Espíritu infantil


Publicado porEditorial Graffiti el 16:48


La obra de Marisela Peguero expuesta desde el 20 de junio en Casa Principal, en la zona metropolitana de Veracruz, fundamentalmente por la neutralidad de los fondos y un cierto tono de amenidad se sitúa a medio camino entre la ilustración y la pintura, al menos como hemos venido entendiendo y percibiendo ésta desde hace largo rato. 
Franco, fresco, cordial y lírico, el conjunto de imágenes presentado bajo el título Arcoíris exhibe, sobre todo, un espíritu intencionalmente ingenuo e infantil, si bien con tratamientos que expresan claramente la tenencia y el asiento de diversos dominios que abarcan el oficio y la intención. Es por ello que no se trata de un concepto naif radicado en la cándida ausencia de conocimientos de variada índole que formaliza gracejadas, cosas chistosas, agradables a la vista y frecuentemente gratuitas que, sin embargo, resultan atractivas y respetables por lo que evocan, es decir por cuanto involucran referencias directamente vinculadas con lo sagrado: las niñas y los niños. En la obra de Peguero hay dibujo, proporciones, valores cromáticos adecuados y composiciones apropiadas, recursos con los que evoca los modos de percibir y la sencillez propia de la infancia, misma de la cual ella posee cierta dosis con la que por cierto dialoga con sus pequeños alumnos, a quienes imparte clases desde hace cinco años, formando distintas habilidades plásticas y ejercitando los amables y nobles y necesarios músculos de la inocencia. 
Peguero es así. No se contamina, diríamos, de la complejidad a veces aparente y a veces real de los discursos artísticos actuales. No se enreda ni se confunde con teorías y menos con los desplazamientos del arte o su nuevo espíritu de producción. Esa es su virtud. Sin embargo, pensamos que su personalidad y talento dan para más y que con los mismos temas, sin ellos o a pesar de ellos hace falta un poco de contagio, de intoxicación, incluso, a efecto de complejizar los contenidos y las propuestas en el sentido de Morin, esto es, lo complejo como lo que está tejido en conjunto, como unión entre la unidad y la multiplicidad; como algo que refiera la identidad compleja de lo humano (¿y de lo infantil?); como relación todo-partes, o sea, lo multidimensional. La idea sería interesarse e internarse en los secretos rincones de lo humano para montar así una serie de redes para representar el mapa de la compleja condición humana (insistimos: ¿e infantil?).
¿Por qué decimos que la obra que referimos se sitúa a medio camino entre la ilustración y la pintura? Suele decirse que la pintura está al servicio de concepciones y pensamientos más bien íntimos, con arreglo a los cuales se goza de una gran libertad con relación a la idea, el concepto y los medios utilizados. Por su parte, habitualmente la ilustración se subordina a una idea impuesta por un texto escrito o por un objetivo generalmente publicitario; quizá, también, hoy día, por un pensamiento demasiado lineal, inmoderadamente literal, tal vez porque la necesidad de transparentar y facilitar la interpretación rápida de lo que se comunica obliga a una reducción. Dice precisamente Morin –aunque quizá de otro modo–  que la reducción simplifica lo complejo y oculta el riesgo y la novedad y la invención.
De eso hablamos: en la obra de Marisela Peguero hallamos muchas bondades que radican tanto en la hechura como en el concepto, aunque se abusa y con facilidad de ambos y no precisamente por otra cosa que una suerte de reducción simpática, tal vez complaciente que, basada en los hábitos y las costumbres, resulta cómoda, con lo que de suyo tiene así de pertinente y adecuada pero, también, con el poco espacio que deja para el asombro (nos referimos un poco a esa idea de Lucian Freud acerca de lo que exige del arte: “Pido que asombre, que perturbe, que seduzca, que convenza. La tarea del artista es incomodar a los seres humanos”).
Ciertamente, no deja de haber en las imágenes de esta incansable artista una cuota de crítica, materiales para la reflexión, algo de jugar con el juego y mucho de un lenguaje figurado que sugiere más que decir, no obstante que falta eso otro que por el tema y especialmente en estos días de acoso, hostigamiento y violencia infantil y adolescente en las escuelas y fuera de ellas debería contribuir a incomodarnos más. 
Más complejidad.





Por Omar Gasca

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