La versión oficial


Publicado porEditorial Graffiti el 17:17


El martes 23 de junio, el ciudadano Juan García caminaba tranquila y despreocupadamente por las calles del centro de Xalapa, cuando al pasar por un puesto de periódicos y revistas notó algo que, la verdad, no resultaba extraño, pero de cualquier forma notó.
Un número impresionante de diarios ocupaba los anaqueles del puesto, Veracruz es uno de los estados con mayor número de publicaciones periódicas impresas y sitios web de noticias; debe ser un buen negocio, pensó el ciudadano. Pero no fue esto lo que notó, sino que más de la mitad reproducía en las portadas el mismo titular: "Sin materia, denuncias presentadas ante la PGR contra funcionarios veracruzanos", acompañado de la misma fotografía que mostraba una conferencia del gobernador Javier Duarte flanqueado por el fiscal, el contralor, y los secretarios de Salud y Educación.
Pero lo más notorio fue que el resto repetía la imagen, aunque el titular era un poco diferente. Varios repetían: "Falsas, denuncias presentadas ante la PGR contra funcionarios veracruzanos", y los demás eran diferentes, aunque consignaban la noticia y la idea del titular era muy parecida.
Recordó el ciudadano Juan García que el día anterior, en los portales noticiosos, halló una situación parecida. Algunos sitios consignaban notas propias que se distanciaban un poco de aquella que se reproducía como infección bacteriana.
Esto es sintomático, pensó con lucidez el ciudadano Juan García, sin caer por supuesto en el triunfalismo, como era su costumbre. Como bien lo sabía, el asunto no era extraño sino más bien común, tanto que ya era hasta normal y, en algunas ocasiones, el centro de la mofa en los comentarios de las redes sociales.
Pero más allá de la evidente estrategia gubernamental que de inteligente no tiene nada y cuya eficiencia habría que poner en duda, la colocación sistemática y hasta el hartazgo del boletín oficial y la imagen del mandatario es sólo una hebra del espagueti.
La comunicación social
Es la comunicación social, así se le llama, así se conoce, tan antigua como el mismo periodismo. En México, durante la Colonia, en la Gaceta Oficial, que era controlada por el estado, no se publicaban sino comunicados oficiales y avisos. Y es que si los medios son el cuarto poder, hay que apoderarse del poder y colocarse en la plenitud.
Claro, los gobiernos se asignan el derecho de difundir sus logros, aunque a veces se destine para ello más dinero del que costaron aquellos "logros"; así que el objetivo pasa de la difusión de acciones gubernamentales, eventos y atención a los ciudadanos, a la exaltación del gobernante en turno, al culto a la figura del poder.
Chomsky señala en Los guardianes de la libertad y en La propaganda y la opinión pública, cómo los medios son usados para difundir la ideología del grupo dominante. La idea no es completamente original, ya la había estudiado Foucault, quien a su vez la tomó de Gramsci. Pero lo que me interesa resaltar son dos puntos que Chomsky plantea puntualmente: el suministro de noticias a los medios de comunicación, información seleccionada por el gobierno, y la crítica a los contenidos de los medios por medio de reforzadores de opinión. Dos funciones que la comunicación social cree cumplir por medio de estos boletines diseminados, colocados y reproducidos sin cuidado.
El estado en el que esto se lleva a cabo también es algo importante, y nada mejor para explicarlo que las recientes ideas expresadas por Umberto Eco, a raíz de la publicación de su última novela, Número cero. Según Eco, los periódicos impresos cumplen funciones muy diferentes de las que se cree; la información es la última de ellas, y en comunidades tan pueblerinas como es el caso de Veracruz, los periódicos, más que informar a la sociedad, son un medio de comunicación entre los grupos políticos que disputan el control y el poder del estado. No es una idea tan novedosa como muchos creen, como tampoco la anécdota de su novela, en la cual el personaje principal funda un periódico que jamás ve la luz, pero le sirve para presionar a los grupos de poder y entronizarse. En los tiempos de Los bandidos de río Frío, de Manuel Payno, vive Crisanto Bedolla, quien adquiere unos periodiquillos con el único fin de publicar libelos y calumnias en contra de quien sea, pero a un muy buen precio; su principal cliente, por supuesto, es el presidente. Cada mañana, Bedolla acude muy tempranito a palacio y entra hasta los aposentos del gran señor, de quien recibe directamente las instrucciones sobre a quién hay que darle. Duro y a la cabeza.
Ahora el ciudadano Juan García tiene una idea más clara de cómo se mueve el asunto. Las dependencias de gobierno seleccionan su información y la diseminan. Pero la difusión no es el único objetivo, sus boletines se erigen como la versión oficial.
Lo que eso signifique, piensa el ciudadano García, no debe hacer gran diferencia. Y no la hiciere, señor García, en una sociedad con medios de comunicación responsables y profesionales. El periodismo es vital para una sociedad, se dice muchas veces, sobre todo cuando se celebra el Día de la Libertad de Expresión, pero nadie se pregunta el motivo, y es éste: el periodismo es el contrapeso de esa versión oficial. El periodista no podría encontrar la verdad, pero sí acercarse a ella, y la forma de hacerlo es escuchando todas las voces, versiones y posibilidades.
Sin embargo, en un estado como Veracruz donde el periodismo se ha debilitado al extremo, que se ha convertido a nivel nacional e internacional en el lugar más peligroso para ejercerlo, donde el periodista debe elegir entre arriesgar su vida o esperar, la versión oficial se convierte en la única verdad, la verdad a fuerzas, incuestionable.
Ah, señor García, usted ha visto sucumbir al periodista entre las presiones oficiales, la censura gubernamental y las amenazas de grupos de la delincuencia organizada. Usted ha visto caer a muchos compañeros, cómo han desaparecido las secciones policiacas y apenas se sostienen con boletines, la postura oficial. Usted ha sido testigo de cómo el periodista veracruzano ha dejado de investigar, de buscar las otras versiones, y de cómo los diarios se llenan de comunicados (la polilla del periodismo, dijo Guillermo Prieto).
Ya el boletín planteaba una postura oficial, la historia aceptada y comprobada por las autoridades, aquellas que en un gobierno sin transparencia manipulan a su antojo toda la información y sus pruebas; pero sin investigación periodística el comunicado se convierte en la única versión, se condena a una sociedad al ostracismo y la conformidad. Se pretende entonces que la versión oficial sea la única confiable; se quiere gobernar con boletines.
La retórica oficial
Con las evidencias enfrente, o por lo menos así lo piensa, el ciudadano Juan García comienza a recordar algunos casos, casual en él, el primero que le viene a la mente es el del cantante Gibrán Martiz. Los hechos son los siguientes: el 7 de enero de 2014, un grupo de sujetos armados irrumpió en su vivienda y se lo llevó junto otros dos jóvenes. Él y uno de los adolescentes aparecieron muertos el 19 de enero. Algunas notas consignaron el dato de que quienes se los llevaron eran policías del estado. La versión oficial inicia a partir de su muerte. Antes sólo silencio, seguramente, confía el ciudadano García, debido a la secrecía que merecen las víctimas para no entorpecer las investigaciones ni poner en riesgo su vida (frase que se ha vuelto favorita del hoy fiscal del estado).
La versión oficial difundida en boletines consultados en la página de la sala de prensa de Gobierno del Estado, inicia así: "Elementos de las fuerzas del orden que participan en la operación coordinada Veracruz Seguro realizaron este sábado a las 22:00 horas, un operativo en la carretera Huatusco-Conejos, donde repelieron una agresión y abatieron a dos atacantes; posteriormente, al efectuar una inspección en el área, localizaron los cuerpos de dos personas sin vida, entre ellas a Gibrán David Martiz Díaz, informó el procurador General de Justicia, Felipe Amadeo Flores Espinosa".
Interesante, recapacita el ciudadano García, así que la versión oficial resalta, en primer lugar, no la muerte del cantante de La Voz México, cuyo caso había sido tratado en medios nacionales e internacionales, sino la acción de policías que "abatieron" (verbo que se ha convertido en epidemia) a dos malosos (el sustantivo ha sido usado así por los gobernadores Fidel Herrera y Javier Duarte). Sólo después, y tras dejar en claro que en una inspección posterior, no se fuera a pensar que Martiz hubiese muerto en el enfrentamiento.
El boletín vuelve a hacer hincapié en que Gibrán fue asesinado por los delincuentes abatidos y en las investigaciones que se llevan a cabo. La estrategia no estaría completa sin la complementaria crítica a los contenidos periodísticos, así que el mismo 19 de enero, de correos desconocidos, se difundieron a los medios fotografías del cantante posando con armas, con rumores de que el joven andaba "en malos pasos" y "se juntaba con gente mala".
El boletín oficial emitido el 20 de enero consignaba la detención de siete policías. Durante la desaparición, algunos medios habían manejado las versiones de testigos que acusaron a policías como los ejecutantes del levantón, incluso con el número de patrulla. La cobertura nacional e internacional obligó a la consignación. Sin embargo, dicho comunicado, resaltaba: "La Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJ) informó que tras la realización de pruebas periciales se comprobó que los delincuentes abatidos durante el operativo del pasado sábado 18 de enero, fueron los autores materiales de la muerte de Gibrán David Martiz Díaz y otra persona, cuya identidad se mantiene bajo reserva por mandato de ley".
El ciudadano García está confundido. El interés principal parece ser la desvinculación directa de los policías con el homicidio. En diciembre de 2014, los policías fueron liberados bajo fianza. Pero el mes pasado la Comisión Nacional de Derechos Humanos giró una recomendación al Gobierno de Veracruz. Entre otras medidas, buscar a un tercer joven que permanece desaparecido desde entonces, y al que nunca se refirieron durante más de un año las autoridades, proceder contra los policías señalados, reparar el daño a las víctimas y otras acciones.
En otro boletín emitido por la Dirección General de Comunicación Social, se aseguraba que: "El Gobierno del Estado, en atención al documento recibido por parte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), denominado Recomendación No. 14/2015, dio a conocer que cumplirá cada uno de los puntos incluidos en el texto". Jamás se refieren al caso y Gibrán no les merece ni una mención en su texto. Tampoco mencionan nada sobre los policías. Sin embargo, unos días después, el gobernador del estado, Javier Duarte, aseguró que los siete efectivos estaban detenidos. No explicó, por supuesto, cómo es que se efectuó la detención ni bajo qué términos y condiciones; mucho menos mencionó en donde se encuentran recluidos. Simplemente espera que creamos en su versión.
El ciudadano Juan García está desconcertado, por lo que revisa otro caso. El pasado 5 de junio ocho estudiantes fueron salvajemente golpeados por un grupo parapoliciaco. Los jóvenes estaban en una fiesta en una vivienda de Ruiz Cortines, a una cuadra del PRI, cerca de Humanidades, cuando encapuchados armados con bates y machetes irrumpieron y los agredieron brutalmente. Tres de ellos terminaron en el hospital con heridas graves; el resto, aunque requirió atención médica, no requirió hospitalización.
Las comunicaciones oficiales son, por su naturaleza, alarmantes. El primer boletín emitido, cerca de las 10 de la mañana, lleva como titular "Condena SSP ataques a estudiantes", pero el texto inicia afirmando: "La Secretaría de Seguridad Pública (SSP) niega rotundamente tener participación alguna en el ataque que sufrieron estudiantes de la Universidad Veracruzana (UV) la madrugada de este viernes." Luego, resalta la oportuna atención y respuesta de las autoridades. Un comunicado posterior afirma que la Fiscalía ha iniciado una investigación "y no se parará hasta ubicar, detener a los responsables y conocer la verdad caiga quien caiga, aseveró su titular Luis Ángel Bravo Contreras". Y reitera más adelante: "llegaremos hasta las últimas consecuencias y enfrentaremos a quien resulte responsable con la acción de la justicia. No permitiremos que queden impunes los actos que denigren la integridad de los ciudadanos, indistintamente de quien se trate”.
Hasta la fecha, a casi un mes de la brutal agresión, protestas de estudiantes, académicos y sociedad civil, no hay resultados de las investigaciones, ni siquiera avances. Es decir, supone el ciudadano García, que el boletín es solamente una respuesta mediática y posiblemente sin mucha relación con la verdad. Es la forma del gobierno para controlar la interpretación de los hechos, sabido que nadie lo obliga a dar explicaciones ni pruebas. Como era de esperarse, la otra estrategia: con un comunicado difundido por correos desconocidos donde se asegura que "Autoridades de la Universidad Veracruzana confirmaron que sólo uno de los jóvenes agredidos la madrugada de este viernes está matriculado en esa Máxima Casa de Estudios".
La dirección de Comunicación Social de la Universidad Veracruzana responde a las mismas características. "UV apoya a jóvenes agredidos" es el titular del boletín difundido ese día. Su entrada es sobre la atención de autoridades universitarias a los jóvenes y seguimiento de su salud. Destaca en el segundo párrafo, ¡Oh, santa coincidencia!, exclama el ciudadano García, que uno de los estudiantes "se encuentra inscrito en la universidad".
Solamente hasta los últimos párrafos, la condena al hecho, tibia, floja, vergonzosa: "Autoridades de la máxima casa de estudios de Veracruz rechazaron todo tipo de violencia, sobre todo cuando ésta se ejerce contra los jóvenes,   independientemente de su situación escolar o institución de procedencia", y sigue: "La institución lamenta profundamente la agresión cometida contra los jóvenes la madrugada de este viernes y se une a la exigencia social de esclarecimiento de los hechos". Y para rematar, la zalamería, lo agachón: "La institución confía en que las autoridades llevarán a cabo las investigaciones pertinentes con toda diligencia y, además, exhorta a la comunidad universitaria a informarse responsablemente al respecto".
Por supuesto, la postura oficial de la Universidad y la Rectoría fue criticada fuertemente por la comunidad universitaria y la rectora se vio obligada a endurecer, un poco, poquito, su exigencia.
El ciudadano Juan García está estupefacto, no sabe que pensar. La versión oficial lo cubre todo con una niebla espesa. Las comunicaciones, por ejemplo, de hechos violentos como balaceras y secuestros diluyen los hechos con su retórica. Desaparecen las balas y los eventos se reducen a "conflictos entre particulares". Las autoridades presumen los resultados de sus políticas, pero los reportes sobre el número de delitos provienen de ellos mismos, por ejemplo las cifras de secuestros y desaparecidos prestidigitadas por el fiscal. Pero esto no se reduce al ámbito de la seguridad, en materia de salud, desconocemos si las cifras sobre la incidencia del dengue o del Chikungunya en la entidad son confiables o el caso es comparable con la negativa sistemática del desabasto de medicamentos, mientras familiares denuncian la carencia reiterada de medicinas y atención especializada, por ejemplo en el Centro de Cancerología.
El boletín que trata el homicidio de otro periodista, el número 13 de la actual administración, es indignante. Las estrategias para minimizar su labor (experiodista, le llamó un portal de noticias que reprodujo el comunicado) y la manipulación de las causas de la muerte, aunque son repetitivas, no dejan de sorprender. Aseguran fuentes de la Fiscalía que la causa es atropellamiento, a pesar de que el cuerpo presenta lesiones de golpes y tortura, e incluso está vendado.  
Recapacita el ciudadano García entonces sobre la reciente conferencia del gobernador y las denuncias de la Auditoría Superior de la Federación ante la PGR por irregularidades en el manejo de recursos federales por casi 9 mil millones de pesos. Tanto el titular que asegura que las denuncias son "falsas", como aquel que rectifica "sin materia", pertenecen a boletines emitidos por la Dirección General de Comunicación Social. Posiblemente se percataron, en algún momento, del error que era asegurar la falsedad de las denuncias. Pero si repararon en el titular, el boletín no cambia una palabra. En el comunicado, el gobernador pretende solventar los señalamientos y las irregularidades, que son graves, con su sola declaración. Sin pruebas, apenas una hoja en la mano y varias carpetas apiladas en una mesa, cuyo contenido se desconoce y se desconocerá, pues bien pudieron estar vacías, el mandatario estatal quiere que los ciudadanos creamos en una administración honrada y correcta.

Y si ningún periodista investiga, si ninguno se pregunta y busca las otras posibilidades, cuando sólo nos queda la versión oficial, oficiosa por naturaleza, manipulada por intereses, e incluso mentirosa, nuestra verdad no puede ser sino pobre y coja. El ciudadano Juan García se ha quedado sin palabras.

Por Juan Carlos García Rodríguez

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