Xalapa, un baño de brujas


Publicado porEditorial Graffiti el 18:26

Xalapa [Fotografía: Jorge Castillo]

Entre historia y ejercicio de la imaginación, Camila Krauss retrata la ciudad y a sus habitantes a través de un recorrido de varios siglos hasta los turbulentos días actuales. A final de cuentas, “En un país que se desangra antes, durante y después de las elecciones, Xalapa resulta un baño de burbujas”.


La Ciudad de las Flores para el naturalista ilustrado (Alexander von Humboldt), la capital del chipi chipi cultural al interior del país, la villa obligada en tierra firme si en el litoral del Golfo desembarcó el viajero, el exiliado, el comerciante… La (setentera) Atenas Veracruzana, la provincia universitaria neblinosa, la capital del cafecito sin la crema y nata de la alcurnia cañera adinerada, que dejó los bailes del Casino Xalapeño para entrenarse en el Club Britania.
De economía voluble como su clima, de fauna variopinta y mohosa como su flora, típica burocracia, pronta y puntual como sus embotellamientos vehiculares. Con X o con J. Ni muy muy ni tan tan. Patrullada, rodeada y vigilada por el ejército nacional, la marina, policías y el hampa. La capital de un estado con muchos Walmarts y Sorianas donde la alternancia política permanece blindada, donde su potencial ecológico se erosiona como sus teatros, sus panteones y sus patios humanistas. Una suma de determinismos, la mala repartición del surrealismo o inexplicables vericuetos de la diplomacia internacional, hacen de Xalapa, “twin city” de Boulder, Colorado, en USA, al mismo tiempo que una de las comarcas más peligrosas para ejercer el periodismo, en el año 2012 de la Era Cristiana.
Demasiado urbana para darse cuenta de que el tren pasa por aquí todos los días, demasiadas nubes para ser balneario, demasiado tarde para evitar Laguna Verde, demasiado pronto para vivir bajo tenebra.
La tragedia y el asedio a la seguridad en Xalapa no alcanzan medalla en el ejecutómetro FECALH, no es suficiente para limar asperezas y prejuicios del Colectivo por la Paz en turno, las cifras no dan para que una editorial independiente y Gael García Bernal como vocero, concienticen a la población para externar sus testimonios en una red social. Nueve periodistas asesinados no le quitan el sueño a nadie ni acalora la impasible sobremesa familiar ¿Levantar un monumento a Regina Martínez y los demás periodistas que han perdido la vida en Veracruz, “eso a quién beneficia, en qué cambia las cosas”? Mínimo préndete una veladora ante esta soledad masiva que estandariza al país de norte a sur.
Lugareño es el verdadero gentilicio de lo que fuera xalapeño. Los que pasean en Los Lagos o en Plaza Américas, los que viven en La Zapata o en La Pitaya, en Coapexpan o en el FOVISSSTE, lugareños. No son de aquí pero ya se quedaron, son de casa aunque nunca necesiten ocupar transporte urbano. Los lugareños han querido probar suerte en el chilango o de allá vinieron cuando se las robaron. Habituados a un poco de sobresalto, pero no demasiado; a un poco de tolerancia si tiene tintes de gracia veleidosa… Los lugareños desmemoriados cuando conviene, rigurosos detrás del hueso. Lugareños desgobernados, desinformados, desinflados tras varios sexenios. Aguerridos y envalentonados en el auto; extraviados en la burocracia escolarizada; pacíficos en días de carnaval, airados si se cuestiona la canonización de Guízar y Valencia, orgullosos de la Orquesta Sinfónica, pero intransigentes con los artistas del esténcil y el graffiti; impacientes al escuchar, indecisos a proponer, solidarios para marchar.
El ánimo confuso hasta enfoca lo irrelevante: Xalapa fue noticia hace mucho porque se soltó por primera vez un globo aerostático, porque la primera huelga obrera aquí mero se fraguó. En un país que se desangra antes, durante y después de las elecciones, Xalapa resulta un baño de burbujas. La paz políticamente correcta la impone el IFE y es cosa de spa, promoción de monedero electrónico, “pacto de civilidad”.
¿Quién en su sano juicio le dedica fantasías a la ciudad de los cinco cinturones marginales, que diga, de los manantiales en la arena…?
Bajo techo y con llave, sin fuerzas para darse a la fuga, evadida, encerrada en casa para evitar el chaparrón, la estampida, explosiones y a un junior priista que va de pants y sin permiso de portar una pistola automática, imagino la Xalapa poscostumbrista. Ni estridentista ni estrambótica: La ciudad de los teleféricos. En eso sería la única, la primera. Del Hospital Civil al Stadium Heriberto Jara Corona, del Macuiltépetl al mercado Jáuregui, descender y trasladarse por cables en cabinas para dieciséis personas; cambiar la perspectiva de automovilista, del usuario motorizado, del funcionario vial, de la combi déspota y el taxi halcón deschavetado. Incluir el espacio aéreo para desahogar al peatón de las balas en cartucheras. Xalapa, primer municipio plural y teleférico. Lianas de alambre cromado para dejar que las calles  hagan esquina,  y sean punto de encuentro y retorno. La ciudad de nadie, la ciudad de tráfico, la capital en pugna, el feudo estriado, la Xalapa sin araucarias ni jazmines se despliega por el aire, una visión habitada: avanzará por frondosos metrocables, circulante entre el verde sólido, devolviéndonos desde las estaciones altas nuestra talla diminuta a pesar de muchísimos esfuerzos por alzarnos.





Por Camila Krauss

Acerca de Performance

Divulgación cultural. Información y crítica de los acontecimientos y actividades artísticas y culturales de actualidad en Xalapa. Incluye reportajes, ensayos, críticas, entrevistas, reseñas y artículos de opinión sobre la actualidad de Xalapa, Veracruz y el país.