De la libertad de prensa


Publicado porEditorial Graffiti el 12:08

Esta manta sí se ve. Marcha: Prensa, no disparen. Xalapa
Sí, Veracruz es reconocido como un foco rojo en el mapa nacional e internacional del ejercicio periodístico desde hace algunos años. Sin embargo, parece lejano el día que esto cambie. ¿Cuáles son las razones visibles e inadvertidas de esta situación? Luis Enrique Rodríguez Villalvazo expone, una vez más, que “antes de salir a las calles a demandar explicaciones hace falta un ejercicio severo de autocrítica de parte de los dueños de los medios y los profesionales de la información, hay una terrible resistencia a ello en contraste con la persistente vigilancia de los otros ámbitos públicos”.
La nuestra es una época de… prensa amarillista “de investigación” a la pesca tanto de conspiraciones con las que poblar de fantasmas un espacio público ominosamente vacío como de nuevas causas capaces de generar  un “pánico moral” lo suficientemente feroz como para dejar escapar un buen chorro de miedo y odio acumulados.
Zygmunt Bauman
Hace ya casi dos años, con esta misma cita –hoy un poco más corta– del sociólogo polaco encabezaba una breve reflexión en torno al homicidio de cuatro reporteros en Veracruz y la reacción de sus compañeros y de una parte de la sociedad demandando garantías para el libre ejercicio de su labor periodística.
En aquella oportunidad enumeraba una serie de factores que contribuían a la vulnerabilidad del reportero en el desarrollo de su labor informativa: carencia de protocolos de seguridad para salvaguardar la integridad de los trabajadores de los medios; vicios atávicos en la relación prensa-actores políticos (como son la propensión al cochupo y la dádiva); desinterés en dignificar el trabajo periodístico donde los sueldos y la capacitación son bajos; carencia de un espíritu de cuerpo entre los periodistas –sólo se unen bajo ciertas circunstancias y no todos participan, temerosos de perder privilegios; y la falta de un criterio común en la cobertura de temas relacionados con la delincuencia organizada eran algunos de ellos.
A dos años de aquel ejercicio, las condiciones no han cambiado un ápice. Antes de salir a las calles a demandar explicaciones hace falta un ejercicio severo de autocrítica de parte de los dueños de los medios y los profesionales de la información, hay una terrible resistencia a ello en contraste con la persistente vigilancia de los otros ámbitos públicos, vigilancia en muchas ocasiones motivada por intereses ajenos a lo informativo.
Se mantienen las prácticas sensacionalistas y el amarillismo predomina por encima del análisis y el periodismo de investigación, lo que da pauta a excesos, imprecisiones, especulaciones y bulos de diversa índole. Transcurridos catorce años del siglo XXI, las preferencias sexuales de los actores públicos siguen siendo el pábulo que alimenta comentarios orientados a zaherir al blanco determinado y nadie ha reparado en ello, por el contrario, se festeja.
Cada que se agrede a un periodista se da por sentado que es consecuencia del ejercicio de su profesión y no siempre sucede así; nadie cuestiona el uso de un medio de comunicación como mecanismo de chantaje. La objetividad y carácter crítico de una publicación están directamente relacionados con los convenios publicitarios que se establezcan o no, verdad del quevediano personaje.
Los medios han devenido en ministerio público y jueces, sin posibilidad de rebatir la sentencia emitida desde columnas y editoriales que se recargan en la manida libertad de expresión. Al respecto, Marco Levario señala que el “poder (fáctico) de los medios acota al poder de las instituciones, en deterioro de la credibilidad del sistema judicial, y más allá de tener en cuenta las enormes insuficiencias que éste tiene”. Es cierto, las instituciones se han encargado de que todo lo que provenga de ellas –sobre todo en materia de información– sea visto con recelo y desconfianza.
Está perfecto que se demanden investigaciones claras y que se precisen las causas de las agresiones contra periodistas, pero hace falta que esa demanda se traslade a los propietarios de los medios que no asumen ninguna responsabilidad para con sus trabajadores. Se ha vuelto ya una constante ver en las boletas electorales los nombres de comunicadores (sean columnistas o simples lectores de noticias) que deciden pasar de las páginas o pantallas de la televisión a la palestra electoral. Eso va en detrimento de la credibilidad del medio y hasta ahora nadie ha protestado por eso.
Cito de nuevo a Levario: “El profesional de la información es un intermediario entre la sociedad y los hechos que le comunica. La manera en cómo lo hace es lo que determina la calidad de la información”. En la medida en que no se entienda esto, que no se inculque desde las aulas universitarias o en las salas de redacción, mientras siga prevaleciendo la visión de que un periódico, un portal de noticias, una revista, un programa de radio o televisión, es una forma más de enriquecerse al amparo de los recursos públicos, las agresiones contra los periodistas, la coacción en el ejercicio de sus funciones, prevalecerá.






Por Luis Enrique Rodríguez Villalvazo

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Divulgación cultural. Información y crítica de los acontecimientos y actividades artísticas y culturales de actualidad en Xalapa. Incluye reportajes, ensayos, críticas, entrevistas, reseñas y artículos de opinión sobre la actualidad de Xalapa, Veracruz y el país.