Elysium


Publicado porEditorial Graffiti el 15:58


Raciel Martínez nos habla de la evolución del cine del director sudafricano Blomkamp; su más reciente película Elysium, protagonizada por Matt Damon y Jodie Foster es prueba de ello.
Es tan generoso el discurso de la ciencia-ficción –por ser tan poliédrico en sus eventuales contenidos– que ha estimulado el desarrollo de un cine de autor, no obstante estar replegadas muchas de las películas a un sistema mercadológico de producciones para consumo de verano (aunque, habrá que decirlo, es el género menos maleado por las fórmulas facilistas).
Observamos esta bondad poliédrica de la ciencia-ficción en un director como Ridley Scott, que tejió entre Blade runner, Alien, el octavo pasajero y Prometeo todo un discurso romántico con una estética muy peculiar en donde las atmósferas son planteadas desde el artificio con ecos de canon artístico y de la cultura de masas.
Otro caso, me atrevo a decir que paradigmático, es Guillermo del Toro, quien con Titanes del Pacífico comprueba que, a pesar de filmar en un formato de blockbuster, registra un sello particular con resonancias neobarrocas y con una factura impecable.
En este sentido, Elysium muestra a otro director que, desde su primera película, dio pistas de ser un creador total que impone un estilo, en aparente contradicción, por ligar elementos diametralmente opuestos que sirven de base para sistemas de producción cinematográfica enfrentados con enormes diferencias: una maquinaria industrial y un cine independiente. Y es que, revisemos Elysium bajo el enfoque de un estilo contradictorio, cómo es posible que un género como la ciencia-ficción, que demanda un elevado estándar de producción para garantizar la credulidad, se combine con un método de cámara al hombro como si fuese un documental o reportaje periodístico, tal y como lo hace el director Neill Blomkamp.
Blomkamp es un joven nacido en Johannesburgo, Sudáfrica, que desarrolló su carrera profesional en Vancouver, Canadá. Blomkamp es un cineasta con amplia experiencia previa a sus dos largometrajes. Ha filmado cuatro cortometrajes (Tetra Vaal, Alive in Joburg, Tempbot y Yellow), de uno de ellos derivó su primer película, Sector 9, producida por Peter Jackson, creador de la saga de El señor de los anillos. Asimismo, tiene en su cauda curricular un palmarés publicitario integrado con anuncios de Gatorade, Citroën y Nike. Además se distingue por implementar su discurso con las nuevas tendencias tecnológicas, como la animación 3D. En 2010 dirigió un video en formato del Ipad para Wired.
Sector 9 es un filme que despertó expectativas favorables. Es una combinación de elementos, muchos de ellos precarios, sin grandes pretensiones. Exhibe una trama inteligente repleta de tipos extravagantes y con un trasfondo posmoderno en donde, de forma irreverente, se burlaba de la corrección política en torno al multiculturalismo con un juego perspicaz acerca de la otredad, tópico tan manejado en los discursos de serie B desde hace años previo a las políticas públicas que atienden el acomodo nacional de los flujos migratorios.
En Elysium, aunque ya no conserva el humor negro de Sector 9, prevalece la huella estética de Blomkamp. Es más, prevalece un estilo raramente realista en donde los ghettos se aprecian como si estuviésemos en una película documental. A Blomkamp le es suficiente el paisaje de villa miseria de Iztapalapa, del Distrito Federal, para presentar un universo postapocalíptico. Elysium en esta parte contextualiza la historia de injusticia social –la sociedad dividida en clases como en Cloud Atlas–, en una Tierra convertida en basurero y en donde los ricos deciden abandonarla y crearse un mundo idílico. Podríamos recordar más películas con dicho planteo, pero sólo nos remitimos a Wall-e, un filme infantil que exponía igual situación que Elysium.

La cosa es que de un tema vuelto género con lugares comunes políticos, Blomkamp lo transforma en un cine de autor con el sello que lo distingue. Esa combinación de elementos precarios ahora con una súper producción, y ese toque de personajes al límite –sacrificados en cuerpo–, coloca a unos mártires que harán hasta lo imposible por lograr su objetivo de justicia social: el respeto de los aliens en el ghetto de Johannesburgo como en Sector 9; o por conseguir atención médica salvadora para una niña enferma de leucemia, como ocurre en Elysium. Es evidente que Blomkamp apuesta por el bien común por encima del individuo; por ello es que sus tramas buscan, precisamente, a un mutante como sinónimo de causa máxima en tiempos híbridos donde la otredad ya salió del ghetto.



Por Raciel D. Martínez: Es el señor doctor, el vocero oficial de la Universidad Veracruzana. Sus juicios cinematográficos son personales, eso sí.





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