Los performers llegaron ya


Publicado porEditorial Graffiti el 13:54




Los participantes del taller Cuerpo poético-Cuerpo político tomaron algunas de las calles céntricas de la ciudad para mostrar lo que el performance, a través del siluetazo,  es capaz de incidir en la sociedad que lo contempla. Makame Lara, una entusiasta practicante y teórica de este arte callejero, resume así esa jornada: “Las acciones realizadas tenían como fin eso, insertarse en el espacio de lo periférico, fuera del circuito convencional, para interactuar con el lenguaje de la ciudad”.
El sábado 8 de septiembre se efectuaron en Xalapa diversas acciones performáticas como producto del taller Cuerpo poético-Cuerpo político, realizado por Pablo Rocu (Chile/España) en el marco de Intermedia Lab,[1] festival elaborado anualmente desde el 2010 en esta ciudad, organizado por Fausto Méndez Luna y Karla Paola Rebolledo García (Los Lacilos Cósmicos). El festival duró del 14 al 16 de septiembre; talleres, conversatorios e intervenciones en el espacio público han sido parte de la programación, efectuados por artistas/performers como Faustro Gracia (Querétaro), Katnira Bello (México), Pablo Rocu (Chile/España), Narvis Margarita Bracamonte (Venezuela), entre otros.
Artistas visuales, teatristas, maestros, antropólogos, etc., intervenimos las calles del centro, recuperando la práctica del siluetazo como dispositivo poético de empoderamiento colectivo, cuyo recurso visual se expande en el cuerpo político de la urbe, debido a la redefinición que se hace tanto de la práctica artística como de la práctica política (esta última entendida en cómo nos accionamos día a día con la polis: ciudad).[2] La creación de siluetas es un recurso últimamente muy utilizado en los espacios de conflicto hasta llegar al hartazgo, generando muchas veces un discurso mediático, motivo que ha desviado el significado de la acción poética como práctica política con una potente visualidad en el espacio público. Originalmente la reproducción de esta práctica ha generado trazos orgánicos en medio de espacios hostiles y represivos, simbolizando la ausencia o los estados de violencia físicos y simbólicos a los que hemos y estamos sometidos como ciudadanos y seres humanos.
El inicio de esta práctica podría situarse en los primeros años de la década de los ochenta en Buenos Aires, durante la III Marcha de la Resistencia convocada por las Madres de Plaza de Mayo el 21 de septiembre de 1983, en tiempos de la dictadura. El procedimiento fue iniciativa de tres artistas visuales: Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores y Guillermos Kexel, y su concreción recibió aporte de las Madres, las Abuelas de Plaza de Mayo, otros organismos de derechos humanos, militantes políticos y activistas. El motivo fue las reivindicaciones de los derechos humanos.
En el contexto que nos ocupa, decidimos recuperar la actividad lúdica, colectiva y política del siluetazo, realizando figuras de siluetas de nosotros mismos y del transeúnte que sintiera la necesidad de participar en el acto colectivo. Comenzamos en la calle Enríquez, enfrente del Callejón del Diamante, con el fin de ocasionar un tránsito hasta la Plaza Lerdo. El contorno de las siluetas se formó con arena y tierra, elemento natural que simboliza los ritos de paso o iniciación hacia un estado de presencia/ausencia, a la par de los diferentes significantes que otorga: fertilidad, vida, muerte, etc., al vincularlo con el contexto de la urbe utilizando como soporte la placa de cemento se recontextualiza y se transforma el espacio común en un dispositivo de empoderamiento político/artístico. Pero el uso de la arena no sólo atendió a la silueta humana, también trazamos objetos, o elementos visuales que se caracterizan por relacionarse con pensamientos, ideas, recuerdos, sueños o pesadillas. Imágenes que conforman el gran retablo callejero a manera de íconos populares, y que codifican al espacio cotidiano. Elementos tanto materiales como inmateriales que toman significado a partir de la relación que tenemos con ellos: los instrumentos de los soneros, las bancas, los zapatos, las herramientas de los obreros trabajando, los bastones de los viejos, el banco, la plaza. La escritura gráfica estuvo acompañada por frases y palabras efectuadas con gis (tanto de los artistas como del transeúnte ocasional), para alimentar el objetivo de la acción: deshabituar discursivamente los distintitos cuerpos de nuestra cotidianeidad (objetos, nuestro cuerpo, institución) e incidir en la realidad de la calle como resultado de una problemática sociopolítica.
Dichos cuerpos muchas veces son el resultado de una enunciación histórica y geopolítica, reproductores conscientes o inconscientes de los mecanismos de violencia la cual puede ser directa o simbólica, y que muchas veces satisface una identidad quimérica/falsa, injertada en nuestro pensamiento/cuerpo por los métodos del Estado hasta el punto de enajenarnos. Al “darnos cuenta” y evidenciar la “realidad” desde los mecanismos del arte, como dispositivo de transformación que pone en crisis las convenciones histórico-sociales, se pueden crear alternativas para tomar la dirección de nuestra vida y dejar de fetichizarla o creer en el destino como algo impuesto, lógica que se ha arraigado en nuestro archivo social, y que trae como secuela la deriva de nuestro actos. Nosotros forjamos lo que queremos, desde nuestro accionar en la urbe y nuestros espacios íntimos, pero qué tan conscientes estamos de ello. Las acciones realizadas tenían como fin eso, insertarse en el espacio de lo periférico, fuera del circuito convencional (galerías de artes, institución, etc.), para interactuar con el lenguaje de la ciudad desde la coyuntura artística, y quizá perturbar o causar algo, en  la mirada, escucha, andar y pensamiento del viajero cotidiano de la polis, para que la ausencia se transforme en conciencia personal y colectiva.


[1] Para más información: Facebook: intermedia.lab
[2] Las primeras manifestaciones performáticas se dieron en la primera mitad del siglo XX dentro de los movimientos de vanguardia (futurismo, dadaísmo, etc). A partir de la posmodernidad y con la interdisciplinariedad es cuando empiezan a darse entre las artes (de la mano del arte conceptual) artistas como Allan Kaprow, John Cage o Tadeusz Kantor quienes comienzan a experimentar con la música y las artes plásticas dando inicio al arte del performance. En Latinoamérica, con un contexto político y social complicado, los artistas empiezan a utilizar la performance o arte acción como trinchera para denunciar las injusticias sociales y los crímenes políticos cometidos durante las dictaduras militares. En México, la performance da inicio de la mano de Alejandro Jodorowsky y Juan José Gurrola con los efímeros pánicos para después ser utilizado por grupos minoritarios en búsqueda de empoderarse, lograr la igualdad social y el respeto a los derechos humanos.

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