Violencia, lugar común


Publicado porEditorial Graffiti el 13:56

El gel no me permite rascarme la cabeza
Más allá del discurso oficial, la violencia ha ganado fuerza en territorio nacional. Luis Enrique Rodríguez Villalvazo analiza en estas líneas los primeros 60 días de Peña Nieto en la presidencia, la ausencia de un proyecto de transformación del país y los reciclados programas demagógicos de viejo cuño priísta.
El 31 de enero se habrán cumplido sesenta y dos días de que Enrique Peña Nieto asumió la presidencia del país, y más allá de sus deslices discursivos, es más que palmaria su incapacidad para improvisar ya no un discurso, si acaso un par de líneas fuera de las que le hacen llegar sus colaboradores. En Veracruz hubo un caso similar, un secretario del gabinete de Miguel Alemán al que había que separarle las palabras con guiones en sus discursos y distribuirle las pausas para los aplausos. Peña Nieto, ante su evidente incapacidad para leer, no parece dar color respecto de la forma en que piensa transformar al país.
Con la administración de Peña Nieto hubo un cambio en la política de comunicación social; de pronto los sucesos violentos perdieron notoriedad, al menos para las redacciones, y fueron relegados, los más, a interiores, o menciones insípidas en las primeras planas, los menos. Sin embargo, la realidad se impuso y no hubo manera de soslayar el súbito incremento de la violencia en el Estado de México (curiosa coincidencia señala Javier Solórzano: al iniciar la administración de Calderón, la violencia se disparó en Michoacán, entidad de origen del entonces presidente) y el Distrito Federal, así como el anquilosamiento de la misma en entidades como Coahuila y Nuevo León.
La violencia en México ya es endémica. En algunas demarcaciones deambula en el silencio que imponen autoridades o al que obligan las propias bandas armadas. Somos en ese sentido –lo decía con anterioridad– más vulnerables, frágiles ante el viento solano que nos abrasa el rostro.
La promesa de una gendarmería nacional como solución al problema (de acuerdo con lo establecido en el Pacto por México, estaría operando a partir del segundo semestre de 2013, con la participación, en principio, de 10 mil militares y elementos de la Armada de México) no marcará gran diferencia en los mecanismos de combate al crimen organizado, pues el asunto no radica en seguir combatiendo violencia con violencia, sino en delimitar las causas por las que cada vez más jóvenes (el bono demográfico está siendo abatido a punta de plomazos) se integran a las filas de la delincuencia.
La política social del nuevo gobierno apuesta por la administración electoral de la pobreza, que le garantice su permanencia en el control de las instituciones, no disminuir las causales de incorporación voluntaria o no a los grupos delictivos.
Nunca más un México sin nosotros, es el lema que bien pudieron piratearle al resolutivo del Congreso Nacional Indígena de 1996, cuando el Subcomandante Marcos tiraba línea con sus textos, hoy tan abotagados como con sabor a monserga. La grandilocuencia de los títulos con los que se anuncian las estrategias oficiales –la pomposa Cruzada contra el hambre– no corresponde con la realidad a la que se enfrentan, son eso, sólo lemas revolcados del echeverrismo y el salinato redivivos (el relanzamiento de las relaciones con Cuba, una foto con Raúl Castro reproducida hasta el cansancio).
La violencia es hoy ya lugar común, su abordaje en columnas y artículos es danzar en círculos concéntricos; peligrosamente nos vamos acostumbrando a convivir con ella.





Por Luis Enrique Rodríguez Villalvazo


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Divulgación cultural. Información y crítica de los acontecimientos y actividades artísticas y culturales de actualidad en Xalapa. Incluye reportajes, ensayos, críticas, entrevistas, reseñas y artículos de opinión sobre la actualidad de Xalapa, Veracruz y el país.