El Nuevo Paraíso


Publicado porEditorial Graffiti el 16:45




En este ensayo Honorio Robledo, artista fecundo y de imaginación fértil, propone un mundial de futbol donde para contrarrestar la dictadura de la FIFA se recurre a los poderes de la hechicería.
Troquelados por El Pecado, olvidamos  las grandes religiones solares, promotoras de la cachondería.
Brasil construyó otra historia: impregnó su territorio con la macumba, fuerza oscura, morigerada por la santería y sus múltiples divinidades generosas. Acompañadas por el tambor, elemento mágico aportado por Xangó (que donó su piel como parche), nació el ritmo que marca la cadencia del carnaval, máxima fiesta de la sensualidad, y la vistosa capoeira, arte marcial afroamericana. De esa rítmica se desprende el bossa y la samba; todo un pueblo baila con esas creencias envolventes y pegajosas. Pero la más destacada de sus religiones es el futbol, fiesta y carnaval; el jogo bonitu, recompensado por cinco campeonatos y varios jugadores elevados a la categoría de santos.
Ahora, en el Brasil 2014, celebramos la edición tropical de la máxima liturgia futbolera, orquestada por la FIFA, país supranacional, que establece su territorio en todos los estadios del mundo y cuyo presupuesto es mayor que la mitad de los países de las selecciones que  participan (sin oportunidad de colarse a la final: sirven para abultar el número de transmisiones, para  caer de “de cara al sol”, con su camiseta sudada en pasión.)
La FIFA, país sin bandera, ha troquelado al más popular de los dioses modernos: la Copa Jules Rimet, un ídolo de oro que es venerado, codiciado y consumido por gran parte de la humanidad. Para garantizar la adoración cuatrienal, ha establecido una serie de filtros para que ningún equipo emergente  se lleve la copa a un país donde la economía no remunere dividendos.
Su control raya en la ciencia ficción: repasemos el caso del balón diseñado para el campeonato pasado, el Jabulani; el hechicero de una tribu sudafricana le hizo una macumba. Al “sacrificarlo” estalló violentamente. Un científico, al ver en las noticias el testimonio del único sobreviviente, consiguió otro balón. Al examinarlo con rayos X descubrió una complicada red de hilos de oro, cápsulas de vanadio, gases y un productor de telerones, micropartícula que distorsiona las voluntad y los reflejos. ¿Para qué esa maquinaria? Cardozo, gran jugador, tiró su penal. Cuando los telerones le impactaron el hipotálamo, erró el tiro y quedó fuera  Paraguay. Igual pasó con Ghana: en el último segundo su mejor tirador falló el penal, hundiendo en lágrimas a todo un continente. ¡Lástima!
El evento se difundió en la redes sociales (ver Performance núm. 118),  y la FIFA confiscó a toda prisa el temible Jabulani; pero ahora, en Brasil, ensaya otra fórmula: en el rascacielos donde se concentran las transmisiones televisivas se ha establecido el Cuartel General Antimacumba, en el más secreto de los secretos tecnológicos. El centro de ese edificio es un acelerador vertical de antipartículas que tiene, disfrazado de helipuerto principal, una serie de cañones y aspersores de telerones, con toda la intención de contrarrestar a las macumbas.
Los Brujos Mayores, depositarios de añejas prácticas africanas, son feligreses del fut. Desde aquel doloroso maracanazo, recopilan fuerza y energía para vencer  la maldición. Para que el orden medieval se mantenga, la FIFA utiliza tecnología  de telerones para neutralizar a las macumbas regionales, para que las selecciones que sí venden lleguen a la final.
 Pero no ha funcionado; en el enfrentamiento de tecnología medieval (mantener el orden por secula seculorum) contra la tecnología ancestral solar (que el cuerpo libre viva un mundo libre), las macumbas llevan la delantera: casi todos los equipos cumbiamberos han ganado sus partidos, desestabilizando el ajedrez. La FIFA y las televisoras están comiéndose las ansias. ¿Cómo le haremos para retomar la rienda?
La respuesta ha quedado a la vista: bombardeando al equipo arbitral con telerones para que los goles sean invalidados; un árbitro, profesional, no vio los goles de Gio: los telerones lo obnubilaron. Otros árbitros decretan penales fantasmagóricos…
Eva,  madre primordial y curiosa, le ofrece a Adán: “¡Ven mijo, vamos a comer del fruto prohibido!” Desde ese momento somos hijos del Pecado, dejando el ahora por la promesa de un futuro Paraíso. Pero el control de los cuerpos y de las almas lo tienen el futbol y la tele. A estas alturas de la jirafa, la moneda está en el aire y nos deja ante el portón del Nuevo Paraíso.

¿Triunfará la macumba dejándonos una sabrosa final de Colombia contra Ghana, al son de una batucada en perpetuo carnaval o ganarán los telerones y, tras otro maracanazo, la final será Holanda contra Italia, devolviéndonos a un mundo de reformas y represión?

Por Honorio Robledo


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Divulgación cultural. Información y crítica de los acontecimientos y actividades artísticas y culturales de actualidad en Xalapa. Incluye reportajes, ensayos, críticas, entrevistas, reseñas y artículos de opinión sobre la actualidad de Xalapa, Veracruz y el país.