The Amazin Spider-Man


Publicado porEditorial Graffiti el 23:34

Peter le gusta pura araña
 Si trazáramos una cronología de las cintas de superhéroes, los últimos treinta años arrojarían algunas de las mejores: allí el Batman de Burton, allí el Darkman de Raimi, allí la Chronicle de Trank. También, claro, el Spider-Man del único director que repite en la lista: Sam Raimi. Entre la primera y segunda entrega –de la trilogía arácnida que dirigió–, podría decirse que hay cierta definición o traslación de las características más o menos comunes al origen y desarrollo del superhéroe: el trauma de la ausencia paterna –o la orfandad definitiva; la torpeza social; el evento inusual que lo dota de un sentido extraordinario de la justicia, la venganza o, en el caso de muchos de los superhéroes de Marvel Comics, superpoderes.
Se comienza con Raimi porque sus aportes parecen ser la base sobre la que se desarrolla The Amazing Spider-Man, el reboot del personaje que se le encargó a Marc Webb –mejor conocido por (500) days of Summer.  La cinta de Webb sigue puntualmente varios de esos aportes como si de una guía se tratara. Algunos salen bien –en el aspecto visual de las secuencias del superhéroe hay una mejora notable o, si se quiere, mayor vistosidad– y otros, no tan bien. El Peter Parker de Andrew Garfield sigue la idea de un nerd con escasas habilidades sociales –tomada, claro, del cómic; empero, resulta difícil creer que un tipo como Garfield pudiera ser humillado por los bullies de su preparatoria: un sujeto alto, galán, que se desplaza en patineta. Un Peter que sí muestra seguridad apenas adquiere sus poderes, un nerd que se desenvuelve con destreza en las artes de conseguir a la chica. (Paréntesis: acaso Vanderbilt, guionista, fuera consciente de la poca empatía que Garfield puede transmitir como Peter: la presentación del nerd es brevísima, y rápidamente se pasa a la transformación en el chico con superpoderes.) Esa seguridad que tanto mal le hace al Parker de Garfield, por el contrario, sí ayuda a que su Spidey sea bastante más memorable. El trabajo del CGI sí demuestra que diez años no pasan en vano, y todos los momentos de este Spider-Man parecen coreografiados con mayor destreza (cf. la escena del vagón de metro) que los de su predecesor. Pocas veces el cine se ha puesto al servicio del primer vuelo superheroico  (ese sentimiento de vívido vértigo) con tanta presteza como en The Amazing Spider-Man; una de las más recientes fue, claro, Chronicle.
No es el único modelo que Webb parece calcar. El rol del villano, un científico destruido por la locura, es también el mismo. Es cierto que estas son características del cómic, pero es Raimi quien las implementa de cierta forma en el cine, y es Webb quien las sigue con el cuidado puntilloso del estudiante atento. Aquí, Rhys Ifans es Curtis Connor, el doctor que se convertirá en El Lagarto, el enemigo del Hombre Araña. Su transformación es repentina, hasta abrupta; el recurso –presente en el Norman Osborn/Duende Verde de Willem Dafoe– de la voz en la cabeza como manifiesto de la locura que se desborda es utilizado con torpeza: a diferencia de la escena en el espejo del Osborn de la primera entrega, las habilidades actorales de Ifans lucen limitadas; la herramienta de la voz parece desperdiciada, repentina: un empujón del guión, cuya función es demostrarnos que este tipo sí se volvió loco, pero que en pantalla luce forzado, poco auténtico. Uno de los mayores puntos débiles de este Spider-Man es, precisamente, su villano; los encarnados por Dafoe y Molina tenían una correcta exposición como buenos tipos que se veían corrompidos por el poder de la ciencia mal aplicada –el arquetipo del científico loco–; el de Ifans nunca genera empatía a través de su actuación.
Un punto en el que Webb y Vanderbilt toman afortunada distancia del modelo de Raimi es en la pareja sentimental de Parker,  Gwen Stacy, interpretada por Emma Stone. A diferencia del acartonamiento y la ñoñería de la Mary Jane de Kirsten Dunst, la Stacy de Stone sí toma parte activa en la actividad de vigilante de Spider-Man: se entera prontísimo de la identidad secreta de su novio y está consciente de las consecuencias de su relación (‘I’m in trouble’, define su naciente relación en un buen momento). Desde el comienzo del filme hasta la última escena se puede ver a una novia inusualmente fuerte, capaz de tomar decisiones y de, por ejemplo, colgar el teléfono al novio superhéroe que intenta darle instrucciones. De los pocos renglones en los que está cinta logra destacarse por encima de las de Raimi, quizás el más logrado sea esa diferencia notable entre la pasiva personalidad de la Mary Jane que vimos en la saga anterior y el férreo carácter de la nueva Gwen Stacy.
The Amazing Spider-Man es la primera de, cuando menos, dos cintas –la segunda, ya anunciada para 2014. Cierto es que no supera a la obra de Raimi; verdad es también que cuenta con suficientes méritos propios para hacerse de un sitio en esa interminable lista de buenas cintas de superhéroes.  El camino hacia la gran película superheroica ha sido largo: lo mismo han existido grandes aciertos que tropiezos imperdonables.  Dentro de esos grandes aciertos podríamos incluir a este primer Amazing Spider-Man: en un año marcado por la desafortunada Avengers, este regreso del arácnido devuelve un poco la esperanza en la posible cinta de superhéroes definitiva. Ojalá no tengamos que esperar mucho más.
The amazing spider-man. Dir. Marc Webb. Con: Andrew Garfield (Peter Parker/Spider-man), Emma Stone (Gwen Stacy), Rhys Ifans (Doctor Curtis Connors/The Lizard), Martin Sheen (Ben Parker), Dennis Leary (Capitán Stacy) y Sally Field (Tía May). Duración: 136 minutos, E.U.A., 2012
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