El infinito sótano del mundo


Publicado porEditorial Graffiti el 13:34

Sótano de sí
Sótano de sí de Camila Krauss se presentó en Xalapa a principios de agosto con notable éxito. Teresa López Avedoy, una de las participantes de ese acto escribe que “la primera vez que leí el Sótano, lo primero que pensé fue que a veces se tiene un agujero en el corazón, en el infinito sótano del mundo, y eso es cuando no se comprende el aquí, como me pasaba cuando leía el libro, como me pasa hace tiempo”.
I. La poesía méxicomexicana
Los comentarios en torno a la poesía, los poetas, y/o a los libros de poemas, suelen presentarse con fuertes referencias regionalistas, ya sean protagónicas o no, de acuerdo al setentero y restrictivo modelo centro-periferia, donde la poesía chilanga será referida como “poesía mexicana” y en cambio, la poesía no chilanga, como poesía “del norte”, “poesía del centro”. Peor aún cuando se recurre a términos individualistas y político-administrativos que arrojan bloques como: “poetas de Oaxaca”, “poetas de Sonora”, “poetas de Veracruz”, etcétera. Abundan tantos libros y presentaciones, que al final, en torno a la poesía, solemos repetirnos y optar por las frases hechas, sin cuestionarnos su validez o su cuño.          
Los tópicos son casi inevitables, por eso intentaré hablarles de los poemas que conforman Sótano de sí, sin preocuparme por “georeferenciarlo” en torno a una poesía municipal, estatal o territorial, y es que ¿tan necesario es decir que se trata de poemas del continente americano, sección norte, de una esfera achatada que no dijo ni pío cuando algún árabe medieval le asignó orientaciones? Quizá, por el momento, sea mejor contarles que estos poemas no se escribieron en México, sino en el planeta tierra.
En cuanto a la autora, sólo puedo confesarles que conocerla ha sido pura buena casualidad; entre las muchas cosas que ignoro en el mundo es si Camila Krauss es o no una de las voces más relevantes de la actualidad de 2010 o de 2015 o de 2020: sé que a veces rememoro el timbre de su voz, pues fragmentariamente la recuerdo leyendo sus poemas, y que también me resuenan sus gestos contrargumentando algún punto, sobre poesía, sobre las cosas que (in)conforman porque importan. Por eso sé que es una voz que se recuerda: como me sucede cuando me aburro en algún taller, y me vienen a la mente retazos, como:“la raíz no sabe lo que su sed sostiene”, y así.
II. Por qué y para qué un libro de poemas 
Hay quien cuestiona, a estas alturas, si los poemas deben o no dar cuenta de la dificultad del tiempo cíclico y su retorno a la barbarie: en un tiempo donde aparentemente ya no quedan revoluciones posibles, nuestra referencia vía libresca fueron revoluciones que hoy en día tienen diabetes ideológica y várices consumistas; para nosotros, buenos hijos de los setenta, poco queda de aquel soñado nuevo siglo veintiuno, salvo ediciones rezagadas.
Otras veces, me ha tocado escuchar a autores que se cuestionan sobre la importancia de la poesía en los tiempos que corren, se preguntan en voz alta qué puede (o debe) representar, traducir… el poema en esta época, no sólo en un país como el nuestro, sino en un planeta en crisis. De esta forma, hay quien alega que no se necesita poesía porque nos rebasan los sucesos. Pienso que la poesía sirve precisamente por eso, porque nos rebasan los sucesos: si ya se nos había dicho que un poema puede hacer(nos) discernible(s)// a través del lenguaje// en el espacio-tiempo particular, y eso porque el lenguaje contiene al tiempo y el tiempo al lenguaje. La poesía es vital por eso, porque cada espacio-tiempo necesita indagar en sus propios registros, a su manera, la poesía trabaja con el lenguaje de su tiempo. Etcétera.
Recuerdo que alguna vez en un taller alguien apuntó que// ante nuestra narcorealidad// la poesía debería ser un oasis, por ejemplo. Pero la poesía no se trata de ideas: el espíritu no tiene ideas. Y los poemas de este  libro, definitivamente, no están hechos de ideas.
III. El sentido de la poesía y las búsquedas ante la crisis
En la poesía, como en el budismo, se es. Y qué necesaria en estos tiempos que nos habita una especie de subsuelo, en los que a veces se acude a la dulce yoga, a los mandamientos de Gurdjief, al box, a la terapia, a Jodorowski, porque este es un periodo de particular dificultad en el que vivir, respirar y escribir, como se puede ver acá, desde el transfondo siempre puede haber un paso y otro para salir, desde el sótano, a un poema. La cosa es así con gente como nuestra autora, que como ustedes sabrán, prefiere hacer del camino de la vida un viaje.
En tiempos así, cuando se está en el sótano de una, como lectora hay dificultad porque la poesía no puede entrar en nosotros como pedroporsucasa (hay veces // que todo lo que sucede // se torna subsuelo); por eso cuando inicié la lectura del libro empecé a proyectar en él algunas de mis inquietudes al respecto de los tiempos que corren; encontré imágenes, versos, que sé arrojaron luz a mis propios recovecos. Como en el poema “Tomo refugio”, como al evocar un dolor viejo por mí: Tsvietáieva.
IV. Del Sótano de sí y los poemas de CK
Es obvio que mi ejercicio es ocioso, en primer lugar porque los poemas están al alcance de la mano, encuadernados y en vía libre hacia el lector, y entonces hablar desde mi experiencia íntima, personal, emocional, con este libro nos está quitando tiempo y ya estuviéramos escuchando a la autora leernos algo.
Y luego, qué difícil intentar presentar a alguien a quien admiras y no caer en el elogio (velado o con pudor, desmedido o dosificado), o peor aún, como en este caso, andarse por las ramas del elogio, ya sea del libro y/o la autora. Coincidir con la autora me facilitó el acceso a La consagración, a El ábaco de acentos y ahora al Sótano, y que hubiera sido muy difícil conseguirlos en las pocas librerías a mi disposición.
Sé que debería decir cosas como que sus textos se alimentan por un lado del Metta budista, del Metta creativo de la emoción fraternal y el desinterés; y, por otro lado, del Měta (μετά) occidental // de los Sótano del significado. Pero supongo que esto ya lo habrán notado los presentadores más versados que yo en estos asuntos en los libros anteriores, y que también lo seguirán haciendo en el futuro.
El libro Sótano de sí se divide en cuatro apartados. El primero: “Una piedra joven, la gravedad y las estaciones” nos lleva la voz que nos permite situar nuevos aquís. Y no digo que nos situemos, nunca, sino que a través de la lectura podemos sólo “ser llevados”, tránsito vil // no estancia; por ejemplo, desde el Salón de la nube a Tassajara, desde un lenguaje familiar no pretencioso, porque todos los sitios parecen surgir desde una contemplación sin pretensiones de abismos.
En el segundo apartado habita un inframundo desde el que se pide: “prométeme la pequeña promesa / cantar al salir de esta muerte”. En el tercer apartado, “Agujero en el corazón”, hay tres poemas metapaisajistas; y, finalmente, en el cuarto apartado, contrario a lo que parezca, se contiene la parte más budista, por la intimidad de las circustancias vitales que ahí se leen (y releen).
En lugar de unas neomemorias del subsuelo, al estilo descorazonador dostoveieskyano, podemos pasar a leer el Sótano de sí. Y es que desde hace rato lo que era la esperanza de un sitio habitable // se convirtió en el sótano de mí.
Pienso que en Sótano hay un ejercicio intencionado de extrospección que elimina la (inútil) dicotomía profundidad/superficie: al concentrarse interiormente, la autora también permaneció atenta al espacio-tiempo en que fueron escritos.
¿Cómo afrontamos lo posterior a aquello que es efímero/esperado, intuido, pos-e-inter-revelado? En el Sótano observé que desde el subsuelo es posible observar, estar alerta y explorar a través de la escritura cualquier estar.
No hay un periodo claro para la recuperación de los sucesos políticos y sociales (y personales) que a veces marcan nuestro ritmo de vida por un periodo de tiempo, y ayuda a la recuperación detenerse, hacer que existan poemas que otorguen importancia mayor a nuestros sucesos: desde lavar garbanzos para el humus hasta interrogarnos por la recuperación de la obsesiva, cada vez neogótica, migraña. Pero lo importante de la escritura de poemas ni siquiera es qué refleja en el lenguaje/emoción/texto. Lo que importa es que se es.
La primera vez que leí el Sótano, lo primero que pensé fue que a veces se tiene un agujero en el corazón, en el infinito sótano del mundo, y eso es cuando no se comprende el aquí, como me pasaba cuando leía el libro, como me pasa hace tiempo.
También recordé lo que dice Wislawa, que no siempre se tiene un alma, ya que a veces se pierde, porque no siempre se conserva y que en realidad hay que ganársela, cuidarla y, de ser necesario, ayudarla a abandonar cualquier sótano. Y me parece que eso puede hacerse como en estos poemas, con cierta alegría agravante, con cierta compasión irónica, como la  que se filtra en el no-diálogo.
V. Brevísimo finalmente

Volviendo a las presentaciones y su inevitabilidad, y para no dejar de mencionar lo geográfico, es cierto que en este libro hay un trasfondo de sitios, de lugares que existen, pero lo que importa de estos sitios es que no necesariamente se sitúan en los mapas o en un espacio-tiempo específico, sino que se habla de los lugares del sí, de los sitios de la poética y de la emoción en un tiempo duro y contradictorio: en un tiempo sin contemplaciones para con uno. La autora opta por la dura, por difícil, contemplación. Y lo comparte. Al menos para mí, como lectora de los libros anteriores de Camila Krauss y quizá de decenas de sus textos, por ahora he arribado a la conclusión de que sus poemas son como la taza kraussiana del discípulo: sin asideros visibles, sin chaturas ni obviedades al uso.

Por Teresa Sánchez Avedoy: Es poeta; tiene publicados más de cinco libros de poemas y estudia el doctorado en arquitectura.



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