Remedios al colesterol urbano II y último


Publicado porEzra Crangle el 21:49


Cerrar el Centro Histórico al transporte vehicular público, la creación de una ruta al tranvía amigable con el entorno y el acondicionamiento de lotes baldíos para estacionamientos son sólo algunas propuestas de Hipólito Rodríguez para contrarrestar el agudo caos de las principales arterias de nuestra ciudad. En esta segunda parte de su artículo, el autor insiste en un punto medular: la voluntad  sin cortapisas de quienes nos gobiernan.
Todos lo vivimos: Xalapa se ha convertido en una ciudad poco eficiente. La gente gasta cada vez más tiempo en desplazarse de su casa a sus espacios de trabajo, de diversión, de compras, de servicios (escuelas, centros de salud, trámites gubernamentales, bancos, etcétera). Los embotellamientos no ocurren ya solamente en las horas pico, sino que se presentan a cualquier hora y por cualquier motivo: basta con que a alguien se le ocurra cerrar un carril en una avenida cualquiera para que eso afecte la circulación de cientos de autos. Las horas que la gente pierde diariamente en transportarse son horas que podría dedicar a descansar, a trabajar, a estar con su familia, a participar en actividades creativas o recreativas. La ciudad se ha vuelto un espacio que impide el desarrollo de nuestras actividades más importantes. La ciudad ha dejado de ser agradable, ha perdido su encanto, y la torpeza que la aqueja crece día con día. La contaminación que acompaña a los embotellamientos no sólo deteriora la calidad del aire que respiramos, sino que es fruto de un desperdicio de la energía en la que gastamos cada día más.
¿Qué hacer? ¿Cómo podríamos impedir que el colesterol urbano, esa enfermedad que afecta a todas las ciudades del mundo, fruto de la proliferación de los coches particulares, termine por producir un infarto en el corazón de nuestra ciudad? Para los expertos en  transporte urbano, para los urbanistas e ingenieros de la vialidad, el problema podría resolverse ampliando los espacios de circulación con que cuenta la ciudad. Al multiplicar los canales de movilidad, se ofrecerían más calles y avenidas a los automovilistas, y estos no sufrirían por lo estrecho de las arterias por las que circulan. Esa opción ha sido adoptada por muchas ciudades. Haussmann en el siglo XIX transformó a París, destruyendo el viejo diseño urbano, para abrir grandes bulevares. Hank González, regente del D.F.,  hizo en los años ochenta algo parecido al instaurar los llamados ejes viales. En Xalapa, también se propusieron hace un par de años experimentar con los ejes viales, convirtiendo a las vías de doble circulación en avenidas de un solo sentido. Sin embargo, el fracaso no tardó en llegar: estaban convirtiendo a la ciudad en un laberinto. El autoritarismo tiene límites. Se necesita ingenieros en urbanismo, no aprendices de brujo.
Otra solución sería reducir el número de vehículos. Si lo que nos agobia es el exceso de coches particulares, habría que buscar maneras de disminuir el número de ellos. Sin embargo, en Xalapa, se camina en sentido contrario: en los últimos años ha crecido de modo extraordinario el parque vehicular. Una causa de ello se encuentra en la pésima calidad del transporte colectivo.  El gobierno es responsable de esta situación. No regula adecuadamente el sistema de transporte colectivo y, a fin de obtener más recursos, permitió que proliferaran taxis particulares. Para nadie es un secreto que el principal lubricante para que se autoricen nuevos permisos de taxis es la corrupción. Los funcionarios obtienen fortunas al autorizar la venta de nuevas placas. Al concluir el gobierno de Fidel Herrera, cada placa costaba entre 50 y 150 mil pesos, según narran los propios taxistas, un gremio sumamente comunicativo. En un año Xalapa vio entrar en circulación más de 3 500 taxis, y los interesados desembolsaron más de 300 millones de pesos, enriqueciendo de manera ilícita a los responsables de las oficinas de Tránsito (y sus cómplices en las altas esferas de la fidelidad). Esa fue nuestra humilde aportación al cambio climático.
Pero si se trata de reducir en serio el número de vehículos particulares que circulan hay dos opciones. Una es aplicar el programa “Hoy no circula” y la otra es mejorar el sistema de transporte colectivo. La primera ha sido muy cuestionada en la propia ciudad de México: más que reducir el parque vehicular, contribuye a que la gente compre un coche extra para poder eludir la prohibición de circular un día. Inmovilizar el 20% de los coches cada día hábil sólo trae un beneficio temporal. La segunda opción es la que resulta más plausible. Hasta ahora el transporte colectivo es víctima de las tres íes: es incomodo, ineficiente e impuntual. Los estratos populares, imposibilitados de adquirir un coche, sufren por su mala calidad. En lugar de que el gobierno planee junto con los empresarios y los usuarios el diseño de las rutas, ha dejado que los empresarios organicen las rutas a su antojo. El desorden que prevalece es ostensible.
Una verdadera política pública para ordenar el sistema de transporte y vialidad en Xalapa es ya indispensable. Reducir el colesterol urbano exige adoptar medidas radicales que la mayor parte de la ciudadanía aplaudiría: nos beneficiaríamos todos al contar con una ciudad más eficiente y ordenada. En primer término, si queremos ampliar las actuales vías de circulación realmente existentes (y no incurrir en las faraónicas, costosas y corruptas obras del sexenio anterior), bastaría con crear un programa de construcción de estacionamientos públicos. Buena parte de las arterias con que cuenta la ciudad están actualmente bloqueadas por el colesterol urbano: miles de coches se estacionan en lugares prohibidos. Para ofrecerles una alternativa, es urgente habilitar estacionamientos a precios accesibles para liberar espacios a la circulación. Los letreros que indican NO ESTACIONARSE, sólo sirven para que la corrupción prospere y los automovilistas traten de estacionarse ¡en las mismísimas banquetas!
Un programa de construcción de estacionamientos públicos además de generar empleos y permitir el uso productivo de múltiples lotes baldíos, embellecería la ciudad. Pensemos en lo hermoso que sería convertir el pasaje que da acceso a la Casa del Lago en una calle peatonal. No tendríamos esa masa de autos ocupando uno de los lugares más bellos de Xalapa, y permitiríamos que prosperaran negocios atractivos para el turismo y las familias xalapeñas: restaurantes, cafeterías, tiendas de artesanías, etcétera. Imaginemos lo atractivo que se volvería el Centro Histórico si transformáramos sus principales calles en áreas peatonales: el comercio florecería y los espacios culturales serían visitados por más personas. Por supuesto, ese programa debe ir acompañado de otra política pública: configurar un sistema de transporte colectivo eficiente, cómodo y confiable. La gente podría visitar el centro sin tener que acudir al automóvil. Sólo los comerciantes y residentes del área central tendrían derecho a ingresar en auto a ella. Los demás, podríamos utilizar un buen transporte colectivo: por ejemplo, un tranvía: limpio, no contaminante, amigable con el entorno. La gente podría dejar sus automóviles en estacionamientos públicos ubicados en la periferia del centro, y disfrutaría de una mejor circulación en una zona que ahora es víctima de embotellamientos que sólo hacen perder tiempo. Muchas ciudades del país y del mundo han convertido a sus centros históricos en zonas peatonales, y el comercio y el turismo han ganado con ello. El medio ambiente ha mejorado y la salud de la población también ha recibido beneficios de ello.
Es preciso añadir que todo ello debe acompañarse de otra política pública: educar a los choferes de autos particulares y de taxis, instruyéndolos con algunas reglas de civismo muy elementales, como no detenerse en cualquier sitio a recoger a sus usuarios. Entorpecer el tráfico es un asunto que afecta a un colectivo. Los padres de familia deberían acordar con las autoridades escolares alternativas para ofrecer espacios donde desembarcar y recoger a los niños en las horas de entrada y salida. La ciudad es un espacio público y a todos toca cuidar que funcione de manera eficiente. El gobierno debería dar el ejemplo, si es que el colesterol no ha dañado en verdad su capacidad de planeación y entorpecido su visión de la problemática que tanto lastima la imagen de Xalapa.




Por Hipólito Rodríguez

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