Estridentópolis de Juan de la Luz Enríquez


Publicado porEditorial Graffiti el 14:34

Todo cabe en un tronco sabiendo acomodar [Estridentópolis]
Xalapa antes se escribía Jalapa, hace unos 40 años mas o menos todavía era oficial la jota. Aureliano Hernández Palacios escribió: “¿Por qué vamos a escribir Xalapa y a pronunciarla Jalapa, en vez de darle a la x la pronunciación que le damos en Xaltocan, Xochimilco y Xochicalco?... Pues bien, esta denominación derivada de Xalli o Xalla la encontramos igualmente empleada en los nombres de Xalacingo, de Xalla, arenal, y Xamapa, que también viene de Xalli, nombres que, como los de Xaltipan, Xilotepec, Xalcomulco, etc…” (Jalapa con equis (x) o con jota (j)) http://cdigital.uv.mx/bitstream/ 123456789/8125/2/anua-II-pag86-89.pdf).
Hasta ahí todavía pasa eso de cambiarle el nombre a esta Atenas Veracruzana, ¿pero que es eso de querer llamarla Estridentópolis? Eso sí que no. Pues así fue. A principios del siglo XX un grupo de jóvenes que vienen de la ciudad de México se instalan en esta ciudad y crean el Estridentismo, un movimiento de ruptura que compite a nivel mundial con los grandes corrientes que en ese momento nacían en Europa, aunque para nuestra sociedad aparentemente no significó nada.
Cuando vi en cartelera anunciada ESTRIDENTÓPOLIS,  de LEGOM, dirigida por Hugo Arrevillaga Serrano, a cargo de la Compañía Titular de Teatro de la UV, dentro de los festejos del 70 aniversario de nuestra máxima casa de estudios; supe que era un platillo que me iba a cenar y no me podía perder por ningún motivo.
Los antecedente con los que contaba del tema eran las entrevistas que le hacían a Germán Lizt Arzubide, uno de sus miembros destacados, que vi por televisión (no hagan sus cuentas de mi edad que este poeta murió a los 100 años de edad), donde nunca paró de ensalzar y vanagloriarse del movimiento estridentista. También tenía como referencia el busto de Manuel Maples Arce (el fundador del movimiento) que había en el parquecito que está al inicio de la calle Alfaro; donde a principios de los 90s, un colectivo de jóvenes anarquistas mejor conocidos como Los pelagatos felices hicieron un festival de teatro, títeres, música y naturaleza en su honor. Para tal efecto tenían amarrado un guajolote al busto del poeta jalapeño (hasta la fecha me sigo preguntando por el destino del guajolote, ¿habrá acabado en mole?, ¿comí de él acaso?) El busto lo quitaron al poco tiempo y en su lugar pusieron un transfomador de la CFE, que ahí sigue.
Hace unos dos años mas o menos se abrió un espacio cultural en una casa del centro llamada La casa de nadie, haciendo alusión probablemente al Café de nadie donde los Estridentistas se reunían en la ciudad de México. Hasta ahí… amén de haber leído algunos poemas de ellos… que no me dejaron muchos recuerdos (si no pues júrenlo que se los diría de memoria)
Es un tema dentro de la historia de nuesque no ha sido suficientemente abordado, menos en el teatro y esperaba encontrarme con algo que me sorprendiera (cuantimás tratándose de LEGOM,  de quien algunas de sus obras me parecen estridentes) y arrojara luz sobre este capítulo tan poco estudiado de nuestra historia reciente… pero negros tus cabellos.
Una actriz y cuatro actores se la pasan intercalando roles y personajes (¿) (sudados y esforzados eso sí, asombrándome por su capacidad de recordar no sé cuántos cambios de unos como rieles enormes de madera que mueven de acá pa´lla , en un afán del director de escena por hacer digerible 45 minutos de información) que nos notifican de manera anecdótica el devenir de esto jóvenes alocados que andaban con sus cosas esas de ¡Viva el mole de guajolote!, ¡hágame usted el grandísimo favor!. La obra nos cuenta sobre los 5 años que dura el movimiento, con sus ires y venires de la ciudad de México, Puebla y Jalapa (así se escribía por ese entonces). Y cómo termina porque la mamá, hermanas y tías de Manuelito ya no lo querían ver andar de loco. ¡Muchacho este ya consígase un trabajo serio! (lo nombraron Embajador un poco después, faltaba más).
Pareciera que la investigación que nos brindan fuera sacada de alguna enciclopedia virtual o similar, por el escaso análisis o profundidad con que es expuesta. No hay más.
Entiendo que la obra haya podido ser por encargo y como diría uno de nuestros insignes expresidentes no te pago para que me pegues, pero eso de querer ligar este movimiento de principios del siglo XX con la fundación de la universidad en 1940 se convierte en un acto por demás forzado y osado. ¿Qué tuvo que ver una cosa con la otra? ¿Cuáles son los puntos de coincidencia por Dios? ¿Qué nos queda de aquello, el legado, pues?
Talvez  yo sea el que no lo pueda ver y no entienda que el pasado es lo que da vida al presente, pero el teatro no miente, siempre asoma un ojo al que nada se le escapa, y al final acaba mostrando la verdad por encima de lo que deseamos expresar, de lo anecdótico. He visto obras de LEGOM que en verdad me parecen estridentistas, esta no.

Estridentópolis de Luis Enrique Gonzalez Monasterio. Dirección Hugo Arrevillaga Serrano. Con Freddy Palomec, Gema Muñoz, Raúl Santamaría, Benjamín Castro y Raúl Pozos. Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana.


Por Cuitláhuac Pascual

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