El águila y el mezcal


Publicado porEditorial Graffiti el 13:25



Estimado Sr. Director:
Siempre caigo en los mismos errores...” La voz de Chavela Vargas me acompaña en el rincón de una cantina. Lastimera, carrasposa, intérprete fiel de la derrota y el dolor, es la mejor compañía para estas épocas iniciales del siglo XXI. Si la Macorina es la defensora de la marginalidad y el quebranto, José Alfredo Jiménez es el profeta de todos los destinos. Chavela y José Alfredo son la mancuerna ideal para alimentar el ánimo que prevalece ante la impotencia de saber que no tenemos remedio como país, al menos mientras continúe firme la cúpula apuntalada por los poderes fácticos que se burlan del significado de la democracia. Rumiando por la calles la desaparición de Chavela Vargas para documentar mi pesimismo, me encontré con usted ocasionalmente en una esquina de esta Xalapa cada vez más asfixiada por el tráfico. Yo, que trato de huir de mis responsabilidades, el destino me pone “de a pechito” para que me acribille por mi irresponsabilidad.
Como el inminente regreso del PRI a la presidencia de la República está a la vuelta de la esquina, he perdido toda motivación para lanzar mis penas por escrito. Pero el compromiso con Performance es cuestión de honor así que llegué a mi humilde palacio para ver el último partido del campeonato de beisbol de la Liga Mexicana entre el Águila de Veracruz y los Rieleros de Aguascalientes. El beisbol mexicano es un ente marginal en los medios de comunicación masiva y como tal es tratado por las televisoras, como espectáculo de poca monta. Su durabilidad indeterminada y la necesaria apuesta por la inteligencia, hacen posible que los productores de cultura chatarra desdeñen al Rey de los deportes.
A quienes nos gusta el beisbol nacional sufrimos en cada temporada la condición de marginalidad en los medios. Esta temporada, para no variar, fue realmente infame seguir los partidos a través de cable, por AYM Sports o por TVC Deportes, que sólo cubrió la pésima temporada de los Pericos de Puebla. Sky, como siempre, tenía secuestradas las transmisiones de las series de los Diablos Rojos del México, los Tigres de Cancún y los Sultanes de Monterrey. A nivel local, a veces las cámaras de TVMAS se asomaban al estadio Beto Ávila para los juegos del Águila o se iban hasta Minatitlán para transmitir otra pésima temporada, la de los Petroleros.  En la serie final por el campeonato, de manera inusitada tres canales transmitieron simultáneamente las batallas por el gallardete entre Veracruz y Aguascalientes: TVC Deportes, TVMAS y AYM Sports. Para bien del beisbol local, el equipo del Águila de Veracruz se coronó campeón, la escuadra más longeva de este deporte creada en 1903 por trabajadores que pertenecían a la empresa petrolera El Águila. A partir de ahí, el puerto y el beisbol fueron sinónimo de identidad y de la creación de grandes leyendas, como las de los cubanos Martín Dihigo y el Canguro Amaro, el gringo Alex Pinkston o los veracruzanísimos Ramón Arano o Rolando Camarero.
El Águila obtuvo su anterior título en 1970, y a partir de ahí la leyenda había sido enterrada por las pésimas directivas y el desaliento que impidió la formación de nuevos peloteros. Salvo destellos de los Tiburones Rojos en el futbol (también arponeados por malos empresarios y políticos) y el reciente título de basquetbol de los Halcones Rojos, el deporte veracruzano fue rebasado por la corrupción y la desorganización.
Ahora los Manzur, viejos conocidos en el negocio del beisbol, han logrado revivir al Águila para obtener un campeonato forjado en partidazos con jugadores leyenda como el pitcher dominicano Lorenzo Barceló, que fue imbatible desde la lomita de las responsabilidades. Después de los meses de violencia que se han vivido en el puerto y gran parte del territorio veracruzano, la corona obtenida por el Águila de Veracruz es un bálsamo para la población. Ojalá entre niños y jóvenes sea un ejemplo que contribuya a fortalecer al beisbol veracruzano e impida que crezcan con la idea de que ser narcotraficante es el mejor negocio que puedan hacer en su vida.
Y si al principio tenía tristeza, a estas alturas de la madrugada ando de plano en ambiente de carnaval, así es que me iré a brindar con extraños. Espero no caer en los mismos errores.



Conde de Saint Germain, duque de los Jardines de Xalapa y coach de tercera base.
 
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