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Sergio Pitol en algún lugar de los sesenta |
I
¿Antes de fungir en 1967 como director de la
Editorial de la UV y de su revista insignia, La Palabra y el Hombre,
Sergio Pitol dirigió otra publicación literaria? La afirmativa respuesta a este
cuestionamiento permite recordar que Cauce. Revista bimestral de cultura
fue el primer y efímero proyecto editorial que Pitol concretó a mediados de los
cincuenta cuando aún cursaba estudios en la Facultad de Derecho de la de la
Universidad Nacional Autónoma de México (unam).
La
referencia no es ajena dentro de las cronologías de Sergio Pitol, sea que se
consulten sus Obras reunidas –en específico, las relacionadas a sus Escritos
autobiográficos (tomo iv) y sus Ensayos (tomo v)– o bien la
del Centro Virtual Cervantes (http://cvc.cervantes.es), donde se afirma con
determinación: “En 1955 dirige Cauce, una revista fundada por un grupo de
estudiantes de Filosofía y Letras, de la que sólo se publicarían dos números”.
Y a
menos que se adentre uno en sus ensayos y la Autobiografía (1967), poco
se sabe de este episodio en la vida de Sergio Pitol. Experiencia primera u
olvido voluntario, verteré aquí los apuntes que poseo, al ser un tópico de
extrema rareza de la vida literaria de Pitol, como su estancia sonámbula en
China (1962) o su novela El único argumento (Ediciones Multiarte, 1980).
Es
preciso anotar que la consulta de Cauce fue posible gracias a las
facilidades y colaboración brindadas tanto por el personal del Fondo Reservado
como el de la Dirección Administrativa de la Unidad de Servicios Bibliotecarios
y de Información de Xalapa (USBI-X) de la UV.
II
Cauce es el
impreso de un grupo de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la
unam, fundado en 1955. De acuerdo con Diccionario de literatura mexicana.
Siglo xx de Armando Pereira, Cauce tiene como director a Sergio
Pitol y como secretario de Redacción a Carlos Félix, contando en su Consejo
Editorial a Lucía Bonilla, José Luis González, Manuel González Casanova,
Eduardo Lizalde y Enrique Alatorre.
De
acuerdo con Pitol, Cauce nació como respuesta a Revista Mexicana de
Literatura, dirigida por Emmanuel Carballo y Carlos Fuentes, “un baluarte
del artepurismo, una embestida de la torre de marfil contra los principios que
nosotros exigíamos”, sostiene en la edición príncipe de su Autobiografía
(1967), y agrega: “nos consternaba el hecho de que no hubiera ninguna
publicación que pudiera hacerle frente, por ello decidimos formar una nueva
revista” (p. 42).
Resulta
una paradoja el hecho de que el mismo argumento que Pitol emplea en contra de Revista
Mexicana de Literatura es similar al que Carballo y Fuentes utilizan para
distanciarse de su antecedente propio: Revista de Literatura Mexicana,
dirigida por Antonio Castro Leal y nacionalista en su concepto, más allá del
título. La diferencia entre ambas posturas, la de Pitol y la de
Carballo-Fuentes, tal vez radique en la posición frente al nacionalismo de
Castro Leal. Mientras que para Pitol el prospecto ideal de revista debiera
conformarse a partir del binomio “nacional en su forma, socialista en su
contenido”, Carballo-Fuentes imaginan una publicación que se distancie de la
provinciana divulgación e investigación de autores y obras eminentemente
nacionales, vinculadas a la historia patria, fuera antigua o moderna. Aspiran a
producir una literatura que se distinga de las nacionalidades o las banderas.
Empero, lo que emparenta a las posiciones de los tres escritores respecto de la
nacionalista es precisamente esa aspiración por una literatura y arte
cosmopolitas.
Resulta
una ironía que apenas unos años después –a la llegada de Tomás Segovia y Juan
García Ponce a Revista Mexicana de Literatura–, sea el grupo de
escritores alrededor de Casa del Lago, denominada también como Generación del
Medio Siglo, quienes concreten parte de esa aspiración de Cauce en
cuanto a la difusión de autores, obras y tendencias literarias que fueran más
allá de los consabidos clichés de la cultura nacional.
III
Cauce sólo
alcanzará dos números, correspondientes a marzo-abril y mayo-junio de esa
primavera de 1955. En su Editorial, el grupo de estudiantes proponen elaborar
“una revista que muestre a una juventud inconforme y responsable”. El número
inaugural publica el ensayo “Perfección de la pasión” de Luis Cardoza y Aragón,
donde el escritor guatemalteco pide al grupo editar una revista “militante y
mexicana, más allá del nacionalismo convencional”. Incluía también una
entrevista a David Alfaro Siqueiros, autoría de Lucía Bonilla.
Por su
parte, el número 2 contiene además de un cuento de José Luis González, la
traducción de unas notas de viaje sobre México del poeta futurista vanguardista
y revolucionario ruso Vladimir Maiakovski, en traducción de Sergio Pitol, donde
su autor realiza impresiones “muy regocijadas, muy vivas y libres” sobre la
cultura nacionalista de nuestro país.
Los
contenidos, sin duda, reflejan las aficiones y gustos estéticos de entonces de
Pitol y su grupo literario. Él en particular con un activismo político
importante que lo mismo le hizo interesarse por las causas que denostaban las
dictaduras de Guatemala, Cuba o Venezuela como por la obra de los pintores
pertenecientes al muralismo mexicano, en específico por la obra de Diego Rivera
y David Alfaro Siqueiros. Pitol plantea su posición, de nuevo, en su Autobiografía,
tras un viaje a Estados Unidos, La Habana y Curazao:
El
viaje me daba la posibilidad de sentirme dueño de mí mismo, solo, responsable
total de mis actos […] el planteamiento de una serie de exigencias morales, la
necesidad de una mayor autenticidad de mi trato con el mundo. Entonces me
sentía un joven liberal más bien próximo a la izquierda […] estaba por la
revolución mexicana y no por el porfirismo, por la república española y no por
los franquistas, etc. De la Unión Soviética me atraía la eliminación de los
privilegios económicos y sociales, la lucha contra la miseria, pero el aspecto
totalitario del régimen me asustaba. [p. 37].
Tras
este descubrimiento de sí mismo, Pitol participará en diversos actos políticos
públicos, que incluyeron protestar frente a la embajada norteamericana por la
guerra de Corea hasta participar en el Comité Universitario de Solidaridad con
Guatemala junto con Carlos Monsiváis, con quien “colectamos firmas de protesta,
distribuimos volantes, acudimos juntos a una manifestación que se inició en la
Plaza de Santo Domingo”, según cuenta en “Con Monsiváis, el joven”, integrado
en 1997 a El arte de la fuga. En esa ocasión relata que tal era su
pasión por el tema de la libertad que le deja muy impresionado y le reanima
confirmar que su activismo e inquietudes son compartidos por figuras tan
importantes y admiradas en ese momento como Frida Kahlo, Diego Rivera, Carlos
Pellicer y Juan O’Gorman, a quienes ve en varios de esos actos.
IV
El
hecho que lleva al cierre de Cauce está fundamentado precisamente en el
texto de Maiakovski: su contenido tocó “las más recónditas fibras de
patriotería” de la derecha ultranacionalista “que de plano no aguanta nada”. A
través de sus medios y con su poder de influencia, la prensa se da a la tarea
de defenestrar a los estudiantes y al director mismo, aduciendo supuestos actos
subversivos contra el país por parte de los universitarios, dentro de los
cuales se encontraba la impresión de la revista supuestamente financiada por la
rectoría de la unam. Ideal que fueron los Contemporáneos de la Generación de
Medio Siglo, el evento recuerda a Jorge Cuesta a partir de la publicación de
algunos fragmentos de Cariátide, la novela de Rubén Salazar Mallén, que
vuelve la mirada de los conservadores hacia Examen, según explica
a mayor detalle Ignacio Ruiz Pérez en el prólogo de Contemporáneos.
Antología, publicada por la UV en su Biblioteca del Universitario.
En el
caso de Pitol, la campaña –que llegó a las primeras planas de los amarillistas
titulares vespertinos, tuvo como consecuencia el retiro de los patrocinadores
que financiaban el impreso–, redujo los fondos para continuar con el proyecto.
Pereira confirma que “incluso hubo diarios que denunciaron el antimexicanismo
de la revista a causa del texto de Maiakovski” (p. 78). Si bien el episodio
deja una amarga huella en su director por el descrédito derivado de la campaña
anticomunista –como explica Monsiváis en “Sergio Pitol: el autor y su biógrafo
improbable”–, para Pitol resultaba lo más sano entonces pues la publicación de
las notas de Maiakovski fue ir demasiado lejos respecto de la posición
“socialista” que debía mantener Cauce.
El
cierre de la revista “fue una fortuna, pues al paso que íbamos hubiéramos
acabado por desbarrancarnos en el más embrutecedor de los realismos
socialistas” (p. 43) que tanto le aterraban a Sergio Pitol, producto de la
revisión de varias obras del nacionalsocialismo, apenas un par de años antes
(1964-1965).
V
La
experiencia de Cauce alecciona a Pitol no sólo sobre el activismo
político y su mundo lleno de intrigas y verdades a medias, sino que le provee
de una de sus experiencias primeras como editor. El episodio le permite, como
segunda conclusión, definir que para su comodidad como editor y traductor ante
todo deberá prevalecer el poder de elección sobre los autores y las obras por
traducir y publicar, inherente la libertad para la selección de temas.
Sin
embargo, en el plano personal –el acoso y defenestración a la que es sometido
como responsable de la revista– pasará a la literatura de Pitol a través del
cuento “Tiempo cercado” –aparecido en la edición príncipe de Infierno de
todos (1964), relato que completa el primer volumen de cuentos formal de
Pitol y que nunca más volverá a ser incluido, a pesar de las cuatro
reediciones, al menos, hasta 2007, ni en las que reúnen sus demás relatos, sea Cuerpo
presente (1990) o el tercer volumen de sus Obras reunidas. Cuentos
y relatos (2004). Se trata de un relato peculiar y casi único dentro de su
narrativa no sólo por su estructura sino por el tema y la serie de reflexiones
que sobre el arte hace en él. La razón de esta deliberada exclusión
posiblemente se encuentra en el tema del relato (un grupo de jóvenes disidentes
perseguidos por la dictadura machadista en Cuba) o bien la serie de reflexiones
que Mirta, la protagonista, hace sobre la falta de compromiso social e
ideológico del arte latinoamericano.
Así,
presintiendo Mirta la inminente captura de los perseguidores del régimen,
esconde ejemplares de publicaciones consideradas como subversivas para la
dictadura. Entre ellas, casualmente, se encuentra Machete, homónima a la
del Taller de Gráfica Popular, dirigidos ambos por Diego Rivera, el pintor
muralista sumamente admirado por Pitol, según apunta en la Autobiografía.
Antes de ello, Mirta ha marcado en su diario varias notas donde reflexiona no
sólo sobre su posición ideológica sino sobre la falta de compromiso en el arte
y la literatura de América Latina para con la revolución y la lucha social, a
la manera de Mariátegui:
El Arte
debe ser capaz de vencer localismos, encontrar una expresión que en sí misma
sea Revolución, que descubra un estilo nuevo. Supone una permanente lucha: al
intentar transcribir sus últimos y azarosos días en un relato, tratando de
fijar un instante donde todo sea y a la vez ya no sea; un lapso en el tiempo
tal que, al fluir, deje no sólo de ser lo que era en el momento anterior, sino
que se convierta ya en su contrario. Sin embargo, al hacerlo, el recuerdo de la
realidad inmediata lo vence y acaba por devorar todo anhelo estilístico.
¿Será
esta una conclusión que Pitol tome para sí mismo? Si no lo es, por lo menos se
significa así a nivel de escritura y estilo, tema que retomará y desarrollará
cuarenta años después con otra serie de elementos conceptuales y de escritura a
partir de El arte de la fuga hasta llegar a El mago de Viena. El
episodio le será útil años después no sólo cuando trabaje para las editoriales
mexicanas Oasis y de la Universidad Veracruzana (al dirigir La Palabra y el
Hombre), sino durante su estancia en Europa trabajando para Tusquets y
Seix-Barral.
VI
Si
hubiera que encontrar una frase que remate al episodio de Cauce,
elegiría “gato escaldado no vuelve por agua”: será una máxima que Sergio Pitol,
internamente, se repetirá con el paso de los años, siempre que la política
exista de por medio entre él y su actividad creadora y profesional. ♦