El agobio de Veracruz. Caso Gregorio Jiménez


Publicado porEditorial Graffiti el 12:45

Gregorio Jiménez
EL 11 DE FEBRERO apareció el cadáver de Gregorio Jiménez, periodista desaparecido apenas días atrás. Con su asesinato suman diez las muertes de periodistas durante el actual sexenio en Veracruz. Juzgado como poco más que una rencilla personal, su asesinato sin embargo suscitó enconadas protestas y una imagen aún más negra para el estado a nivel nacional e internacional en lo relativo a derechos humanos, cuyas repercusiones aún no acaban.
El asesinato de Gregorio Jiménez, reportero policiaco de los periódicos Notisur y Liberal del Sur,  provocó clamores y protestas tanto en el ámbito nacional como internacional suscitando airados editoriales y reportajes, no sólo en los medios más importantes de México, también de agencias extranjeras como Efe, cadenas como CNN y periódicos como El país y La opinión de Los Ángeles.
El miércoles 5 de febrero un grupo de hombres armados secuestró al humilde reportero en su propia casa cuando volvía de dejar a sus hijos en la escuela. Una colega, tras llamada de la esposa, enteró de inmediato del delito al Mando Único Policial y al Ejército. A través de las redes sociales la organización Artículo 19 y Periodistas de a pie propalaron el hecho y pidieron al gobernador del estado de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, un operativo revisando la zona sur del estado para localizar al reportero. Seis días después, tras intensas protestas y campañas enconadas en Twitter que pedían la renuncia del gobernador ante la falta de respuesta, Gregorio, Goyo apareció en una fosa en el poblado Polanco, en la colonia J. Mario Rosado, en Las Choapas.
Gregorio Jiménez fue asesinado con saña. Sus victimarios lo torturaron y degollaron. Pese al sello de la casa, la Procuraduría de Veracruz determinó que el móvil del crimen había sido una venganza personal. Cuestionados sobre si la actividad profesional de Jiménez provocó el crimen la vocera del Gobierno del Estado de Veracruz, Gina Domínguez Colío, negó siquiera la posibilidad. La culpa fueron problemas entre Gregorio y Teresa de Jesús Hernández, encargada del bar El Palmar o El Mamey. Se trataba de un lío amoroso, dijeron. Sin embargo había muchas inconsistencias y coincidencias en el caso. Una de ellas la ironía de que al líder sindical cuyo secuestró suscitó uno de los últimos reportajes de Jiménez, Ernesto Ruiz Guillén, alias El Dragas o El Cometierra, apareciera sepultado en la misma fosa que Goyo. Otra: las denuncias a través de las notas periodísticas de El Palmar como sitio de aprensión y ejecución de los inmigrantes centroamericanos y la colusión de la encargada con el grupo Los Zetas. Suficientes para asentar la lectura de que Jiménez trataba temas complejos y peligrosos. Sin embargo, para el secretario de gobierno de Veracruz, Erick Lagos, en entrevista con Milenio TV, esta lectura carecía de sustento asegurando que el móvil fue la venganza por líos de vecinos. Curioso. Apenas un día antes, cuando Gregorio todavía continuaba desaparecido, Lagos señaló que tenían todo controlado vaticinando que resolverían el caso máximo en dos horas. Admitió también que no descartaba ninguna pista: “Traemos muchos avances, no descartamos ninguna línea de investigación, aunque hay una línea que es la más dura y la más seria, pero que por la secrecía de la investigación, no podemos hacerla pública.”
Artículo 19 criticó las declaraciones del funcionario calificando de alarmante que  “la Procuraduría General de Justicia de Veracruz pretenda descartar de inicio la línea de investigación relacionada con el ejercicio periodístico, señalando que un conflicto personal entre vecinos fue el móvil del asesinato de Jiménez”.
http://www.animalpolitico.com/2014/02/encuentran-muerto-al-periodista-veracruzano-gregorio-jimenez/#ixzz2thijniN1 
La última de las circunstancias curiosas: se pagaron veinte mil pesos por el crimen. Veinte mil pesos a repartir entre cinco participantes. Por lo visto la crisis ha llegado al ámbito de los sicarios que trabajan ahora sí que por un puñado de pesos. Más ganarían de estibadores pero seguramente matan por vocación, no por necesidad.
¿Fuego amigo desde México?
Debieron pasar días y con ellos el aumento de las protestas y la ira en redes sociales, la publicación de editoriales, reportajes y artículos en periódicos de circulación nacional e internacional, y la intervención de casi todas las organizaciones defensoras de los derechos humanos nacionales e internacionales, la ONU incluida, para que el gobernador Javier Duarte concediera en una inesperada rueda de prensa que la investigación continuaba abierta y que se consideraría la labor periodística de Jiménez como posible motivo para el crimen. Uno se pregunta: sin esa demanda casi universal y esas protestas, ¿el crimen de Jiménez habría quedado en un episodio más de ese escenario de melodramas en que se insiste se ha convertido Veracruz? De Milo Vela a Gregorio Jiménez, sin soslayar el asesinato de Regina Martínez, se nos ha reiterado que los asesinatos no responden a un atentado contra la libertad de expresión sino a meros crímenes de pasión, consecuencia de la incapacidad de los reporteros por domeñar sus arrebatos. Como si ser periodista implicara vicios innombrables, tratos vergonzosos con marginales y amores y pasiones viscerales. Veracruz o el Sturm und drang.
Que revistas como Proceso, Animal Político, Sin embargo y varias otras publicaciones críticas cubrieran prolijamente el caso, no sorprende. Lo asintomático y peligroso para el duartismo son las editoriales en La Razón, una de ellas firmada por el propio director, Pablo Hiriart, y la columna de Ricardo Alemán intitulada “Veracruz: ¿por qué?” http://www.periodicocorreo.com.mx/opinion/144497-itinerario-politico-del-18-de-febrero-2014.html
Ambos periodistas han sido vinculados con poderosos grupos de priistas —a uno de ellos se le asocia incluso con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. Coincidentemente ambas columnas de periodistas tan reconocidos apuntan a la fragilidad del gobierno de Veracruz y la dificultad del mandatario para controlar las finanzas y los grupos delictivos. Alemán concluye su columna con una pregunta: “Algo no está bien en Veracruz. ¿Por qué?”

La lección que ha dejado el caso del asesinato de Gregorio Jiménez no apunta sólo a la presión que el manejo de la información causa en Veracruz, sino también a que eventualmente el gobernador Javier Duarte estaría siendo evaluado en el ámbito nacional, sea por el PRI o por el gobierno federal, y que la conclusión es que su mandato más que beneficiar puede perjudicar a largo plazo.




Por José Homero





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