Apuntes sobre un episodio perdido de Sergio Pitol: Cauce, de 1955


Publicado porEditorial Graffiti el 13:46

Sergio Pitol en algún lugar de los sesenta
I
¿Antes de fungir en 1967 como director de la Editorial de la UV y de su revista insignia, La Palabra y el Hombre, Sergio Pitol dirigió otra publicación literaria? La afirmativa respuesta a este cuestionamiento permite recordar que Cauce. Revista bimestral de cultura fue el primer y efímero proyecto editorial que Pitol concretó a mediados de los cincuenta cuando aún cursaba estudios en la Facultad de Derecho de la de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam).
La referencia no es ajena dentro de las cronologías de Sergio Pitol, sea que se consulten sus Obras reunidas –en específico, las relacionadas a sus Escritos autobiográficos (tomo iv) y sus Ensayos (tomo v)– o bien la del Centro Virtual Cervantes (http://cvc.cervantes.es), donde se afirma con determinación: “En 1955 dirige Cauce, una revista fundada por un grupo de estudiantes de Filosofía y Letras, de la que sólo se publicarían dos números”.
Y a menos que se adentre uno en sus ensayos y la Autobiografía (1967), poco se sabe de este episodio en la vida de Sergio Pitol. Experiencia primera u olvido voluntario, verteré aquí los apuntes que poseo, al ser un tópico de extrema rareza de la vida literaria de Pitol, como su estancia sonámbula en China (1962) o su novela El único argumento (Ediciones Multiarte, 1980).
Es preciso anotar que la consulta de Cauce fue posible gracias a las facilidades y colaboración brindadas tanto por el personal del Fondo Reservado como el de la Dirección Administrativa de la Unidad de Servicios Bibliotecarios y de Información de Xalapa (USBI-X) de la UV.
II
Cauce es el impreso de un grupo de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la unam, fundado en 1955. De acuerdo con Diccionario de literatura mexicana. Siglo xx de Armando Pereira, Cauce tiene como director a Sergio Pitol y como secretario de Redacción a Carlos Félix, contando en su Consejo Editorial a Lucía Bonilla, José Luis González, Manuel González Casanova, Eduardo Lizalde y Enrique Alatorre.
De acuerdo con Pitol, Cauce nació como respuesta a Revista Mexicana de Literatura, dirigida por Emmanuel Carballo y Carlos Fuentes, “un baluarte del artepurismo, una embestida de la torre de marfil contra los principios que nosotros exigíamos”, sostiene en la edición príncipe de su Autobiografía (1967), y agrega: “nos consternaba el hecho de que no hubiera ninguna publicación que pudiera hacerle frente, por ello decidimos formar una nueva revista” (p. 42).
Resulta una paradoja el hecho de que el mismo argumento que Pitol emplea en contra de Revista Mexicana de Literatura es similar al que Carballo y Fuentes utilizan para distanciarse de su antecedente propio: Revista de Literatura Mexicana, dirigida por Antonio Castro Leal y nacionalista en su concepto, más allá del título. La diferencia entre ambas posturas, la de Pitol y la de Carballo-Fuentes, tal vez radique en la posición frente al nacionalismo de Castro Leal. Mientras que para Pitol el prospecto ideal de revista debiera conformarse a partir del binomio “nacional en su forma, socialista en su contenido”, Carballo-Fuentes imaginan una publicación que se distancie de la provinciana divulgación e investigación de autores y obras eminentemente nacionales, vinculadas a la historia patria, fuera antigua o moderna. Aspiran a producir una literatura que se distinga de las nacionalidades o las banderas. Empero, lo que emparenta a las posiciones de los tres escritores respecto de la nacionalista es precisamente esa aspiración por una literatura y arte cosmopolitas.
Resulta una ironía que apenas unos años después –a la llegada de Tomás Segovia y Juan García Ponce a Revista Mexicana de Literatura–, sea el grupo de escritores alrededor de Casa del Lago, denominada también como Generación del Medio Siglo, quienes concreten parte de esa aspiración de Cauce en cuanto a la difusión de autores, obras y tendencias literarias que fueran más allá de los consabidos clichés de la cultura nacional.
III
Cauce sólo alcanzará dos números, correspondientes a marzo-abril y mayo-junio de esa primavera de 1955. En su Editorial, el grupo de estudiantes proponen elaborar “una revista que muestre a una juventud inconforme y responsable”. El número inaugural publica el ensayo “Perfección de la pasión” de Luis Cardoza y Aragón, donde el escritor guatemalteco pide al grupo editar una revista “militante y mexicana, más allá del nacionalismo convencional”. Incluía también una entrevista a David Alfaro Siqueiros, autoría de Lucía Bonilla.
Por su parte, el número 2 contiene además de un cuento de José Luis González, la traducción de unas notas de viaje sobre México del poeta futurista vanguardista y revolucionario ruso Vladimir Maiakovski, en traducción de Sergio Pitol, donde su autor realiza impresiones “muy regocijadas, muy vivas y libres” sobre la cultura nacionalista de nuestro país.
Los contenidos, sin duda, reflejan las aficiones y gustos estéticos de entonces de Pitol y su grupo literario. Él en particular con un activismo político importante que lo mismo le hizo interesarse por las causas que denostaban las dictaduras de Guatemala, Cuba o Venezuela como por la obra de los pintores pertenecientes al muralismo mexicano, en específico por la obra de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Pitol plantea su posición, de nuevo, en su Autobiografía, tras un viaje a Estados Unidos, La Habana y Curazao:
El viaje me daba la posibilidad de sentirme dueño de mí mismo, solo, responsable total de mis actos […] el planteamiento de una serie de exigencias morales, la necesidad de una mayor autenticidad de mi trato con el mundo. Entonces me sentía un joven liberal más bien próximo a la izquierda […] estaba por la revolución mexicana y no por el porfirismo, por la república española y no por los franquistas, etc. De la Unión Soviética me atraía la eliminación de los privilegios económicos y sociales, la lucha contra la miseria, pero el aspecto totalitario del régimen me asustaba. [p. 37].
Tras este descubrimiento de sí mismo, Pitol participará en diversos actos políticos públicos, que incluyeron protestar frente a la embajada norteamericana por la guerra de Corea hasta participar en el Comité Universitario de Solidaridad con Guatemala junto con Carlos Monsiváis, con quien “colectamos firmas de protesta, distribuimos volantes, acudimos juntos a una manifestación que se inició en la Plaza de Santo Domingo”, según cuenta en “Con Monsiváis, el joven”, integrado en 1997 a El arte de la fuga. En esa ocasión relata que tal era su pasión por el tema de la libertad que le deja muy impresionado y le reanima confirmar que su activismo e inquietudes son compartidos por figuras tan importantes y admiradas en ese momento como Frida Kahlo, Diego Rivera, Carlos Pellicer y Juan O’Gorman, a quienes ve en varios de esos actos.
IV
El hecho que lleva al cierre de Cauce está fundamentado precisamente en el texto de Maiakovski: su contenido tocó “las más recónditas fibras de patriotería” de la derecha ultranacionalista “que de plano no aguanta nada”. A través de sus medios y con su poder de influencia, la prensa se da a la tarea de defenestrar a los estudiantes y al director mismo, aduciendo supuestos actos subversivos contra el país por parte de los universitarios, dentro de los cuales se encontraba la impresión de la revista supuestamente financiada por la rectoría de la unam. Ideal que fueron los Contemporáneos de la Generación de Medio Siglo, el evento recuerda a Jorge Cuesta a partir de la publicación de algunos fragmentos de Cariátide, la novela de Rubén Salazar Mallén, que vuelve la mirada de los conservadores hacia Examen, según explica a mayor detalle Ignacio Ruiz Pérez en el prólogo de Contemporáneos. Antología, publicada por la UV en su Biblioteca del Universitario.
En el caso de Pitol, la campaña –que llegó a las primeras planas de los amarillistas titulares vespertinos, tuvo como consecuencia el retiro de los patrocinadores que financiaban el impreso–, redujo los fondos para continuar con el proyecto. Pereira confirma que “incluso hubo diarios que denunciaron el antimexicanismo de la revista a causa del texto de Maiakovski” (p. 78). Si bien el episodio deja una amarga huella en su director por el descrédito derivado de la campaña anticomunista –como explica Monsiváis en “Sergio Pitol: el autor y su biógrafo improbable”–, para Pitol resultaba lo más sano entonces pues la publicación de las notas de Maiakovski fue ir demasiado lejos respecto de la posición “socialista” que debía mantener Cauce.
El cierre de la revista “fue una fortuna, pues al paso que íbamos hubiéramos acabado por desbarrancarnos en el más embrutecedor de los realismos socialistas” (p. 43) que tanto le aterraban a Sergio Pitol, producto de la revisión de varias obras del nacionalsocialismo, apenas un par de años antes (1964-1965).
V
La experiencia de Cauce alecciona a Pitol no sólo sobre el activismo político y su mundo lleno de intrigas y verdades a medias, sino que le provee de una de sus experiencias primeras como editor. El episodio le permite, como segunda conclusión, definir que para su comodidad como editor y traductor ante todo deberá prevalecer el poder de elección sobre los autores y las obras por traducir y publicar, inherente la libertad para la selección de temas.
Sin embargo, en el plano personal –el acoso y defenestración a la que es sometido como responsable de la revista– pasará a la literatura de Pitol a través del cuento “Tiempo cercado” –aparecido en la edición príncipe de Infierno de todos (1964), relato que completa el primer volumen de cuentos formal de Pitol y que nunca más volverá a ser incluido, a pesar de las cuatro reediciones, al menos, hasta 2007, ni en las que reúnen sus demás relatos, sea Cuerpo presente (1990) o el tercer volumen de sus Obras reunidas. Cuentos y relatos (2004). Se trata de un relato peculiar y casi único dentro de su narrativa no sólo por su estructura sino por el tema y la serie de reflexiones que sobre el arte hace en él. La razón de esta deliberada exclusión posiblemente se encuentra en el tema del relato (un grupo de jóvenes disidentes perseguidos por la dictadura machadista en Cuba) o bien la serie de reflexiones que Mirta, la protagonista, hace sobre la falta de compromiso social e ideológico del arte latinoamericano.
Así, presintiendo Mirta la inminente captura de los perseguidores del régimen, esconde ejemplares de publicaciones consideradas como subversivas para la dictadura. Entre ellas, casualmente, se encuentra Machete, homónima a la del Taller de Gráfica Popular, dirigidos ambos por Diego Rivera, el pintor muralista sumamente admirado por Pitol, según apunta en la Autobiografía. Antes de ello, Mirta ha marcado en su diario varias notas donde reflexiona no sólo sobre su posición ideológica sino sobre la falta de compromiso en el arte y la literatura de América Latina para con la revolución y la lucha social, a la manera de Mariátegui:
El Arte debe ser capaz de vencer localismos, encontrar una expresión que en sí misma sea Revolución, que descubra un estilo nuevo. Supone una permanente lucha: al intentar transcribir sus últimos y azarosos días en un relato, tratando de fijar un instante donde todo sea y a la vez ya no sea; un lapso en el tiempo tal que, al fluir, deje no sólo de ser lo que era en el momento anterior, sino que se convierta ya en su contrario. Sin embargo, al hacerlo, el recuerdo de la realidad inmediata lo vence y acaba por devorar todo anhelo estilístico.
¿Será esta una conclusión que Pitol tome para sí mismo? Si no lo es, por lo menos se significa así a nivel de escritura y estilo, tema que retomará y desarrollará cuarenta años después con otra serie de elementos conceptuales y de escritura a partir de El arte de la fuga hasta llegar a El mago de Viena. El episodio le será útil años después no sólo cuando trabaje para las editoriales mexicanas Oasis y de la Universidad Veracruzana (al dirigir La Palabra y el Hombre), sino durante su estancia en Europa trabajando para Tusquets y Seix-Barral.
VI
Si hubiera que encontrar una frase que remate al episodio de Cauce, elegiría “gato escaldado no vuelve por agua”: será una máxima que Sergio Pitol, internamente, se repetirá con el paso de los años, siempre que la política exista de por medio entre él y su actividad creadora y profesional.




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