La plástica, fuente de imágenes


Publicado porEditorial Graffiti el 18:14


Las relaciones entre lenguaje, literatura y realidad han sido siempre pluridireccionales y complejas. En el caso del género literario ensayístico que reflexiona sobre otras obras de arte, dicha relación se vuelve aún más problemática: hay un objeto histórico –cuadro, poema, pieza sinfónica– que sirve como referente al texto creativo y, sin embargo, no se le describe a éste de una forma meramente documental, podríamos decir, ni se le estudia empleando categorías precisas y bien organizadas a la manera de la crítica académica, sino que se habla libremente sobre él, sobre la experiencia interna que se ha tenido contemplándolo, lo que hace que, en lugar de un vínculo directo lenguaje-realidad, lo que tengamos más bien –como ocurre en toda la buena literatura– sea un referente imaginativo sustentado por una construcción textual. Cabe decir, por otra parte, que aun en los textos meramente descriptivos, como podrían ser las notas periodísticas o los reportes de ciencias, el nexo con el objeto histórico referido es siempre parcial, nunca completo; en el caso de la literatura, esta relación se vuelve todavía más frágil, cuando no decididamente elusiva.
El libro de Verónica Volkow se constituye precisamente como un conjunto de ensayos literarios que, más que hacer una crítica de la plástica mexicana de finales del siglo XX, toma como punto de partida la obra gráfica y pictórica de ciertos autores para, desde allí, suscitar nuevos placeres estéticos: pintura, instalación y cerámica no como destino, sino como fuente de imágenes. Por ello, hacer una lectura de este libro tratando de buscar las coincidencias entre lo dicho y lo referido-externo significaría, a nuestro parecer, una reducción de sus posibilidades poéticas. Podemos conocer o no la obra del autor del que se nos está hablando: lo mismo da; si la conocemos, su referencia funcionará como telón de fondo que iluminará ciertas zonas del texto; si no, éste se bastará a sí mismo para estimular los procesos figurativos de nuestra imaginación; he allí su carácter específicamente artístico.
Se trata, entonces, por su intención estética general, de un libro de ensayos literarios, pero, a la vez, de una obra filosófica, en tanto se articula mediante reflexiones libremente conectadas entre sí a propósito del color en la pintura, de la condición fugaz y a un tiempo permanente de la fotografía, de los mitos y de la historia. Su virtud más decisiva es que, valiéndose de esta estructura flexible, cada texto logra producirnos una imagen estética: el cuerpo desnudo como una flor es, por ejemplo, la impresión que se suscita en el ensayo sobre Flor Garduño, o el collage como una apertura, como un muro que divide las aguas en medio del mar, es la figura predominante en el breve texto sobre Marie José Paz, por referirnos sólo a dos de nuestros escritos predilectos en esta obra.
Sus puntos más débiles, por otra parte, consisten en que, al no presentar una sistematización más o menos definida, hacia el final del libro comienzan a producirse repeticiones y juicios demasiado generales cuyo objeto referido puede ser fácilmente intercambiable por otro, lo que le da a ciertos momentos del texto un aire de vaguedad. Tampoco entendemos la división de la obra en tres segmentos, ya que no hay una diferencia tan clara entre ellas y, por tanto, bien podrían haberse dispuesto los ensayos en un solo bloque. Pero esto no representa más que una peccata minuta; en general, el texto resulta satisfactorio e interesante y, sobre todo, estéticamente placentero. 
Verónica Volkow,  Miradas a la plástica mexicana de finales del siglo XX, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2011, 192 pp.

Por Héctor Miguel Sánchez

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