Un cuarto de a Grappa


Publicado porEditorial Graffiti el 18:23



HA CONCLUIDO LA EMISIÓN NÚMERO VEINTICINCO DE LA FERIA NACIONAL DEL LIBRO INFANTIL Y JUVENIL DE XALAPA  Y LOS RESULTADOS QUE SE ESPERABAN NO SUPERARON LAS EXPECTATIVAS. EL DILETONTO LO RESUME ASÍ EN ESTAS LÍNEAS: “NO HAY IDEAS NUEVAS: LA FERIA SE MANTIENE EN FLOTACIÓN, REPITIENDO FÓRMULAS QUE EN PRINCIPIO FUNCIONARON Y HOY SON OBSOLETAS, AL TIEMPO QUE DESAPARECEN TRADICIONES QUE NO SON RELEVADAS”.
La Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa cumple veinticinco años en 2014. Nació en 1990 acatando una política federal: Las Cuatro Estaciones del Libro del Conaculta, programa de fomento a la lectura a nivel nacional. En consonancia surgieron por todo el país ferias con carácter estacional dedicadas a niños y jóvenes; de esa generación sólo continúan las de León, Guanajuato, que ha perdido los adjetivos “infantil y juvenil”, y la de Xalapa, quien conserva su especialidad de origen.
En Veracruz la realización se encomendó a la Secretaría de Educación y Cultura, SEC, entonces muy activa, durante el interinato de Dante Delgado Rannauro. Lourdes Hernández Quiñones, a quien justamente se reconoce como la fundadora de la feria, asumió la encomienda. A lo largo de los nueve años de Performance diversas crónicas, una de ellas extraordinaria, la de Juan Javier Mora-Rivera en el número 50, han atestiguado tanto la vitalidad como la contaminación del espíritu de la feria de pulsiones políticas.
Nadando de a muertito
Si algo distingue a la FLIJX es su vitalidad y arraigo. Tras veintiún ediciones la Feria Internacional del Libro Universitario no puede presumir igual posicionamiento y aunque en apariencia luzca más atractiva para los comerciantes, varios libreros locales confiaron que venden más en la FLIJX. En lo que gana la FILU es en estabilidad e identidad. Nuestra feria del libro infantil y juvenil, más allá del entusiasmo que cause en la población, sufre vicisitudes acusando los caprichos y dudosos criterios de los gobernantes y administradores del momento.
A partir del fidelato la feria comienza a decaer. En 2007, a instancias de Víctor Arredondo, se planteó refundirla con la FILU, orgulloso vástago del exrector de la Universidad Veracruzana. Como uno de los proyectos de Fidel Herrera Beltrán era la desaparición del Ivec en principio tal fusión parecía previsible, además de que ejemplificaba los principios de la reingeniería: no duplicar funciones, conciliar programas y actividades para evitar proliferación en áreas y programas. Sobrevivió a esa tormenta pero ya nada fue igual.
Desde la administración de Sergio Villasana Delfín (2007-2010) la dirección del Ivec se ha manoseado más que a una teibolera en quincena. La feria acusó el magullamiento. Se cambió de sede, se retornó al Colegio Preparatorio, se encomendó su coordinación a personas ajenas a la gestión cultural –después de Lourdes Hernández Quiñones, quien oficialmente dejó la feria en 2007, los coordinadores han sido improvisados, sin trayectoria en gestión cultural ni comercial ni editorial. Bueno, qué se puede esperar de los coordinadores si más de uno de los directores ivecos no ha estado a la altura del cargo.
Entre el sello de Félix Báez-Jorge de una feria concentrada en el ámbito local a la feria de este año, modesta en su celebración y con un presupuesto austero sobre todo con los artistas, lo que sobresale de la feria infantil y juvenil durante el sexenio de Javier Duarte es la pobreza tanto económica como en gestión. No hay ideas nuevas: la feria se mantiene en flotación, repitiendo fórmulas que en principio cumplieron y hoy son obsoletas, al tiempo que desaparecen tradiciones que no son relevadas. Se trabaja para cumplir con los formularios del Conaculta, cuyos fondos son los que mantienen en actividad al Ivec en todos los ámbitos. Y al final no cuadran las actividades con los montos.
Los enredos de Harry
La edición XXV debería ser recordada como una de las mejores ediciones de la feria por conmemorar un cuarto de siglo, por ser la única feria viva con el carácter de infantil y juvenil en el interior de la República. Se recordará en cambio como la primer feria bajo la dirección virtual de Harry Grappa. No sorprende que en la presente administración del Ivec, desde que Rodolfo Mendoza Rosendo asumiera la dirección tras el despido de Alejandro Mariano –presentado como renuncia por motivos de salud pero instigada dentro de gobierno–, el secretario de Turismo, Cultura y Cinematografía, todopoderoso amigo del gobernador, haya sido quien presida las ruedas de prensa importantes, las presentaciones de los grandes programas –así la presentación del presupuesto de cultura en febrero de este año, confiriendo al Ivec el papel secundario que desde el fidelato se le ha otorgado. Prueba fehaciente: en la coordinación del Hay Festival hasta el 2013 el instituto, siendo la máxima dependencia en cultura de Veracruz, nunca tuvo injerencia. Se lo disputaron la Secretaría de Turismo, el Ayuntamiento de Xalapa y la Universidad Veracruzana, pero el Ivec nunca. Los directores anteriores, Báez-Jorge y Mariano, ni siquiera asistían a las ceremonias de inauguración o clausura. Hasta ahora, cuando casualmente el secretario de Turismo y el coordinador del Hay Festival son también quienes controlan la cultura institucional en Veracruz.
Las apariciones son simbólicas: imprimen un sello connotativo más que de representación. Mientras el gobernador Javier Duarte de Ochoa no juzgó importante asistir a la inauguración de la feria en fecha tan significativa –tampoco hubo presencia de Conaculta, Harry Grappa asumió el protagonismo e inauguró la celebración el viernes 25 de julio. Fue la primera ocasión, en las ya cuatro ediciones de este sexenio, en que Grappa adquirió preponderancia. Son ejemplares sus palabras en el discurso de bienvenida. Destacó el carácter universal de Xalapa, llamándola sede de la literatura universal, y vinculó a la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa con el Hay Festival. Ambos programas retomados por Grappa después de eliminar a sus respectivos coordinadores y creadores, Alejandro Mariano Pérez y Leticia Perlasca Núñez. Pocas veces se ha acumulado tanto poder en un solo individuo. Mariano quiso acopiar poder cultural –el traslado de El Ágora a la órbita del Ivec fue iniciativa suya– y sin saber para quién trabajaba su recaudo lo entregó a Mendoza Rosendo. O mejor dicho: a Harry Grappa.
Por ello no resulta sorprendente que no expliquen fehacientemente cómo se da la paradoja de que haya crecido el presupuesto pero continúe la penuria –léase al respecto el reportaje de Víctor Benítez en este mismo número. Las limitaciones proverbiales en el último lustro provenían de la falta de equipo y materiales, de las limitaciones para contratar proveedores adecuados y no con base en los topes económicos y ofrecer a los artistas participantes condiciones dignas de audio e iluminación.
Ahora todo se ha destinado al escenario porque la especialidad de este sexenio son los escenarios, los contratos millonarios para la parafernalia: el servicio de banquetes, la sillería, los manteles, las estructuras, los equipos de iluminación, el audio, el transporte. Eso, como sabemos, es lo importante. Porque deja dinero. Pagar a los artistas y a los participantes, no. La cultura sólo sirve si se puede traducir en ingresos. No para el estado o para la comunidad. Para las cuentas bancarias personales. Al respecto el principal proveedor del gobierno de Veracruz en el sector turístico es la empresa Audiver, propiedad de Grappa; quien a su vez posee otro grupo dedicado a servicios turísticos: Grupo Grappa. Su propia semblanza en el portal del gobierno de Veracruz enfatiza que el secretario es el principal proveedor de servicios turísticos; cito: [Grappa] “Es además fundador y socio activo de la asociación civil Convenciones Veracruz, A.C., que integra a los principales prestadores de servicios turísticos veracruzanos.”

Con un presupuesto en más de un millón de pesos superior a la edición de 2013, la edición XXV de la feria no estuvo a la altura de lo que se esperaba por la conmemoración, aunque queden las declaraciones grandilocuentes: la edición más importante, la feria más concurrida. En cambio ha corroborado que la cultura durante la actual administración es un asunto de negocios y de ignominia para los creadores.

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