Jerónimo Morquecho: Urbano, entre cubetas y huacales


Publicado porEzra Crangle el 15:22



El chiapaneco Jerónimo Morquecho estrena muestra en la Galería Universitaria Ramón Alva de la Canal: Urbano, que va de la escultura y la instalación. Esta obra, afirma Omar Gasca, representa “una suerte de estado que mezcla lo regional y lo universal, la intuición y el método, el arte y el diseño, poniendo en evidencia al hacerlo que no es ceramista ni escultor ni diseñador sino un artista visual...”
Una correlación no necesariamente prueba causalidad. Que algo suceda posterior a otro hecho no es, por fuerza, indicador de que fue provocado por el primero. Sin embargo, cualquier gesto, por inadvertido y pequeño que sea, tiene ecos y efectos y es, a su vez, efecto y eco de muchos otros gestos. 
Este es el caso de Jerónimo  Morquecho, quien se mueve entre pautas y configuraciones que provienen de una formación que progresiva e infaliblemente va sacando provecho de su sensibilidad e inteligencia y de su inversión en oficio. Parte de la tradición pero la somete a una racionalidad que encuentra válvulas de escape que, sin seguir la cómoda e ingenua inercia de los modelos y las modas imperantes ni de los atavismos residuales y domingueros, le inscriben en los espacios de lo contemporáneo y con ventaja. Mucha. Newton lo diría así, en su Segunda ley o Ley de fuerza: “El cambio de movimiento es proporcional a la fuerza motriz impresa y ocurre según la línea recta a lo largo de la cual aquella fuerza se imprime”. El parangón es libre.
Morquecho ha pasado por los platos y las ollas y la escultura y la instalación con el ánimo de referir lo suyo: una suerte de estado que mezcla lo regional y lo universal, la intuición y el método, el arte y el diseño, poniendo en evidencia al hacerlo que no es ceramista ni escultor ni diseñador sino un artista visual capaz de abordar –por babor o estribor–  diversos géneros y técnicas, suscribiéndolas todas al mismo ánimo: proponer denotaciones distintas. 
Empujado, estimulado por la fuerza intransferible de esa intención, este artista chiapaneco pero xalapeño se posiciona de paso lejos de quienes viven con la tranquilizadora idea de que basta hacer bien o “decir algo”, o de los que, más frecuentemente, crecen y se reproducen con la vaga, cómoda e insustancial noción de que las extravagancias utilitarias son arte o, “cuando menos”, diseño, un poco porque sí y a la manera del famoso styling al que se refería Munari en su imprescindible libro El arte como oficio, en el que habla (con otras palabras, segurísimamente) de esa acción que privilegia el exterior del objeto, la fachada,  por encima de su funcionalidad o su sentido. Así, ni arte ni diseño ni casi nada, excepto objetos que gozan y hasta alardean de su condición decorativa, esto es, de su categoría de aderezo o de dispositivo que pretende hacer lo que la flauta a la cobra: encantar. Más lo que en nuestro español entendemos por “jaladas”.
Luego, las calificaciones esnobs y la mecánica de tú-la-traes; o la propia del Perro Bermúdez: “Tuya, mía, tenla, te la presto, acaríciala, bésala”, y, de este modo: te expongo, te vendo, te escribo, te aplaudo, te compro y termino diciendo que eres el mejor (lo que equivale a un intento de gol y todo entre amigos).
Y lo otro: la afición por transformar a la cerámica imaginariamente en algo más, lo que equivale a imitar a los inventores de hadas y duendes que con tal hecho pretenden atribuirle magia rústica al mundo, modo paradójico de asumir que a éste le hace falta tal magia, que carece de asombro. 
Excepciones hechas, contables y notables, confirman la existencia de algo aproximado a una frontera epistemológica, pero rodeados, invadidos como estamos de aquellas ideas y nociones materializadas en cosas desfachatadamente ofrecidas a la mirada y al bolsillo, la obra de Morquecho es un oasis, por más que nos propongamos reconocer que esta palabra en estos contextos es un cliché. 
Buena parte del decoro se debe al esfuerzo propio pero, también, a la influencia de quien actúa con el profesionalismo del que quiere y logra hacer de lo suyo verdaderamente suyo: Pérez. Decían por ahí que “hay que saber dónde aprieta el zapato”, pero también parece útil encontrar cuál ajusta y dónde se consigue. 
Si hay quien todavía piensa que la cerámica se sitúa a medio camino entre la artesanía y la decoración, cabe decir que tal prejuicio encuentra una decisiva refutación en Urbano, la muestra que Jerónimo Morquecho presenta en la Galería Universitaria Ramón Alva de la Canal para inquietar el pulso de la costumbre, entre altas y bajas temperaturas, huacales y cubetas y piezas que van a la pared, al suelo y a la base. Si acaso, algún desliz. 
De la idea a la factura, la obra actúa como eficiente emisario entre un conjunto de percepciones y decisiones y el ámbito de realidad artística y cultural en el que Morquecho quiere interactuar y producir interacción.



Por Omar Gasca

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