El arte como estrategia de transformación social


Publicado porEditorial Graffiti el 13:46

Conciencia desechable, instalación de Pablo Muñoz, artista emergente, será inaugurada en el mes de marzo en el Jardín de las Esculturas (Ivec). Su autor, quien ha experimentado con diversos materiales en éste y anteriores ensamblajes, “mediante el uso de juguetes, huesos, monedas, y textos, pone en evidencia la importancia de volver a pensar el país, sus imaginarios y la crisis de ciertas construcciones de la identidad nacional”.
Los jardines son lugares metafóricos, poseedores de una perfección y una paz idealistas. Los jardines siempre significan otra cosa: su vegetación y su flora son materia simbólica. En un jardín, cada cual es libre de ir a donde le place, de seguir varios senderos, de escoger por contradicción.
Inventar alegorías ha sido una constante en la obra de Pablo Muñoz; esto es visible en su instalación Conciencia desechable, un sembradío de flores de yeso, elaboradas a partir de botellas plásticas, que el artista reúne escrupulosamente para recrear un jardín distópico. Un espacio creado no tanto del recuerdo sino de la ilusión, donde las flores no se marchitan, pues no han sufrido un proceso evolutivo natural; en contradicción, son producto de materiales de desecho. La estructura alegórica es pues un recurso visual, que deforma abierta y deliberadamente lo inestable, otra característica propia del trabajo de Muñoz.
Desde sus comienzos, Muñoz ha combinado la utilización de materiales no convencionales en el arte (huesos de animales, monedas, juguetes, botellas plásticas) con temáticas diversas, para elaborar obras de una singular carga simbólica. En ¿Mexicano?, Muñoz utiliza huesos de pollo para obtener un híbrido impreciso del escudo nacional, repleto de signos, que terminan construyendo laberintos reflexivos sobre ciertas construcciones de la identidad nacional. En estos ensamblajes, como en los trabajos con juguetes, Muñoz estetizó los elementos, transformándolos en vehículos cargados de significación: unos, son símbolos directos y otros, mensajes estratégicos.
De esta manera, reflexionar sobre su realidad social le da a Muñoz argumentos y alternativas para concebir su trabajo artístico. Este joven creador, mediante el uso de juguetes, huesos, monedas, y textos, pone en evidencia la importancia de volver a pensar el país, sus imaginarios y la crisis de ciertas construcciones de la identidad nacional. De tal forma que cuestiona los postulados culturales sobre los cuales se han apoyado el conjunto de rasgos colectivos que nos caracterizan frente a los demás.
La obra Conciencia desechable, por inaugurarse en el mes de marzo en el Jardín de las Esculturas de Xalapa, explora un tipo de representación que podría fundamentarse en la frustración de no poder salir del laberinto que origina una sociedad que no sólo produce desechos, sino que pone en la misma línea su conciencia. Así, Muñoz adhiere a esta obra un negro sentido del humor (la flor de yeso está muerta, pero a su vez, se transforma en materia simbólica). Todo esto a partir de referencias evidentes en su alusividad, aunque muy finas en elusividad.
Las flores de yeso a partir de moldes de botellas de plástico descubren posibilidades creativas, no tanto por lo “distinto” del material (después de todo, cada nueva obra de Muñoz es de un material diferente) sino, más bien, porque le permiten un continuo estado de experimentación. El yeso o el plástico no crecen, no se reproducen más, señalan una sociedad distópica; una cultura “desechable”.

Conciencia desechable es una manera de obligar a la obra de arte a ser parte activa de la transformación social, creando así una estrategia capaz de expresar algo más de lo que se ve en la superficie, en la armazón informativa.









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