Un eco cervantino


Publicado porEzra Crangle el 00:27


Kun Woo Paik
Concluyó el Festival Internacional Cervantino en su emisión del 40 aniversario. En materia musical, el festival “se vistió de luces” al incluir  participaciones de relevancia como la de Riccardo Muti con la Chicago Simphony Orchestra; Arvo Pärt y la Orquesta de Cámara de Tallin, con el Coro Filarmónico de Cámara de Estonia; el gran pianista Kun Woo Paik, así como el Cuarteto Latinoamericano y Na’Rimbo, espléndido ensamble comandado por el percusionista chiapaneco Israel Moreno, entre otros.
Como cada año, la música actual de concierto fue ofrecida en sesiones que mostraron la no poca diversidad de tendencias y dimensiones distintas de los procesos creativos tanto como técnicos del sonido y su resultante que, bajo esquemas asimismo diferentes, abordan los compositores de hoy.
Entre ellas, una que también ratificó alcances de evidente calidad interpretativa (sin embargo, con la pena de una difusión escasa), fue la del Ensamble Nuevo de México, con cuyo director fundador  y titular, Miguel Salmón del Real, han venido desarrollando una labor en donde el eje principal –o uno de ellos– es, sobre todo, propiciatoria de la creación. Es así como ha logrado incrementar de forma considerable el que al día de hoy constituye nuestro patrimonio musical.
De tal manera, Salmón del Real y su Ensamble dieron origen a un proyecto por demás interesante al invitar a compositores mexicanos para componer piezas de formato pequeño, miniaturas, en donde la consigna se bifurca exclusivamente en dos apartados: un máximo de dotación (siete intérpretes) y, precisamente, un máximo de duración (no más de 3 a 4 minutos). Por lo demás, el campo de libertad es hasta donde la capacidad imaginativa de los compositores pueda llegar.
Así, Ensamble Nuevo de México participó con un par de programas, el primero, “Música mexicana del siglo XXI”, con S.O.S (versión 2010) de Enrico Chapela (1974), y los estrenos mundiales de obras comisionadas por el festival: Caída de Marcela Rodríguez (1951), y Kuanasi Urato de Edgar Barroso (1977). “21 compositores en 21 miniaturas” fue el título del segundo, de relevancia mayor por varias razones.
Si bien el trabajo creativo de obras en formatos pequeños y de aquellas en formatos mayores poseen complejidades propias –tal vez ninguna más que la otra, simplemente diferentes–, la idea de construir arquitecturas musicales de  muy corta duración no es, como alguien dijo, “un alivio para el compositor”. Al contrario, con frecuencia el trabajador creativo del arte de sonidos y silencios suele enfrentarse, en principio, ante estos casos, con la dificultad de cómo condensar la intencionalidad –propuesta artística– así como los parámetros de los objetivos expresivos (cuando los hay).
Es entonces que el compositor a veces entra en una suerte de arduo proceso dialéctico-musical, y no es necesariamente fácil llegar a buen fin en donde el discurso musical no sea otro que el de una sintaxis fluida, clara, equilibrada… solvente en su totalidad.
En el concierto “21 compositores en 21 miniaturas”, cada compositor hizo suyo el reto dando por resultado la agudeza de tratamientos distintos de la materia sonora, en donde oficio lo mismo que habilidad técnica se pusieron de manifiesto desde posiciones estéticas (algunas lúdicas) diferentes haciéndose patente proporcionalidad de oficio y trayectoria generacional.
De tal manera, por el peculiar tratamiento de los materiales, por la solución formal de la arquitectura miniaturística, y con todo ello, por la direccionalidad propositiva, sobresalieron, entre otras: Lucha de Juan Cristóbal Cerrillo (1977); Circus de Horacio Rico (1957); Lacrymosa II de Javier Torres Maldonado (1968), Mini-minis núm. 5 de Fernando Cataño (1928), y Minder is meer del propio Salmón del Real (1979).
Con elocuente solvencia y disciplina, director (por cierto, recientemente nombrado titular de la Orquesta Sinfónica del Estado de Michoacán) e integrantes del Nuevo Ensamble de México ofrecieron versiones sólidas y fieles a las ideas de los compositores. Los músicos son: Yadira Guevara, flautas; Rodrigo Garibay, clarinetes-saxos; Omar Guevara, violín; Román Castillo, viola; Natalia Pérez Tourner, cello; Carlos Adriel Salmerón, piano, y Óscar Sánchez en las percusiones.
Insistir en que una organización como es la del Festival Internacional Cervantino focalice también en su agenda de difusión en parámetros de prioridad conciertos como este, es fundamental para garantizar la oferta diversa musical del festival y su encuentro con el destinatario asimismo (más) diverso.

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