El último viaje de La Negra Graciana


Publicado porEditorial Graffiti el 19:49

La Negra Graciana [Fotografía: Claudio Torres Nachón]

La Negra Graciana, una de las figuras más representativas de la cultura popular veracruzana, partió de este mundo el pasado 29 de julio. La arpista y versadora jarocha nació en 1933 en el poblado de Puente Izcoalco, cerca del puerto de Veracruz, donde hizo carrera en bares y plazas. Eduardo Sánchez Rodríguez escribe sobre sus triunfos memorables en los escenarios europeos más importantes, incluyendo sus escasas grabaciones y su vida peregrina sin apoyo de las instituciones culturales del estado.

Es mi versada muy guapa que ustedes están escuchando
porque pal barrio de La Huaca, con gusto le estoy cantando.
La Negra Graciana
“Pero miren yo lo que les voy a decir, este reconocimiento, de aquí, en La Huaca, lo voy a sentir más que ningún otro reconocimiento que me hagan por fuera. Porque yo sé que así como yo soy humilde, aquí también mi gente humilde me ha hecho este reconocimiento con todo corazón y con todo cariño, y con ese cariño lo siento en mi corazón. Escuchen las palabras que yo les digo, estoy muy contenta, muy agradecida con este barrio de La Huaca, que en mi vida pensaba yo que aquí me iban a hacer mi primer reconocimiento, mire usted que lindeza tan bonita, y estoy muy agradecida –como dijo Pedro Vargas– muy agradecida, y muchísimas gracias a todas las personas que me han hecho este reconocimiento. Doy las gracias, bastantes señores, muchísimas gracias”. Estas fueron las palabras, con su peculiar estilo, de la arpista jarocha Graciana Silva García, mejor conocida por el pueblo como La Negra Graciana, durante el reconocimiento que le ofrecieron el colectivo Piedra Muca y habitantes del popular barrio el 12 de diciembre de 2008, antes de arrancarse con La guacamaya durante el Fandango Extramuros. Un saludo a doña Concha y a la maestra Palominos. Meses antes, al planear ese fandango, un miembro del colectivo escuchó una entrevista donde La Negra pedía que si alguien pretendía reconocer su labor, fuera en vida; que después ya para qué.
Graciana nació el 18 de diciembre de 1933, y es oriunda del poblado Puente Izcoalco, en el municipio de Medellín, cercano al puerto de Veracruz, municipio de profunda tradición fandanguera desde tiempos de la Colonia, como lo demuestra la descripción de un fandango ocurrido en 1781 que Antonio García de León cita en su libro Fandango, el ritual del mundo jarocho a través de los siglos. La última vez que la vi fue en el Encuentro de Jaraneros de Tlacotalpan este año, durante la presentación del documental sobre ella: Tu memoria, nuestra historia. Llegó ya muy deteriorada de salud pero con el gran entusiasmo que la caracterizaba, era profundamente religiosa y en su charla hace continua mención de los santos y vírgenes. Allí narró su nacimiento en el seno de una familia musical, su padre era jaranero y su madre cantaba e improvisaba versos; cuando tenía diez años, su padre le pidió al arpista Rodrigo Rodríguez que enseñara su arte al hermano de Graciana, Pino Silva (quien más tarde tocaría jarana y violín); él no fue un gran alumno pero dio pie para que ella conociera su pasión: “Un día mi papá fue por don Rodrigo, un arpista cieguito de los dos ojos, a su rancho y se lo trajo a Puente Izcoalco para que le diera clases a mi hermano. Cuando llegó a la casa y empezó a afinar el instrumento ¡qué cosa más linda! Sentí como si me diera un salto el corazón. Yo oí esos sonidos tan bonitos que…no sé como explicártelo, fue entonces que me dije ‘yo voy a tocar el arpa’”.
Durante su juventud, su padre la llevaba a las fiestas tradicionales y el público se sorprendía que siendo tan jovencita pudiera tocar el arpa con tal sensibilidad y dominio, y su fama creció por los alrededores de Veracruz. Su maestro, Rodrigo Rodríguez, siempre fue su guía. Al principio tocaba con los arpegios usuales hasta que tuvo la destreza necesaria para los cambios rápidos y las improvisaciones, que fueron su sello característico, poseía un particular timbre de voz y estilo. Es conocida también por sus décimas cantadas, en su mayoría improvisadas; siempre con humor y una pizca de ironía. Durante muchos años, Graciana salía cada mañana de su casa al puerto, acompañada de su arpa, a tocar en los bares y en los Portales, por lo que era muy conocida por los parroquianos.
En 1994, Discos Corazón grabó su primer disco: La Negra Graciana, sones jarochos con el trío Silva, acompañada de su hermano Pino Silva en la jarana, Zeferino Romero en el requinto y su cuñada Elena Huerta, que es también arpista. Grabaron 18 sones tradicionales y antiguos que su padre había amado, como El siquisirí y El balajú. Disco que permitió a La Negra presentarse en prestigiados teatros de Europa y América, como el Royal Festival Hall y el Barbican de Londres,  Harbour Center de Toronto, el Theatre de la Ville, en París (donde realizó su segunda grabación en 1999: En vivo desde el Theatre de la Ville), y en The Mexico-Festival, en Berlín. En 2004 lanzó su tercera y última grabación: Moliendo café. Graciana anduvo, además, por Bélgica, Holanda, Portugal, España, Estados Unidos, Venezuela y Cuba. Todo ello sucedió, como compartió con su peculiar estilo durante su reconocimiento en La Huaca: “por la linda arpa y por mi talento. Y cosa de que yo desde chica me gustó mucho aprender el arpa; no la sé tocar muy bien, sinceramente, medio sé tocar. Pero con ese poquitito que yo sé he andado muchos lados. Para mí esto ha sido un sueño, que ya ahorita, como quien dice, se me está pasando; porque ahorita me estoy empezando a poner baldada de mis piernas y bueno, pero le doy gracias a Dios que he andado bastante y he conocido muchos lugares, ¡bendito sea Dios! ¿verdad?, y a María Santísima. Muchísimas gracias a todos ustedes. Yo he sido la mujer más humilde de todo Veracruz y en todo México. Soy una mujer humilde y no he sido pretenciosa contra nadie, no lo he sido ni lo seré; y por eso no saben el gusto tan grande que me ha dado este reconocimiento que me han dado aquí en este barrio, ¡por Dios y mi madre que les digo la verdad! Se los agradezco con todo el corazón, y se los vuelvo a repetir: este homenaje lo voy a grabar  más en mi cerebro que si algún día me vuelven a hacer otro por otro lugar. ¿Por qué? Porque las autoridades, sinceramente, las más grandes, nunca me han reconocido. Me han reconocido las más bajitas, como ustedes aquí, y por eso estoy muy contenta ¡Gracias!”. Así cerró su maravillosa charla... hace ya cinco años.
La Negra ha partido y observar cómo las instituciones culturales se montan en el suceso, obliga a una reflexión sobre el reconocimiento a la labor de artistas que, como ella, representan la verdadera cultura popular. La posibilidad de que cuenten con un apoyo a su trabajo y a no ser tan vulnerables en su vejez debería ser una realidad. La abuela de una amiga me dijo estas sabias palabras: “tanto sirve a sus hermanos el que cosecha los granos como aquel que sin pereza nos revela la belleza”. Otra amiga que trabaja en la panza del monstruo, opina molesta: “El Ivec debería reconocer en vida a los artistas veracruzanos que están en el olvido, y que son los representantes de la cultura veracruzana. Cada recinto cultural en el estado podría registrar y reconocer a los artistas locales con obras de nuevos artistas para provocar que el arte tradicional y el arte joven caminen juntos”. Interesante. Por supuesto, el Instituto Veracruzano de la Cultura ofrecerá pronto un homenaje a La Negra en el Teatro de la Reforma de Veracruz.

Graciana estuvo casada dos veces y procreó ocho hijos. Falleció el 29 de julio pasado en el puerto de Veracruz y, aunque este icono del son jarocho fue menospreciada en su tierra, su fallecimiento fue noticia en las secciones culturales de los principales periódicos y noticiarios del país. Aunque reconoció que le hubiera gustado triunfar más joven, “estoy tranquila y a gusto”, concluyó. ¡Buen viaje, Negrita!





Por Eduardo Sánchez Rodríguez

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