Nacido para hacer radio


Publicado porEditorial Graffiti el 23:14

 
Estimado señor director:
Motivado por el estilo burdo y facilón de hacer canciones como las que se difunden en El Patrón, estaba componiendo una cumbia norteña dedicada a Xalapa que se llamará “Chipi chipi bang bang” cuando oí a través de la señal universitaria que falleció Pablo García López, xalapeño ilustre que hizo de la locución y la radio un estilo de vida.
Entre mis adicciones tengo la manía de oír Radio Universidad Veracruzana, justo escuchaba Sentimiento gaucho, una de las producciones de don Pablo, cuando una voz informó que se transmitían los programas a manera de homenaje póstumo. Tal vez por ser época de vacaciones veraniegas y porque a los pioneros de la radio xalapeña nadie los tiene en cuenta, la desaparición física de don Pablo García pasó inadvertida. Justo por eso escribo estas líneas, para dar a conocer a este personaje que parecía salido de las voces de la época lúdica de la radio en México.
Pablo García López nació en Xalapa el 5 de marzo de 1926 y murió el 15 de julio del 2011. Tenía una voz modulada para viajar por el éter y llegar con sonido agradable al radioescucha, bien cuidada, con buena dicción pero, sobre todo, con la conciencia de que cada frase, cada palabra, es un compromiso de comunicación y cultura del locutor hacia el auditorio.
Don Pablo era incansable para hacer radio, nació en la época en la que despuntaba el entonces moderno medio de comunicación y desde ese momento sintió el gusto de acercarse a aquellos aparatos mágicos que transmitían voces diversas y música de diferentes partes del mundo.
Su primera incursión en el micrófono fue en 1943, en la XEKL de don Carlos Ferráez y después en la XEJA, “la voz de la Atenas Veracruzana”, de Adolfo Álvarez. En esa época, para tener la responsabilidad de estar atrás del micrófono se expedían licencias después de pasar un riguroso examen. Así, el 8 de julio de 1944, don Pablo  presentó en la Ciudad de México su examen para locutor en la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.
Los programas que hizo en la JA fueron Romances del trópico con compositores y músicos xalapeños, era en vivo en un auditorio;  Esto es lo cierto, con preguntas y respuestas sobre distintos temas; Peso por palabra, y junto con  Filemón Arcos creó La Legión veracruzana de madrugadores, que comenzó en marzo de 1952 y  que  a lo largo de muchos años fue el despertador natural de los niños xalapeños para ir a la escuela, programa que después conduciría Martín Casillas.
En 1953 formó parte del equipo que inició la XEPR de Poza Rica, emisora que vivió una gran etapa desde su inicio. Por razones familiares regresó a Xalapa en la década de los 60 y  trabajó en la XEGR de Coatepec, estación que después pasaría a ser de don Carlos Ferráez. También laboró en la XEKL y en la XEOZ, y a invitación de Pedro Cabañas llegó a trabajar en Radio Universidad Veracruzana, donde realizó programas emblemáticos con el sabor de la radio de la vieja guardia como: Serenata,  Sentimiento gaucho y Mi novia es la tristeza, basado en  el libro de Guadalupe Loaeza y Pável Granados sobre la vida de Agustín Lara. Fue también  fundador del primer sindicato de locutores de Xalapa y de la primera sección del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radio que se creó en el estado de Veracruz.
En una entrevista con Pepe González, don Pablo comentó: “Para mí la radio lo es todo, no es tan necesario comer o dormir, hay que estar en esto, en la radio. Quisiera entusiasmar a los nuevos, contagiarlos de ese amor que nosotros hemos sentido por la radio; que no nada más sólo es el signo de pesos, sino algo más para superarse. Las aves siguen haciendo igual sus nidos desde el principio hasta nuestros tiempos pero el hombre ha cambiado mucho. Hay que luchar por ir hacia delante y dignificar nuestra radio”.
Tuve el gusto de tener una correría radiofónica con don Pablo, quien me invitó a grabar una breve historia de Radio UV transmitiendo desde cada uno de los lugares en donde se ha instalado “la señal universitaria”. La grabación tal vez no quedó como nos hubiera gustado pero eso sí, nos divertimos mucho recorriendo las calles xalapeñas recordando cada uno de los rincones en los que se desarrolló  la radio universitaria.
Bueno, creo que ya me extendí de más, pero quería recordar a este xalapeño ilustre que seguro jamás tendrá una calle con su nombre y el olvido será la divisa que marque su destino de aquellos días de radio. Por lo pronto continúo con mi cumbia norteña, “ya no sé si es el aguacero o las balas de acero/ pero sin seguridad me siento/ como en un tobogán/ chipi chipi/ bang bang”.

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