Sara García, la esencia de un legado


Publicado porEditorial Graffiti el 23:38


Las películas de Sara García de Emilio García Riera y Eduardo de la Vega Alfaro, publicado recientemente por el Patronato del Festival Internacional de Cine de Guadalajara y la Universidad de Guadalajara, ofrece el registro fílmico de uno de los íconos de la llamada edad de oro del cine mexicano. Raúl Criollo conversó con Eduardo de la Vega Alfaro en torno a la gran actriz veracruzana Sara García, “una mujer con una disciplina rigurosísima, espartana”.
La investigación fílmica en México no se hace por sistema, ni es parte de un conjunto de valores académicos como continuación de un proceso. Es apenas impulsada por algunas instituciones como parte de la catalogación de sus acervos o producto de iniciativas personales. La crítica cinematográfica también ha legado su gran divulgación, registro y compilación. Los críticos del cine mexicano han pasado a ser sus historiadores, gracias al esfuerzo, necedad y dedicación de un puñado de personas como Aurelio de los Reyes, Jorge Ayala Blanco, Emilio García Riera o Eduardo de la Vega Alfaro, entre algunos más.
El trabajo esmerado del maestro Eduardo de la Vega Alfaro (profesor, investigador y doctor en Historia) ha permitido a los cinéfilos entender, desde la agudeza de la lectura fílmica (sentido del lenguaje, peso histórico, trascendencia de los realizadores y sus apuestas narrativas), al conjunto de la obra estética que permanece, como en su libro Del muro a la pantalla. S. M.Eisenstein y el arte pictórico mexicano (Universidad de Guadalajara, Instituto Mexiquense de Cultura e Imcine, 1995) y el escenario personal de las figuras esenciales de nuestro cine (Arcady Boytler, Fernando Méndez, Roberto Gavaldón, Jorge Fons, Gabriel Retes…).
Parte de la agenda más importante del Festival Internacional de Cine de Guadalajara 2014 (FICG 29) fue reconocer a dos figuras emblemáticas del cine nacional: Sara García y María Victoria. Con presencia de doña María, el festival cumplió con una de sus facetas recurrentes y celebradas de reconocer en vida a las estrellas que han cruzado nuestra pantalla. Por su parte, Eduardo de la Vega Alfaro presentó el libro Las películas de Sara García. Un recorrido “no biográfico, sino filmográfico”, por las 154 películas de la actriz, veracruzana de nacimiento (Orizaba, 1895), y mucho más que sólo –si bien es parte de la esencia de su legado en el cine– “la abuelita del cine mexicano”.
Concluyendo una ruta de investigación que inició Emilio García Riera, De la Vega Alfaro –su amigo y discípulo– concluyó a iniciativa de Iván Trujillo, director del festival tapatío, esta aproximación a la actriz, con una revisión rigurosa por cada una de sus cintas, permitiendo comprender el conjunto de una obra monumental de disciplina histriónica en todos los géneros.
“Este libro” –precisa el autor– “es la suma filmográfica en primera instancia de Sara García, que también es un homenaje al trabajo de Emilio García Riera. Al trabajo que hizo como filmólogo, filmógrafo y filmófago del cine mexicano […] Emilio lo dejó muy avanzado en la cuestión filmográfica, pero hacía falta una nota biográfica, una introducción. Y también hice una revisión de una buena parte de la filmografía para completar datos, y agregarle mi punto de vista a algunas películas que me parecen importantes y que a Emilio no le parecían tanto.”
El estreno de la película hispano-italiana Los dinamiteros (Juan García Atienza, 1962), nunca exhibida previamente en México, acompañó la presentación del libro firmado por De la Vega Alfaro y Emilio García Riera, con un diseño de buen gusto en estricto blanco y negro, como una permanencia de la memoria con que el cinéfilo nacional recuerda a la actriz. El libro fue diseñado por Amanda García, la hija de García Riera, y corregido por Cristina Martín Sarrat, la viuda del propio Emilio. 
Aclara Eduardo de la Vega Alfaro: “En los casos de Caridad de Jorge Fons; Porque nací mujer de Rogelio A. González; o en Los dinamiteros de Juan García Atienza, yo tengo la impresión de que Sara era muy consciente de que su figura, de que su icono, de que su estereotipo, de que su arquetipo incluso, era utilizado con un sentido muy diferente al de la estructura industrial. Y le daba gusto eso, le satisfacía porque ese tipo de películas eran propicias para demostrar que era una gran actriz. Mujer con una disciplina rigurosísima, espartana, estaba en el set a la hora que le decían, vestida, maquillada … era la que daba el ejemplo, de rigor y de pasión y de amor por su trabajo. En esa medida ella era muy consciente de que sus posibilidades no fueron explotadas lo suficiente.”

Con una muy buena selección iconográfica, surgida de una gran búsqueda en los archivos de Filmoteca de la UNAM, la colección personal del cineasta Roberto Fiesco (dueño de más de 6 mil fotografías del cine mexicano), los cuadernos de la Cineteca Nacional y otros más, el libro conforma un documento atesorable de una de sus principales figuras del cine mexicano.



Por Raúl Criollo


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