hijos ya no encontraba la oferta cultural que había disfrutado hace quince años.
Si bien el modelo de planeación cultural empírica que se empleó cuando surgió la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil resultó exitoso, ya no es posible continuar con dicho esquema.  Se requiere una revisión y autocrítica de las formas de organizar la acción cultural, en particular la referente a la promoción de la lectura, así como las carencias que se tienen en la gestión cultural en Veracruz para la formación de públicos nuevos. Hay que devolver la mirada hacia el espacio público y aprovechar la información cultural que nos permita tomar mejores decisiones para fortalecer nuestro trabajo de gestión. Por ejemplo, la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales que publicara el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en el año 2010[5], arroja información muy valiosa para la planeación de actividades culturales a partir de nuestros públicos. Por lo que respecta a la información relativa a la lectura en Veracruz, dicha encuesta obtuvo datos preocupantes: en cuanto a los libros de esparcimiento leídos, no llega ni siquiera a un libro; 16% compró en el último año al menos un libro; 22.8% ha leído por lo menos un libro en el año; 51.90 compra sus libros en librerías; 15.74% en tiendas de autoservicio; 8.89% en puestos ambulantes; 8.81, en ferias del libro; 3.54, en puestos de periódicos; 2.99 en tiendas de libros usados o viejos. Cuando se pide a los encuestados que digan dos palabras con las que relacionen la cultura, los resultados son también interesantes: En primer término es la música, y en octavo lugar, los libros.
A partir de este primer diagnóstico del consumo cultural, se podría pensar que urgen más ferias del libro y acciones para promover la lectura. Sin embargo, ¿hasta qué punto estos festivales en torno a la palabra, realmente fomentan el gusto por la lectura y los libros o repiten el esquema comercial de cualquier otro espacio donde se lleva a cabo el proceso de compra y venta?
El escritor Felipe Garrido comentó en alguna ocasión a quien esto escribe que el problema con las ferias del libro era  la cantidad de eventos que buscaban animar la lectura, pues estos operaban en contra de la misma, ya que finalmente se olvidaba lo más importante: que la gente lea por el gusto de leer y no por los adornos en torno a la lectura. En el momento que Garrido me comentó lo anterior, no estuve de acuerdo con él; sin embargo, hoy lo entiendo mejor. Necesitamos acercar los libros y la lectura a niños, jóvenes y adultos por la lectura misma, por las infinitas posibilidades que ésta ofrece.
Epílogo
¿Cuál es el futuro de la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil a casi 24 años de que iniciara en Xalapa? Es un proyecto con presente que debe renovarse sin olvidar lo que ya ha transitado. Los mejores asesores para definir cómo y por qué camino dirigirse son los jóvenes que hace más de veinte años fueron “niños y niñas feria” y que hoy son ya profesionistas. Los organizadores deben partir del hecho de que los niños y los jóvenes de hoy se comunican de otra forma; su lenguaje y la manera de insertarse en el mundo tiene que ver con las nuevas tecnologías de la información. Los procesos de comunicación y cultura sufren cotidianamente la influencia de la globalización y la repercusión de la inmediatez tecnológica; los ritmos y la atención de los jóvenes están centrados en ello. Habrá que encontrar las herramientas adecuadas para seguir compartiendo la palabra en el marco de nuevos contextos. Ahora Xalapa rebasa el medio millón de habitantes. Hace 23 años se pretendía que al finalizar el siglo veinte, con el apoyo de actividades que fomentaran la lectura, se acabaría con el analfabetismo. Ahora la propuesta se enfoca hacia el  uso libre de la internet y a que no existan analfabetas digitales. Otro es el mundo que vivimos. Otra es la historia de la gestión cultural.


Por Lourdes Hernández Quiñones

Acerca de Performance

Divulgación cultural. Información y crítica de los acontecimientos y actividades artísticas y culturales de actualidad en Xalapa. Incluye reportajes, ensayos, críticas, entrevistas, reseñas y artículos de opinión sobre la actualidad de Xalapa, Veracruz y el país.