El regreso de un clásico


Publicado porEditorial Graffiti el 18:28

Política ficción. Portada de la edición El Eternauta en RM.
La novela gráfica no cesa de producir adeptos. Circula de manera constante y genera cruces entre libros que se asumían como imposibles de llevar a la historieta. Ya hay versiones de la obra mayor de Marcel Proust o de Maestros antiguos de Thomas Bernhard, por ejemplo. Igualmente no dejan de producirse adaptaciones cinematográficas a partir de sus historias. Por supuesto no todo es recomendable, pero es una narratividad que ya logró su legitimidad. Se volvió un punto de referencia. Sus creadores ganan terreno en un mundo de velocidad, urgencias y apenas tiempo para dedicar a la cultura.
El caso latinoamericano es especial, como no podía ser de otro modo. Y es que aún se debate si la agrupación guerrillera Montoneros también utilizó tácticas terroristas para desestabilizar a la denominada “Revolución Argentina” (1966-1973), un gobierno de facto que derivó en dictadura militar. De lo que no hay duda es que Héctor Germán Oesterheld (Buenos Aires, 1919-1977/1978 presumiblemente), se afilió al movimiento de los Montoneros y actuó como jefe de prensa al lado de sus cuatro hijas. “Pasó a la clandestinidad”, según el argot de la época. El autor argentino, además de historietista también fue escritor de relatos cortos, muchos de acento fantástico y futurista.
Pero se le recuerda en especial por la serie de El Eternauta (1957-1959), una historieta de ciencia ficción, ubicada en Argentina, sobre una “nevada de copos fosforescentes” que mata a las personas casi de manera instantánea. Es una invasión extraterrestre, semejante a la La guerra de los mundos de H .G. Wells. La sobrevivencia en un mundo apocalíptico jamás había tenido como escenario a un país latinoamericano. Las historias del género sucedían en naciones desarrolladas o en lugares remotos, como islas o zonas árticas. Los dibujos corrieron a cargo de Francisco Solano López y tuvo una secuela que Oesterheld escribió y envió desde la clandestinidad. Esta segunda parte tiene una lectura más política que la primera, lo cual es muy entendible.
Lejos de que la historia personal de un historietista se funda con los hechos trágicos del cono sur, El Eternauta es una memorable obra de ficción que nos pone al día frente a la tradición anglosajona y, de paso, anticipa muchas series de televisión actuales, como The walking dead. Se han realizado diversas secuelas de la historia a lo largo de los años. Esto sin la colaboración de Oesterheld, claro. Así que paso a paso alcanzó un estatus de clásico latinoamericano. El trazo de los dibujos es muy sobrio aunque logra un acento personal. De igual modo, la historia va directo al grano y evita el efectismo facilón de la historieta norteamericana de los mismos años.
Juan Salvo es el personaje principal, que aparece con Martita, su hija. Otros: el profesor Favalli, Polsky, Alberto Franco, Heriberto Carlos Nepomuceno Mosca, Pablo y el propio Héctor Germán, que se autoficcionaliza como un guionista que trabajaba despreocupado cuando Salvo se aparece en su silla –literalmente, es una obra de ciencia ficción–, y le relata su odisea. Es el inicio de una de las grandes historietas latinoamericanas de todos los tiempos. La tesis de la trama, que se ha machacado hasta el cansancio, es que “no hay un héroe individual”, que la acción coordinada es la clave de la victoria, sea lo que esto signifique según el contexto. Este supuesto ideológico, escrito en los años sesenta, se leyó como una invitación al levantamiento y las consecuencias  para Oesterheld fueron inevitables. Es la hora en que nadie sabe en dónde está el escritor argentino y sus hijas. Un asunto delicado para un país que tiene miles de desaparecidos y madres que aún siguen esperando.
La paradoja es que El Eternauta puede ayudarnos a entender qué sucedió y cómo la historia no deja de lanzar interrogantes. Con el volumen que publicó Editorial RM tenemos acceso a un hito de la novela gráfica hispanoamericana. Incluye las dos primeras partes tal como aparecieron originalmente, y con eso es suficiente para tener una perspectiva de conjunto.
El eternauta
Héctor G. Oesterheld, Francisco Solano López, Editorial RM, 366 pp., México, 2011







Por Luis Bugarini




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