Vacío y bancarrota provisional


Publicado porEditorial Graffiti el 20:35

Obra de Tim High
Como una reacción a un polémico escrito de Tim High, se presenta Vacío y bancarrota en la Galería Fernando Vilchis del Instituto de Artes Plásticas. Omar Gasca plantea aquí que se trata de “una probadita, una muestra, un ejemplo, casi un hito, una señal de lo que hay que promover, provocar, convocar, inspirar, esperar: que pase, que suceda algo…”
Con el espaldarazo que le dan su puesto como profesor en la Universidad de Austin y su obra en colecciones del Museo Metropolitano de Arte, el Instituto de Arte de Chicago, el Centro de Arte de Milwaukee y el Museo de Arte Fogg, entre otros, Tim High escribió y difundió su texto Bad boy art & artists que, convertido en mensaje viral, provocó la indignación de los artistas aludidos     –Ray Gloeckler, Karen Kunc, Eric Avery, David Conn, Charles Jones, Sylvia Walters, Michelle Martin y más–, a quienes califica de productores de anti-arte, incapaces digamos de ofrecer algo nuevo, algo de singular mérito,  originalidad, o con un significado cultural duradero. Son, dice,  “sencillamente los mismos oscuros, peludos, groseros, agitados, asqueados, rabiosos, tramposos practicantes de los siete pecados capitales” (“dark, hairy, rude, boisterous, vomit-hurling, fang-bearing, claw-welding, seven deadly vices”), identificados o asociados o comprometidos, además, con las equívocas estéticas cincuenteras, sesenteras, setenteras, ochenteras y noventeras en las que desfilan desde Big Daddy, Ed Roth (Rat Fink / Monster Cars), Gilbert Shelton (Fabulous Furry Freak Brothers / Wonder Warthog) y autores y poetas como William Burroughs y Charles Bukowski, hasta Beastie Boys, Queen, Black Sabbath, Guns & Roses, Slipknow, Black Crows, Korn, Goat Whore e Insane Clown Posse, sin dejar de lado, claro está, a Dylan, Donovan, Jimi Hendrix, Janis Joplin y… Bruce Springsteen (que éste en todo caso sobra, a menos que consideremos su We shall overcome: The Seeger sessions, 2006, que tiene piezas extraordinarias como “Pay me my money down”).  ¡Burroughs, Bukowski (“Los muertos no necesitan / aspirina o / tristeza / supongo / pero quizás necesitan / lluvia / zapatos no / pero un lugar donde / caminar”) y Janis!  Si leyéramos, si escucháramos, acá en el Sureste diríamos ¡Coño!
El texto de High, más allá –¿o acá?– de su utilidad como recurso nemotécnico para recordar y reproducir el disco inmediatamente arriba citado (y que ahora sirve de fondo a este breve concierto de teclas), es lo más parecido a la explosiva, irreflexiva, instintiva e insensata y fantástica perorata de una tía que mientras teje chambritas mal habla de los vecinos. Sin embargo, tiene una virtud, indeliberada, automática, pero que construye pretexto. Porque los artistas gráficos norteamericanos, connotados todos (y ofendidos, esa es la palabra), de quienes el profesor/artista considera que “sus estrategias estéticas se basan principalmente en un sensacionalismo e impacto inicial afrentoso, y muchas veces vacío de un valor conceptual duradero más allá del momento” y cuyas obras son “esencialmente un lamento del estado en descomposición del alma y el espíritu norteamericanos”, le contestan, y lo hacen con lo que saben hacer, su obra, aunque parafraseando a Kennedy escuetamente pudieron responderle con algo así como “No te preguntes qué puede hacer el arte de los demás, pregúntate que puedes hacer tú con él”.
De eso trata la colectiva Vacío y bancarrota, obra plástica en respuesta a una controversia, que se presenta en la Galería Fernando Vilchis del Instituto de Artes Plásticas, desde el jueves 15 de agosto. Una probadita, una muestra, un ejemplo, casi un hito, una señal de lo que hay que promover, provocar, convocar, inspirar, esperar: que pase, que suceda algo; que haya retroalimentación, respuesta, controversia pública, abierta, en la red, en los diarios, en la galería. Feed back, dirían allá y, acá, un poco de eso que se parece al “qué me ves, güey”. Algo de combatividad. Algo de que las palabras y los gestos y las cosas producen efectos emocionales e intelectuales y… acciones. Newton dijo algo así en su formulación original: Actioni contrariam semper & æqualem esse reactionem: sive corporum duorum actiones in se mutuo semper esse æquales & in partes contrarias dirigi. Pongámoslo más simple: acción y reacción: yo digo, tú contestas. Porque lo de todos los días es que-no-pa-se-na-da, excepción hecha del cultivo de los egos y el servicio para que cada cual justifique, “legitime” sus espacios, funciones y cargos: dos, tres tragos y ahí nos vemos. La conjugación: tú expones, yo escribo, ellos vienen, nadie ve, nosotros presumimos de que apoyamos a la cultura, todos beben (cuando hay, que es nunca y casi). Sanseacabó. No hay futuro perfecto. 

Por otra parte da gusto (palabra en desuso o en todo caso descalificada para garantizar que da lo mismo lo que sea, que Byron Brauchli, artista con oficio y trabajador, esté al frente de esto que llamaríamos “ensayo” y muy en el sentido de Montaigne, porque no se trata de otra cosa que participar cada cual en un debate o controversia con sus respectivas verdades que son, ni más ni menos, provisionales. Entre las cosas buenas, un pleito inteligente.





Por Omar Gasca

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