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Un cuarto de a Grappa




HA CONCLUIDO LA EMISIÓN NÚMERO VEINTICINCO DE LA FERIA NACIONAL DEL LIBRO INFANTIL Y JUVENIL DE XALAPA  Y LOS RESULTADOS QUE SE ESPERABAN NO SUPERARON LAS EXPECTATIVAS. EL DILETONTO LO RESUME ASÍ EN ESTAS LÍNEAS: “NO HAY IDEAS NUEVAS: LA FERIA SE MANTIENE EN FLOTACIÓN, REPITIENDO FÓRMULAS QUE EN PRINCIPIO FUNCIONARON Y HOY SON OBSOLETAS, AL TIEMPO QUE DESAPARECEN TRADICIONES QUE NO SON RELEVADAS”.
La Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa cumple veinticinco años en 2014. Nació en 1990 acatando una política federal: Las Cuatro Estaciones del Libro del Conaculta, programa de fomento a la lectura a nivel nacional. En consonancia surgieron por todo el país ferias con carácter estacional dedicadas a niños y jóvenes; de esa generación sólo continúan las de León, Guanajuato, que ha perdido los adjetivos “infantil y juvenil”, y la de Xalapa, quien conserva su especialidad de origen.
En Veracruz la realización se encomendó a la Secretaría de Educación y Cultura, SEC, entonces muy activa, durante el interinato de Dante Delgado Rannauro. Lourdes Hernández Quiñones, a quien justamente se reconoce como la fundadora de la feria, asumió la encomienda. A lo largo de los nueve años de Performance diversas crónicas, una de ellas extraordinaria, la de Juan Javier Mora-Rivera en el número 50, han atestiguado tanto la vitalidad como la contaminación del espíritu de la feria de pulsiones políticas.
Nadando de a muertito
Si algo distingue a la FLIJX es su vitalidad y arraigo. Tras veintiún ediciones la Feria Internacional del Libro Universitario no puede presumir igual posicionamiento y aunque en apariencia luzca más atractiva para los comerciantes, varios libreros locales confiaron que venden más en la FLIJX. En lo que gana la FILU es en estabilidad e identidad. Nuestra feria del libro infantil y juvenil, más allá del entusiasmo que cause en la población, sufre vicisitudes acusando los caprichos y dudosos criterios de los gobernantes y administradores del momento.
A partir del fidelato la feria comienza a decaer. En 2007, a instancias de Víctor Arredondo, se planteó refundirla con la FILU, orgulloso vástago del exrector de la Universidad Veracruzana. Como uno de los proyectos de Fidel Herrera Beltrán era la desaparición del Ivec en principio tal fusión parecía previsible, además de que ejemplificaba los principios de la reingeniería: no duplicar funciones, conciliar programas y actividades para evitar proliferación en áreas y programas. Sobrevivió a esa tormenta pero ya nada fue igual.
Desde la administración de Sergio Villasana Delfín (2007-2010) la dirección del Ivec se ha manoseado más que a una teibolera en quincena. La feria acusó el magullamiento. Se cambió de sede, se retornó al Colegio Preparatorio, se encomendó su coordinación a personas ajenas a la gestión cultural –después de Lourdes Hernández Quiñones, quien oficialmente dejó la feria en 2007, los coordinadores han sido improvisados, sin trayectoria en gestión cultural ni comercial ni editorial. Bueno, qué se puede esperar de los coordinadores si más de uno de los directores ivecos no ha estado a la altura del cargo.
Entre el sello de Félix Báez-Jorge de una feria concentrada en el ámbito local a la feria de este año, modesta en su celebración y con un presupuesto austero sobre todo con los artistas, lo que sobresale de la feria infantil y juvenil durante el sexenio de Javier Duarte es la pobreza tanto económica como en gestión. No hay ideas nuevas: la feria se mantiene en flotación, repitiendo fórmulas que en principio cumplieron y hoy son obsoletas, al tiempo que desaparecen tradiciones que no son relevadas. Se trabaja para cumplir con los formularios del Conaculta, cuyos fondos son los que mantienen en actividad al Ivec en todos los ámbitos. Y al final no cuadran las actividades con los montos.
Los enredos de Harry
La edición XXV debería ser recordada como una de las mejores ediciones de la feria por conmemorar un cuarto de siglo, por ser la única feria viva con el carácter de infantil y juvenil en el interior de la República. Se recordará en cambio como la primer feria bajo la dirección virtual de Harry Grappa. No sorprende que en la presente administración del Ivec, desde que Rodolfo Mendoza Rosendo asumiera la dirección tras el despido de Alejandro Mariano –presentado como renuncia por motivos de salud pero instigada dentro de gobierno–, el secretario de Turismo, Cultura y Cinematografía, todopoderoso amigo del gobernador, haya sido quien presida las ruedas de prensa importantes, las presentaciones de los grandes programas –así la presentación del presupuesto de cultura en febrero de este año, confiriendo al Ivec el papel secundario que desde el fidelato se le ha otorgado. Prueba fehaciente: en la coordinación del Hay Festival hasta el 2013 el instituto, siendo la máxima dependencia en cultura de Veracruz, nunca tuvo injerencia. Se lo disputaron la Secretaría de Turismo, el Ayuntamiento de Xalapa y la Universidad Veracruzana, pero el Ivec nunca. Los directores anteriores, Báez-Jorge y Mariano, ni siquiera asistían a las ceremonias de inauguración o clausura. Hasta ahora, cuando casualmente el secretario de Turismo y el coordinador del Hay Festival son también quienes controlan la cultura institucional en Veracruz.
Las apariciones son simbólicas: imprimen un sello connotativo más que de representación. Mientras el gobernador Javier Duarte de Ochoa no juzgó importante asistir a la inauguración de la feria en fecha tan significativa –tampoco hubo presencia de Conaculta, Harry Grappa asumió el protagonismo e inauguró la celebración el viernes 25 de julio. Fue la primera ocasión, en las ya cuatro ediciones de este sexenio, en que Grappa adquirió preponderancia. Son ejemplares sus palabras en el discurso de bienvenida. Destacó el carácter universal de Xalapa, llamándola sede de la literatura universal, y vinculó a la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa con el Hay Festival. Ambos programas retomados por Grappa después de eliminar a sus respectivos coordinadores y creadores, Alejandro Mariano Pérez y Leticia Perlasca Núñez. Pocas veces se ha acumulado tanto poder en un solo individuo. Mariano quiso acopiar poder cultural –el traslado de El Ágora a la órbita del Ivec fue iniciativa suya– y sin saber para quién trabajaba su recaudo lo entregó a Mendoza Rosendo. O mejor dicho: a Harry Grappa.
Por ello no resulta sorprendente que no expliquen fehacientemente cómo se da la paradoja de que haya crecido el presupuesto pero continúe la penuria –léase al respecto el reportaje de Víctor Benítez en este mismo número. Las limitaciones proverbiales en el último lustro provenían de la falta de equipo y materiales, de las limitaciones para contratar proveedores adecuados y no con base en los topes económicos y ofrecer a los artistas participantes condiciones dignas de audio e iluminación.
Ahora todo se ha destinado al escenario porque la especialidad de este sexenio son los escenarios, los contratos millonarios para la parafernalia: el servicio de banquetes, la sillería, los manteles, las estructuras, los equipos de iluminación, el audio, el transporte. Eso, como sabemos, es lo importante. Porque deja dinero. Pagar a los artistas y a los participantes, no. La cultura sólo sirve si se puede traducir en ingresos. No para el estado o para la comunidad. Para las cuentas bancarias personales. Al respecto el principal proveedor del gobierno de Veracruz en el sector turístico es la empresa Audiver, propiedad de Grappa; quien a su vez posee otro grupo dedicado a servicios turísticos: Grupo Grappa. Su propia semblanza en el portal del gobierno de Veracruz enfatiza que el secretario es el principal proveedor de servicios turísticos; cito: [Grappa] “Es además fundador y socio activo de la asociación civil Convenciones Veracruz, A.C., que integra a los principales prestadores de servicios turísticos veracruzanos.”

Con un presupuesto en más de un millón de pesos superior a la edición de 2013, la edición XXV de la feria no estuvo a la altura de lo que se esperaba por la conmemoración, aunque queden las declaraciones grandilocuentes: la edición más importante, la feria más concurrida. En cambio ha corroborado que la cultura durante la actual administración es un asunto de negocios y de ignominia para los creadores.

Hombres de las altas montañas




En el célebre ensayo La mente moderna, su autor, T. S. Eliot, escribe: “Lo que el poeta experimenta no es la poesía, sino el material poético. Escribir un poema es una ‘experiencia’ original, la lectura de ese poema por el autor u otra persona es cosa distinta”.
Eliot, al hermanar poesía y poética, no se conforma con desentrañar el fenómeno estético sólo desde el  punto de vista del creador, sabedor de que todo acto de amor, como lo es todo poema, requiere del compromiso del otro, del autor transmutado en lector y de un lector, cualquier lector, ajeno al acto creador. Y traigo aquí al más común de los lugares comunes: la lectura de un poema es otra forma, la más inusitada, de conocernos, de ponernos nuevamente en el camino –para atrás o hacia adelante– de nuestra memoria lírica, y más aún: de nuestra memoria pasional; ambas, la tradición y las pasiones, son de natural subversivas, de ahí la fuerza liberadora que propicia el acto de leer. No estoy muy segura, pero creo que es a esto a lo que se refería Eliot cuando dice que la lectura de un poema “es cosa distinta”.
Y fue por esa cosa distinta, por la pasión por la poesía, que Silvia Tomasa Rivera haría su aparición en la letras mexicanas con un título emblemático que más parecía una papa caliente en el ya lejano 1984: Poemas al desconocido. Poemas a la desconocida,  todo un acto transgresor para una autora en ciernes y de “provincias” que rompió de entrada con las normas establecidas por y desde la polis de la República de las Letras.
De ahí vendrían otros libros donde nuestra poeta continúa en la línea de su apuesta inicial: Duelo de espadas, Apuntes de abril, La rebelión de los solitarios o Como las uvas, cuya lectura no deja lugar a dudas: la de Silvia Tomasa Rivera ha sido, hasta ahora, una poética de la pasión amorosa, narrada casi siempre en primera persona, que alcanza las cumbres sólo para descender a los infiernos del amor contrariado.
En esta su nueva entrega, Río de frente (publicado por la upav en su colección Premios Nacionales), Silvia Tomasa se aventura –en el poemario del mismo nombre– en la historia del amor desgraciado de un joven rarámuri por una niña “con cara redonda / como la luna llena / que no tiene misterio”. Pero antes, en “El arco y la cruz”, el poemario con que abre el volumen, la autora nos introduce en la cosmovisión y los mitos del pueblo rarámuri para referir la  vida de Próspero Tánori y la de sus ancestros, “los de los pies ligeros”, en la Sierra Tarahumara:
Nosotros no tenemos pasado
ni futuro.
Alimentamos el presente
con maíz y tesgüino…
Nadie tiene hambre,
nos curamos solos
con la mano de Dios.
Y si alguien muere
nace otro y otro;
por eso somos eternos
los rarámuri.
Se nos informa que Próspero Tánori no nació en la sierra sino en la ciudad de México y que al igual que Juan Preciado retorna a Comala para buscar a su padre, Próspero Tánori viaja a la inhóspita sierra para buscar la tumba de un padre desconocido en un pueblo llamado Chinatú. Así, al final de “El arco y la cruz”, descubrimos que es la búsqueda y el viaje, el permanecer en tránsito, lo que en realidad importa.
Como lo es para el protagonista de “Río de frente” el estar enamorado, porque el amor que confiesa es “amor del bueno,/ no hay nadie que se oponga./ Ella es mujer y yo soy hombre./ Los dos somos rarámuri; / y ya bailamos el yúmari / en el frente del río”.
Pero la poeta insiste que el destino es cruel y elocuentes las señales:
Traigo
un presentimiento.
Entre gritos
y aullidos de coyote,
se anuncia mi llegada.

No hay lucero ni estrellas
en el cielo.
Sólo el relámpago
y el trueno
mantienen las miradas
al acecho.
A partir de estos versos, el lector se anticipa al fatal desenlace: los padres de la niña, más por cálculo que por amor, la entregan a otro, mejor dicho, la cambian por una recua de caballos salvajes. El ofendido da muerte al rival en defensa de su corazón y rechazado por todos emprende la huida por desolados parajes.
No espere el lector un final feliz en estos poemas, “El arco y la cruz” y “Río de frente”, que aunque se leen por separado  guardan una unidad. Le diré lo que no es en el segundo caso: una historia romántica. Aquí, mediante versos cortos y unas cuantas estrofas, Silvia hilvana dos bellos relatos contemporáneos pero que parecen remotos en el tiempo y remarca a la vez el sello de su casa poética: el suyo es el tema más próximo a la tragedia, el del amor imposible, lo que Platón llamaba una “aventura solitaria”, pues Silvia Tomasa Rivera, ante la ausencia del otro pero no del sentimiento que inspiró, comunica con hondura en este libro y en toda su obra anterior la existencia simultánea del más obstinado de los deseos con el éxtasis y la cólera, la esperanza y la resignación, el amor y el odio, el desprendimiento y el vano sufrir, la errancia en soledad hacia la profundidad de la noche.

Silvia Tomasa Rivera, Río de frente, col. Premios Nacionales, Universidad Autónoma de Veracruz, Xalapa, 2014, 124 pp. 





Por Nina Crangle

Argentina subcampeona




Para nadie es una novedad que en la república Argentina –tierra de esperanzas permanentes y mujeres esplendorosas– la única religión sin incrédulos es la presidida por el dios inobjetable, Diego Armando Maradona, quien, para efectos prácticos y desde cualquier ángulo específico, ha quedado en el olimpo como una deidad más grande que Pelé, sobre todo desde que el astro negro decidió volverse la cara más visible y descarada del albañal facineroso que constituye la FIFA, cónclave de mafiosos a quienes ningún oprobio ha sido ajeno.  Por ello, tener la oportunidad de atestiguar desde Buenos Aires el lugar del evangelio que constituyó la final de la Copa del Mundo no puede sino sumir al pagano en un estupor que me atrevo a calificar de beatífico. Y soy ateo.
Una de las ilusiones más crueles del mundial, como sucede en el caso mexicano, es la presunción inherente de que en todo equipo late un campeón, al menos de manera soterrada. En teoría al comenzar el torneo cualquiera de los equipos participantes puede, merced de un milagro o de un método –ya sea implementando argumentos futbolísticos o sencillamente poniendo los güevos elusivos– alzarse con la copa que remedie las miserias cotidianas, al menos por unos días. Tal ilusión, que alimenta los estadios, la prensa y los delirios alegóricos y fundamentalistas de la parte más primitiva de nuestro cerebro, se ve henchida porque probablemente en ningún deporte moderno pese tanto la suerte para definir un resultado. En el futbol no siempre ganan los mejores, sino los que hacen los goles y saben aprovecharse, como Robben, del entramado de las circunstancias. Un futbolista de valía, como no se trate del genio casi autista Messi o de máquinas aceitadas de precisión y de técnica como el equipo alemán es, en esencia, un estupendo lector de la cancha (Figo, Zidane y Pirlo ilustran claramente mi argumento).
Asistí en mi faceta de antropólogo social a la plaza San Martín con la finalidad de ver el color local y darme una idea del tamaño de su pasión, que es eterna y combustible. En poco tiempo el espacio se llenó de gente de todo tipo, desde los fenotipos a los que nos tiene acostumbrados la televisión hasta los especímenes propios de las villas miseria en Argentina, gente pobre y maltratada que tiene muy poco que ver con el imaginario que exportan los porteños al mundo entero, y que revelan no sólo que son mayoría en el país, sino que una sociedad como esta ha podido construirse de espaldas a sí misma a través de un rasgo perverso y preciso: acá a la fealdad se le cierra la puerta, se la niega y se la esconde. Por ello es violento en todo sentido el encuentro del burgo con las villas; alguien está fuera de sitio. Y tiene muchas ganas de romper, de beber y de incendiar, como sucedió en los festejos del subcampeonanto en el Obelisco, un verdadero desmadre que terminó con acuchillados, inconscientes y numerosos detenidos.
Luego de que la marejada de gente fuera intolerable –la organización estuvo marcada por la indolencia y la precariedad–, huí a un bar para mirar el partido, donde otro tipo de argentinos celebraban, aunque preciso sería decir injuriaban, el hecho de que Brasil no disputara la final de la copa y Neymar estuviera lesionado. Y eso es algo que llama poderosamente la atención del extranjero. Más que enorgullecerse por estar hasta la cima, lo importante era que el otro no había llegado, en una suerte de vanidad negativa adolescente que se solaza en decir “yo sí y tú no”, uno de los instantes más bajos de la competencia deportiva y que yo sólo he visto arguir con tanta vehemencia en estas tierras. 

No seré yo, mexicano y militante, quien juzgue a una pisque acomplejada y malherida; sin embargo compruebo con tristeza que en este país, se gane o se pierda, la tónica recurrente es el incendio y el abuso, haciendo del futbol, pese a la belleza que lo anima, un pretexto en el que sólo permanece una furia ciega y desmedida.



Por Rafael Toriz

Hopper



Digresión filosófica
Hace ya una década, Mark Strand publicó un pequeño y hermoso volumen titulado sencillamente Hopper. Era, más que un libro de crítica, la lectura que un poeta hizo de un pintor. Strand se aventuró en una treintena de sus más famosos cuadros. Con una escritura nítida, meticulosa, y a la vez elusiva, densa y evanescente, Strand expone en Hopper su interpretación sobre lo que los espacios, las escenas, las personas de esa insólita y aparente cotidianeidad pintada por Edward Hopper nos ofrecen. Una cotidianeidad que, sin embargo, alcanza las alturas de lo inolvidable y de lo conmovedor.
Prefacio
Cuando decidí escribir sobre los cuadros de Edward Hopper no sólo tenía la intención de exponer mis ideas, sino también de rectificar aquellas que percibía como interpretaciones erróneas propuestas por otros críticos de su pintura. La mayor parte de lo que se ha escrito trata de evitar la pregunta esencial sobre el por qué personas tan distintas son afectadas de formas tan similares cuando se encuentran en presencia de su obra. Mi enfoqué al afrontar la cuestión –y otras relacionados con ella– ha sido esencialmente estético. Estoy más interesado en la presencia de las estrategias pictóricas que en la presencia de aspectos sociales en la obra de Hopper. Es evidente que sus pinturas representan un mundo que, aparentemente, parece distinto del nuestro. La satisfacción o las dudas ligadas a los cambios de la vida estadounidense en la primera mitad del siglo XX no pueden, por sí solas, explicar la intensa reacción que estos cuadros suscitan en quien los mira. Las pinturas de Hopper no son documentos sociales, ni alegorías de la infelicidad o de otros estados de ánimo que se puedan aplicar con igual imprecisión a la paleta sicológica de los estadounidenenses. Creo que los cuadros de Hopper trascienden la apariencia del hic et nunc y colocan a quien los observa en un espacio virtual, en el que predominan el influjo y la abundancia de sentimientos. Mi lectura de ese espacio es el argumento de este libro.
Digresión filosófica, 1959
En Digresión filosófica un hombre, visiblemente atormentado, está sentado en el borde de una cama sobre la que yace de espaldas una mujer, con las nalgas y las piernas descubiertas. La luz que entra por una ventana abierta queda impresa sobre el piso a los pies del hombre y sobre la pared detrás de la cama. Cerca del hombre hay un libro abierto. No hay duda que se está desarrollando una historia, pero a diferencia de la mayor parte de las pinturas que he examinado, no se trata de una historia realizada mediante la mera distribución de los elementos formales o abstractos. Aquí el peso de la significación recae sobre el hombre, sobre la mujer y sobre el libro; y para poder leer el cuadro debemos construir una narración sobre sus recíprocas relaciones. ¿La mujer está cansada del hombre? ¿El hombre está aburrido del libro? ¿Buscaba en el libro algo que la mujer no es capaz de darle? En un instante hemos dejado atrás la pintura y nos encontramos envueltos en la banalidad del melodrama, que depende, por lo demás, del aire de desilusión escrito en claras letras sobre el rostro del hombre. Pero quizás este aire de exagerada preocupación es necesario para mostrar aquello que el carácter plácido y controlado del resto del cuadro no puede hacer. Al contrario de Noctámbulos, Digresión filosófica no hace vacilar a quien mira ni impone sensaciones de aislamiento y exclusión. Nos invita a su centro estático donde el hombre, la mujer y el libro están reunidos en una rara triangulación de fuerzas.
¿Qué decir del libro? ¿Y del título del cuadro? Una vez, cuenta un crítico, Hopper comentó que “el libro abierto es de Platón, releído demasiado tarde”. Otro crítico refiere que Hopper en persona afirmó a propósito del hombre que “había releído a Platón muy tarde ya en su vida”. Personalmente no alcanzo a ver qué mal puede hacer leer o releer a Platón cuando se está a cierta edad. No llego a comprender qué mal pueda hacer Platón en uno, cualquiera que sea el estado de nuestra vida. Pero quizás estamos dando demasiada importancia a Platón. Pudo ser que su nombre  haya sido el primero que vino a la mente de Hopper. Incluso quien no haya leído nada de filosofía habrá oído hablar de Platón. Y quizás el nombre de Platón haya sido dado a la ligera, como una broma o con un propósito engañoso. Después de todo, el cuadro no se llama Digresión sobre Platón, o Los límites de Platón, ni Tristeza poscoital y platonismo. El hecho de que el peso del significado del cuadro gravite exclusivamente sobre la representación narrativa es una debilidad del cuadro. Se vuelve una viñeta, una visión irremediablemente reductiva de... ¿de qué? ¿La vida de la mente contrapuesta a la vida del cuerpo? ¿Lo espiritual contrapuesto a lo material? Más se mira la frente ceñida del hombre y más se tiene la sensación de que está recitando con demasiado énfasis, y más se miran las nalgas de la mujer retratadas casi de manera trivial y más nos parecen una burla.
Verano en la ciudad, 1949
En Verano en la ciudad una mujer pensativa está sentada sobre el borde una cama donde está acostado un hombre desnudo, la cara hundida en la almohada. Esta pintura es muy parecida a Digresión filosófica, a no ser por el hecho de que el hombre y la mujer han intercambiado los roles. También aquí nos vemos obligados a buscar una narración que aclare las cosas. Pero en esta pintura hay una intensidad ausente en el otro, quizá porque tenemos la sensación de que se está jugando un drama personal dentro de un contexto que está muy lejos de ser neutral. Porque la pintura indica que, cualquiera que sea el problema que la pareja esté afrontando, no habrá para ellos una salida feliz. La luz que entra en el cuarto y rodea a la pareja parece incluso cerrarse sobre ellos, la vista de la ciudad, como un paréntesis a cada lado del cuadro, la desolación general del apartamento –todo nos lleva a pensar en el confinamiento. Es una escena de la cual no podemos conocer su inquietante contenido. Sólo sabemos que soporta el peso de una luz acusadora y que la pareja será liberada de su mortal infelicidad sólo cuando caigan las tinieblas.
Escalera, 1949
Gran parte de lo que sucede en un cuadro de Hooper parece guardar relación con elementos del invisible reino que está más allá de sus límites: personas que se inclinan hacia un sol ausente, calles y vías que continúan hacia un punto de fuga que sólo puede ser imaginado. Sin embargo, muy a menudo Hopper coloca en el interior de sus cuadros lo inenarrable.

En Escalera, un cuadro pequeño y misterioso, miramos, a lo largo de la escalera y a través de una puerta abierta, una oscura e impenetrable masa de árboles un poco más allá del umbral. Dentro de la casa todo nos dice: «Sal». Afuera todo nos grita «¿Adónde?». Todo  aquello para lo cual la geometría de la casa, nos dispone nos es oscuramente negado. La puerta abierta no es el inocente pasaje que conecta el interior con el exterior, sino un gesto paradojalmente diseñada para mantenernos donde nos encontramos.




Traducción de Rafael Antúnez




Carta a mi hermana



Irene Méndez Hernández Palacios. Q.E.P.D.


(Irene Méndez 12 de septiembre de 1983 – 8 de junio 2010).
Alejandra Méndez Hernández Palacios
Dedicada a todos los hermanos que se han ido, y a todos aquellos que hemos tenido que seguir…
Dentro de unos días, será tu aniversario luctuoso y el dolor permanece intacto … Te cuento que desde el 8 de junio, el imborrable 8 de junio de 2010, la cosa en México sigue igual, la sangre corre por las calles, mientras que el glitter y los tacones asesinan la sensibilidad, la congruencia y la justicia social. Hemos aprendido a vivir sin ti, a pesar de los días que precedieron a tu muerte en los cuales el mundo pareció detenerse y tornarse casi inhabitable, tomamos fuerzas de las profundidades de la lectura (hablo por Ester, Luis y por mí, Beti tomó fuerzas de su lugar “celestial”) para volver a vivir. ¿Volver? Sí, volver, también nosotros morimos con los seis balazos que atravesaron tu cuerpo. Nuestro padre, no se lo he dicho a nadie, estoy segura de que los recibió todos en el corazón, la acuosa mirada que se esconde tras su triste sonrisa lo dice. En las entrañas, el corazón y la cabeza nuestra querida madre guarda aún las balas. Yo creo haberlas recibido en los ojos, pues desde que te fuiste ya no veo la vida de la misma manera. He dejado de llorar por todo; es más me cuesta trabajo soltar un par de lágrimas. No lloro, pero sí río mucho, disfruto la vida y amo intensamente. ¡Cómo tú lo hacías! 
De tus asesinos poco se habla, optamos, o por lo menos yo opté, por enterrarlos el día que depositamos tus cenizas; no busco sus rostros en la calle ni me torturan en sueños sus posibles siluetas. Me costó trabajo, pero logré no sentirme culpable de tu muerte, debí protegerte, mi pequeña hermana. Unos días después de tu asesinato, papá me abrazó muy fuerte y me susurró al oído: tranquila, tú no podías salvarla. Papá siempre logra saber mis secretos, y esa vez a diferencia de otras me sentí aliviada de que los supiera.
Poco a poco los gritos, tus gritos desesperados que luchaban en mi cabeza,  fueron tornándose en risas y carcajadas; y las manchas de sangre que tiñeron el asiento de tu “blanca nave” se fueron convirtiendo en recuerdos gratos de nuestra fantástica niñez: nuestra estancia en Nueva York, nuestras noches en El Vigía, donde bailábamos a la luz de las velas mientras mamá tocaba Para Elisa; la tarde en que recibimos emocionadas a Beatriz y el día en que descubrimos que tenía síndrome de Down; la insensatez de sabernos princesas y poder tejer historias en el telar gigantesco que presidía la sala…
Poco a poco regresamos a la vida, dejamos de ver pasar a los transeúntes y nos sumergimos en las calles, probamos de nuevo el vino, y los placeres terrenales, aprendimos a vivir con este millar de alfileres que de vez en vez se entierran más profundo y otras veces uno que otro vuela.  En fin, mi pequeña hermana, somos felices, la familia crece, hay nuevos amores y nuevas alegrías en casa.
En fin, mi pequeña hermana, dentro de unos días se cumplirán cuatro años  de tu asesinato y el dolor permanece intacto.

Con amor
Alejandra

San Juan Copaliyal, mayo de 2014.

Nostalgia por Eli Wallach (1915-2014)


Elli Wallach y Clint Eastwood
Pocos actores tan emblemáticos como Eli Wallach, quien además de encarnar a Tuco de la cinta El bueno, el malo y el feo de Sergio Leone, fue uno de los magníficos y además don Altobello en El Padrino. Demasiada leyenda para sus 98 años pero Wallach tenía  años de estar en el Olimpo fílmico. Juan Javier Mora-Rivera evoca su trayectoria y lo despide con un emotivo y lúcido homenaje.
Casi ninguno de los personajes que interpretó era un modelo a seguir: Polanski lo vuelve un lugareño bastante chismoso e intrigante en El escritor fantasma (2010); en Río místico (2003), Eastwood lo muestra junto a Kevin Bacon y Lawrence Fishburne y en segundos les roba la escena: es el dueño de una licorería, cuya virtud no es la memoria impecable sino el rencor sinfín para con los malogrados jóvenes que ha tenido como empleados. Posiblemente con quien menos lidió John Huston en Los inadaptados (1961) fue con él, pues su discreto papel sólo tenía como dificultad enfrentar a Monroe y Clark, en el papel de Marilyn y Gable, en el peor momento actoral de ambos. Al inicio de su carrera figuró al lado de Steve McQueen y Charles Bronson en Los 7 magníficos: personifica a Calvera, el octavo magnífico, el cabecilla de la banda que asedia al pueblo de agricultores que será liberado por el grupo de mercenarios inspirados en el film de Kurosawa. Trabajó bajo las órdenes de Elia Kazan, Don Siegel, Aaron Sorkin, Oliver Stone y William Wyler. En Batman, la serie televisiva, personifica al primer Mister Freeze, sumándose a una lista legendaria de villanos que incluyen a Joan Collins, Zsa Zsa Gabor, César Romero, Burgess Meredith y Vincent Price. Después tuvo pequeños papeles en Kojak, La ley y el orden, ER y prestó su voz para varios documentales. Sin embargo, para recordarlo sólo hay que nombrar alguna de sus dos interpretaciones más célebres: El Feo de El bueno, el malo y el feo de Sergio Leone y Don Altobello, el maquiavélico enemigo de Michael Corleone, de El padrino III. Casi centenario, a los 98 años Eli Wallach murió el pasado 24 de junio.
Adicional a su capacidad para perfilar un personaje bajo el método –además de ser destacado alumno del Actor’s Studio–, Wallach tenía como recursos la mirada y la gesticulación, muchas veces exageradas pero sin duda efectivas y singulares en él. De ahí que Francis Ford Coppola en El Padrino III supiera siempre que sin Wallach no tendría al villano perfecto para el final de su trilogía. Nadie como el actor de ascendencia polaca para personificar a un aparente e inofensivo anciano mafiosi que finge no entender nada de la última guerra contra la familia Corleone, en su afán por volverse honorables. Entonces resulta efectiva la parafernalia de ademanes aprehendidos a los italianos de su barrio cuando niño. Wallach no sólo canta con perfecto acento rimas sicilianas y engaña en cada escena al negar el origen de las amenazas para Michael Corleone, sino que pareciera sufrir de senilidad repentina cuando se siente descubierto. Sólo su mirada esconde la pista que permite al espectador atisbar sobre el cerebro detrás de las conspiraciones: la escena clave la da con Andy García, quien debe presentarse ante Wallach para fingirle lealtad y entregarle a Al Pacino. Mientras García dubita en el primer plano de la cámara, al fondo la mirada triunfante de Don Altobello brilla: es Fausto entregando al diablo un alma de los Corleone para la gloria de los infiernos…
Sin embargo, la muestra más notable de su talento para contar la historia a través de los ojos es evidente en El bueno, el malo y el feo (1968) [en el cine de Sergio Leone el mejor ejemplo es Érase una vez en el Oeste (1966), donde la mirada concentra todos los recuerdos: el pasado como trama se abre y cierra con los mismos ojos, los de Armónica (Charles Bronson), casi inexpresivos, detenidos en un tiempo preciso en espera de consumar la venganza –tengo la impresión ahora de que Wallach fue considerado por Leone para esa cinta, en el papel de Cheyene. Sin embargo, la misteriosa parsimonia de Jason Robards era también única y distaba mucho del carácter de El Feo].
Wallach, físicamente, no da el porte de un mexicano y habla muy mal español (durante la filmación se entendía con el director Leone en perfecto francés, pues ambos desconocían el idioma del otro). Sin embargo, su interpretación resulta en un personaje fascinante, se conozca poco o mucho a nuestro actor. Resulta difícil admirar a un tramposo, mañoso, santurrón y cínico ladrón como El Feo –alias Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez–, pero Wallach lo dota de un carisma sólo comparable al Blondie de Clint Eastwood, y mientras Sentenza o Angel Eyes (Lee Van Cleef) la mayor de las veces es despreciable, traicionero, despiadado, sin pizca de escrúpulos, Tuco mantiene una ingenuidad en ciertos momentos que conmueve, lo que permite establecer casi una “amistad” con Blondie, a pesar de las mutuas celadas infligidas. De ahí tal vez la explicación de que en Italia y España el personaje de Wallach sea nombrado en segundo término y no al final del título del film, a diferencia de México.
Así, la mirada y los gestos resultan fundamentales en el trabajo del neoyorkino, en particular en tres de las escenas cumbres de El bueno…: durante la golpiza que le manda a propinar Angel Eyes, la mirada de Tuco es el dolor mismo; en el duelo final, los únicos ojos que dudan y trasmiten angustia ante la inminente muerte, en medio del canto de los cuervos y las trompetas con sordina, son los de El Feo… Pero ninguna se compara a “El éxtasis del oro”: Tuco llega por fin al cementerio semicircular para tratar de encontrar la tumba de Arch Stanton, donde supuestamente están escondidas las cuatro bolsas que suman 200 mil dólares en oro. El mexicano mercenario es impulsado sólo por su mirada y la precisa música de Ennio Morricone; los ojos hechizados le elevan de un punto a otro dentro del anfiteatro, sorteando perros asustados, tierra moribunda, cruces y pedruscos, en medio de una soberbia sinfonía de ambiciones, donde el coro lo integran cientos de tumbas acomodadas con sobriedad espartana. La mirada brinca, busca más allá del horizonte, no desea estar quieta: se sabe a un paso del triunfo. Pasados tres minutos, la cámara fija un primer plano vacío y espera… Ahora el rostro de Wallach se posa y busca sus ojos. La mirada evoca al enamorado que ha encontrado a su amada con tan sólo imaginar su nombre; ahora ese hombre se sabe dueño de un corazón que ansiaba con toda su alma. Y esa mirada se llena de paz, la paz que da al bruto Tuco encontrar su tesoro áureo. Casi podría semejar una metáfora de la búsqueda del amor.
Uno de sus últimos papeles, en El descanso (2006) de Nancy Meyers, era una especie de guiño sobre la imagen que tal vez muchos podrían tener de Eli Wallach hacia el final de su carrera: Arthur Abbott, un guionista que se cree olvidado a pesar de haber formado parte de la época dorada de Hollywood, se rehúsa a asistir a una ceremonia de homenaje en su honor. Cuando Abbott llega a la ceremonia con Iris (Kate Winslet), para sorpresa del guionista la sala luce llena y el público de pie aplaude sus logros, tal como sucedió con Wallach cuando recibió el Oscar honorífico de manos de Clint Eastwood y Robert de Niro por su exitosa trayectoria en 2010. Wallach siempre estuvo convencido en vida de la trascendencia de su actuación y sus personajes, entendiendo así que uno de ellos se volviera sinónimo de él mismo. No es gratuito que su biografía no consigne su nombre y en su lugar evoque a su más memorable interpretación: El bueno, el malo y yo: en mi anecdotario.
Los personajes interpretados por Eli Wallach posiblemente no eran un modelo a seguir, sin embargo, creo, no cualquiera hubiera podido darles vida como él lo hizo: volviéndose ellos, y ellos trascendiendo su nombre.

Por Juan Javier Mora-Rivera

Veinticinco años de la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa: datos y contrastes



Al son que me toquen bailo. Comparsa La Bulla


La feria editorial más importante de Xalapa es por su vigencia y arraigo la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil, que en 2014 cumple 25 años. Víctor Benítez ofrece en este reportaje un prisma de la historia, los logros y los hitos pero también los vaivenes y los apuros económicos. Sin duda un mural estupendo para conmemorar el cuarto de siglo de la FLIJX.

La Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa ha dado mucho de qué hablar durante veinticinco años. Veinticinco grandes años en los que una generación de xalapeños ha creado una tradición hacia el fomento de la lectura en los más pequeños miembros del hogar. Una tradición que vuelve cada verano siendo esperada por miles de familias que incluso viajan de otras partes tanto del interior de la República como del exterior.
Han sido veinticinco años en los que se luchado contra la falta de presupuesto, la falta de organización e incluso la inseguridad del Estado, que desfavorece la confianza para salir a actividades públicas. Sin embargo, han sido veinticinco años durante los que la feria se ha defendido a capa y espada, rechazando sentimentalmente cambiar de sede. De sus veinticinco emisiones, en más de una ocasión han querido recolocarla con la intención de crecer, pero en un intento prácticamente fallido por colocarla en la Zona Universitaria se ha demostrado que no hay una respuesta positiva por parte del público.
Debe revalorarse el peso que tiene el público y quienes hacen posible esta feria, no sólo la institución como organizadora sino a los propios artistas y por supuesto a los libreros. Qué son entonces las ferias de libro si no hay una variedad importante de casas editoriales, pues cierto es que esta feria es considerada una de las más solicitadas del país por los expositores. Hay quienes han pasado años en lista de espera, otros que han participado siendo pioneros en la feria y que ahora siguen en espera de un nuevo lugar. Unos más han tenido la fortuna de ser aceptados en su primera solicitud. Una suerte que tampoco es gratuita, pues mientras asegura José Luis Bretón Arredondo, coordinador general de la feria, que la cuota de los stand es pareja y simbólica para todos, los libreros aseguran que no es así, algunos incluso piensan que no es nada simbólica pues los precios van de los $2,470.00 a los $3,870.00 pesos.
Mientras los números de Conaculta señalan que se esperan 35 mil lectores, en rueda de prensa el Ivec calcula 55 mil lectores, y el coordinador, José Luis Bretón apunta unos 58 mil lectores. Panorama algo disparejo, tan disparejo como el incremento de casi 1 millón 400 mil pesos del presupuesto para esta edición, más lo que se junte de los expositores, aunque diga Bretón que ya no alcanza.
Como parte de los festejos de los veinticinco años se reconoció a la antropóloga Lourdes Hernández Quiñónes, fundadora de la feria y su imagen emblemática, incluso hoy cuando tiene años fuera de la organización. En estos términos Hernández Quiñónes se refirió sobre aquella primera emisión y su crecimiento.
Lourdes Hernández Quiñónes, fundadora
Me correspondió organizar la primera emisión de la feria por una cuestión fortuita. Conaculta propuso a la Secretaría de Educación y Cultura, que así se llamaba entonces, el programa de ferias del libro a nivel nacional. Como trabajaba ahí, me encomendaron coordinarla.
Son muchas las experiencias a lo largo de estos 25 años. La feria del libro ha sido un testigo del desarrollo cultural de Xalapa. En las primeras ferias era fabuloso que antes de las 10 de la mañana ya hubiera una fila de niños formados en la calle. Los papás venían y dejaban a los niños ahí con toda la tranquilidad para que a la hora en que abríamos las puertas entraran corriendo a los talleres.
Hay muchas historias de niños que se escapaban de sus casas porque las mamás tardaban en bañarse y ellos ya querían llegar a la feria y se venían solitos, caminando. Ya luego las mamás llegaban y los encontraban. Hace veinticinco años, Xalapa era otra ciudad. Una más pequeña, donde la oferta cultural era incipiente, no había actividades en el verano, como lo son ahora los cursos de verano. La feria cubría esa carencia.
El momento en el que llegó la feria fue cuando tenía que llegar. Hemos visto el crecimiento de artistas, promotores de lectura, que también empezaban en ese momento. El rostro cultural del país y de Veracruz era definitivamente otro. En ese entonces empezaba la creación de los institutos de cultura, en 1987 se crea el Ivec.
Es un momento de desarrollo cultural que marca y deja huella para continuar. Creo, sin embargo, que la feria no puede seguir reproduciendo el mismo modelo de organización de entonces: la ciudad es otra pero sobre todo los niños son otros.
En algunos años ha habido un retroceso por distintas razones, incluso por falta de recursos, porque el espacio ya es pequeño, y la feria ya no puede crecer más, y en ese sentido debemos optimizar mayor calidad que cantidad. No importaría tanto tener 500 editoriales sino las 100 mejores. Falta trabajar mucho en ese aspecto y redefinir las políticas culturales en el estado, que me parece han quedado rezagadas. Llevamos por lo menos dos administraciones en que las políticas culturales han quedado desdibujadas y escondidas en este afán de hacer festivales culturales que también tuvo su boom en el país, la festivalitis en todas partes. Los festivales sin duda son muy importantes porque responden al origen de la fiesta popular y convocan a la comunidad. Pero también es cierto que los festivales no son toda la cultura. Hay expresiones menos numerosas que son menos vistas pero no menos importantes.
Creo que el Ivec ha tenido como todas las administraciones distintos momentos, ha habido cosas buenas y otros en los que de plano no. Depende mucho de quién esté como titular de la institución, sin duda son los que marcan los intereses.
Antes que crecer en tamaño, la feria tiene que optimizar contenidos. Considero que si la feria del libro sigue aquí, en el Colegio Preparatorio, seguirá siendo una feria democrática. En el centro la gente llega fácilmente si se va a otro lugar, como cuando quisieron llevarla a Los Lagos, vemos que no es su sede. Aquí nació y es el propio espacio de la feria.
El actual coordinador de la feria
José Luis Bretón relata estar conmovido por la buena voluntad de algunos artistas, así como el patrocinio de compañías que un día nacieron de esta feria.
Dice sentirse triste por la falta de formación en la universidades respecto a la promoción y venta de servicios culturales. Bretón, cuya formación es de publicista, señala que el Ivec está dispuesto a orientar a quienes se acerquen a preguntar, pero que no es su obligación buscar artistas para integrarlos a la feria.
Hay que señalar que el casi millón y medio de pesos que en esta ocasión se aumentó el presupuesto probablemente no se nota debido a la inflación. Apenas y alcanzó para pagar el escenario y las luces, también el audio, a Elena Poniatowska y a Jorge Volpi. Ya no alcanzó para el clásico ajedrez o para la lotería.
V. B: ¿El presupuesto ha crecido o ha disminuido para esta emisión número de la Feria Nacional Infantil y Juvenil de Xalapa?
J. L. B.: Depende de la partida estatal y federal, depende de las características contextuales de los propios participantes. En esta emisión se tuvo un presupuesto mayor que el del año pasado. Para esta feria es de tres millones cuatrocientos mil pesos, el del año pasado me parece que fue de dos millones y pico. Significativamente se dio un salto. Cuando se habla de presupuesto se vuelve complicado balancear, lo que comprabas el año pasado con un peso, no lo compras hoy con el mismo peso. Aunque crezca en monto el presupuesto en características es propiamente lo mismo. Más allá del presupuesto, se trata de cómo hacer rendir ese presupuesto con mayor impacto y una presencia más estratégica y enriquecida, de mayor calidad. Porque en cualquier proyecto no hay presupuesto que alcance.
Muchos de nuestros participantes han querido contribuir con la feria a partir de que han tenido un lazo afectivo con la misma, comprender las características económicas por las cuales se pasa y entonces desean contribuir con sus presentaciones y tener mayor holgura.
¿No están cobrando lo que generalmente cobran?
Muchos de ellos no; por mencionarte alguno: Juglaría es uno de los que se acerca a nosotros y nos dice que les interesa participar porque es un foro muy importante en el cual han participado desde hace mucho tiempo, y a la vez yo les digo sí pero no puedo contribuir con todo. Entonces sugieren que se haga de otra manera. Así es como se suman.
La Casa del Cuento, otro ejemplo, es una unión de talleristas, y los que están manufacturando este taller lo hacen con muchas ganas porque son personas que han estado en la feria desde hace mucho tiempo. Le están poniendo unas ganas que van más allá de la paga, y la paga que se está dando propiamente viene siendo la del material que se va a ocupar.
¿Me está diciendo que se eleva el presupuesto más del treintaicinco por ciento que el año pasado y que algunos artistas están presentándose prácticamente de forma voluntaria? ¿Entonces hacia dónde va enfocado ese incremento del presupuesto? Más de un millón de pesos.
Hacia lo mismo. Tenemos un mejor foro y un mejor audio e iluminación. Tenemos la Casa del Cuento, que no la teníamos. Y muchos elementos que se están sumando y que no se tenían. Tratamos de fortalecer con mejores grupos y con mayor calidad y soporte. También algunos grupos se están sumando pero claro que hay grupos que son tradición para la feria.
Tenemos este año la participación de Elena Poniatowska, lo que habla de un enmarcamiento. Todo eso es estar hablando de hacia dónde van los elementos.
¿Dónde está el fomento a nuevos grupos?, es decir, hay hasta cinco participaciones por parte de un mismo grupo, como Juglaría, pero con diferentes nombres, por ejemplo uno es show de Martín Corona, otro es Jorge Corona, otro es Alethia Valdés, y poca participación de muchos grupos artísticos locales…
Todo se hace a partir de las carpetas que ellos presentan al Ivec, donde dicen su propuesta y condiciones. En este sentido nosotros estamos abiertos para que presenten sus trabajos. Muchos de ellos están participando más de tipo voluntario que de contratación. No podemos incluir tampoco a cualquier persona y no por nosotros sino por los lineamientos del Conaculta: solamente sobre estos soportes puedes canalizar tu programa.
Hablar de Juglaría es hablar de quien nos está aportando y nos está apoyando [muestra el patrocinio de Juglaría en el programa de la feria]. Si tú como grupo tienes un aporte, vas a tratar de participar más para apoyar, pues adelante.
¿Esta feria está invirtiendo más en escenarios y espacios que en artistas?
No. Estamos tratando de tener una congruencia entre los artistas que vienen y las condiciones que requieren. No es aportar más a la calidad técnica; eso sería un grave error. Tendríamos en todo caso que crecer a la par.  Y cuando hablo de crecer me refiero a las necesidades y no a elementos que se vean más rimbombantes, aunque traiga proyección de personas que no soporten  o que no tengan las  características necesarias. Los elementos que tenemos son porque en los diferentes foros se habla de las distintas condiciones que requieren los artistas. Es poder soportar estas condiciones. No marcar nosotros las condiciones.
¿Cuál es el número de visitantes que esperan? Conaculta: 35 mil lectores. Rueda de prensa del Ivec:  55 mil personas.
Digamos que como en el Teletón: un peso más que el año pasado, aquí sería propiamente una persona más que el año pasado. El año pasado se recibieron 52 mil personas, este año esperamos de 52 mil a 58 mil.
La disonancia entre lo que anuncia uno y lo que dice el otro son expectativas. Expectativas también son las que tienen los libreros que forman parte de la exposición, pues aunque el coordinador general asegura que no hay una clasificación de los espacios en cuanto al precio de la renta, los expositores afirman lo contrario. Las cifras se elevan hasta los $3,870.00 dependiendo de la zona. Para otros, este gasto no es significativo pues han llegado a pagar hasta 30 mil pesos por espacios más pequeños en otras ferias.
Algunas casa editoriales platicaron su experiencia.
Rueca de Gandhi
Traemos una editorial que se llama Juventud y otra que se llama Panamericana, que tienen puro material infantil. Como librería hemos venido durante veintitrés años, únicamente nos hemos perdido la primera y la tercera feria. Somos considerados para participar en la convocatoria, donde metemos la solicitud dependiendo si vamos a venir con una editorial o con la librería, o con las dos.
En cuanto a ventas, los primeros días son los que utiliza la gente para ver qué es lo que le interesa y cuánto cuesta. Lo bueno es a partir del viernes, que son los últimos días. La organización tiene que ver con el flujo de las ventas. Por ejemplo, hemos vivido diferentes organizaciones, diferente tipos de eventos y talleres, y la verdad hubo un año u otro donde se notaba el cambio y el contraste con otras emisiones. También tiene que ver la publicidad.
El cambio de sede es algo que se ha venido diciendo desde hace muchísimos años, incluso un año la hicieron en Los Lagos. De plano no funcionó y como espectadora tampoco me gustó. Además de que ya estábamos acostumbrados, los que somos muy recurrentes a la feria, a que su lugar sea la Prepa Juárez, símbolo de la feria. Que de repente te muevan, la gente se desorienta. Se ha intentado pero va a costar trabajo lograrlo en otro lugar.
Tusquets Ediciones
Es nuestro segundo año. Nos mandan la convocatoria y tenemos que enviar nuestro fondo para ver si es apto para la feria. Me imagino que lo analizan pero ya los que han venido en años anteriores se puede decir que tienen su lugar asegurado.
No podríamos dar un comparativo de ventas hasta finalizar la feria porque está arrancando la quincena y hay poca gente. Esperamos sea más que el año pasado.
Esta feria es redituable. Venir desde México vale la pena, por eso seguimos viniendo. Xalapa es una ciudad de las pocas que no escatiman en el precio del libro. En otros estados dicen: ¡Ah, es que está muy caro! Y aquí no. Xalapa es considerada una ciudad de lectores.
Hay ferias como la de Monterrey o Guadalajara, que además son ferias internacionales, muy caras, donde un stand chiquitito puede costar 30 mil pesos. Aquí no creo que sea muy caro y más bien es de recuperación. Es de las ferias más solicitadas para los expositores de toda la república.
No dudo que cambiar de espacio para la feria sea bueno, pero tiene que ser un lugar céntrico. Nos pasa en muchas ciudades de provincia, como Arteaga, Pachuca, Aguascalientes, Zacatecas, donde han cambiado sedes. Diez o quince minutos le parece lejano a la gente de provincia. Nosotros del DF estamos acostumbrados a hacer distancias de dos o tres horas mientras que acá hay de todo y tan cerca.  Yo creo que si se cambia de sede nos va a afectar un poquito pero es parte de la evolución, y el trabajo de difusión y coordinación.
Cabe señalar que hay cosas que no funcionan. Por ejemplo, en Arteaga nos cambiaron de sede y la organización puso rutas de la universidad de allá para trasladar a las personas gratis pero [los autobuses] llegan vacíos. Es el segundo año de cambio y no ha funcionado. No sé cuándo se pueda reponer una feria de un cambio de sede.
Argonautas
Hemos tenido la fortuna, ya sea por el hacer o por el material que manejamos, de que la primera vez que solicitamos nos fue asignado un lugar y este año otra vez. Yo creo que es una buena oferta, es la mejor fecha para todos los compañeros libreros. El pago del espacio de este año fue de $2,470.00 en la parte de arriba, que es la más económica, la parte intermedia tiene un costo más elevado y en la parte de abajo es menos elevado que el de enmedio.
Este año hay más ventas. Se divide el posible ingreso entre más compañeros pero también los clientes asiduos de la librería te buscan por las novedades. Porque por costumbre todo mundo reserva material para la feria.
En comparación con años anteriores hay un crecimiento. El programa de actividades es intensivo. Hay escritores que al menos el año pasado no tenían el cartel de los que lo tienen actualmente. Entonces por ese lado en presentaciones hay crecimiento en los invitados, y en las actividades y publicidad hay una cobertura más amplia. Por ejemplo, hoy venía de Banderilla y se veía a la entrada de Banderilla un espectacular, el cual se veía muy bien porque toda la gente que baja de México y de Puebla de alguna manera se entera de lo que está pasando.
El cuentacuentos de la feria y otros artistas
En cuanto a las actividades artísticas, y bajo la advertencia de que quien participó este año en el programa lo hizo casi de manera voluntaria, no encontramos quejas. Soflama Cumbia Ensamble, agrupación que cumple tres años de presentarse en esta feria, afirma que el procedimiento para ingresar al programa de la feria siempre ha sido el mismo . Consideran buena la organización y no piensan que haya como tal una presencia de buena fe; más bien, aseguran, es una negociación. Lo más importante es que para ellos es “súper importante tocar en un gran foro como este.”
Monedita de Oro por su parte considera sin novedad el hecho de que todo esté fluyendo de manera excelente, todos sus gastos y requerimientos técnicos así como viáticos. Desafortunadamente llovió y no hubo mucho público, pero la pasaron muy bien.
La gente que lleva más años de conocer y asistir a la feria recordará sin problemas a Martín Corona y su compañía Juglaría, Circo y Narración, que no solamente forma parte de la gran familia de la feria sino que ahora son ellos mismos quienes patrocinan y apoyan a que se haga realidad este sueño de verano. Martín platica lo importante que es para él este evento y su necesidad por permanecer como miembro de esta familia.
V. B. :¿Cuál ha sido tu experiencia con esta Feria Nacional del Libro infantil y Juvenil del Colegio Preparatorio de Xalapa?
M. C.: Comencé a ser cuentacuentos en esta feria, en 2001. Lourdes Hernández me invitó a dar un taller de cuento para niños y fue terrible. Entonces, por jugar, comencé a contar historias. Fue encontrar de pronto una manera de compartir literatura, hacer teatro y, a la vez, compartir amablemente.
¿O sea que prácticamente ahí es cuando naces como cuentacuentos?
Sí, ahí nací como cuentacuentos. Gracias a esta feria descubrí lo que soy ahora.
A lo largo de todos estos años las ferias han sido siempre un logro, una batalla exitosa contra recortes, nuevas direcciones y un sinnúmero de eventos. Sin embargo, la feria siempre ocurre gracias a que la gente la espera y se ha hecho una comunidad maravillosa.
José Luis Bretón decía que muchos grupos están participando de forma prácticamente voluntaria, es decir, no se les está pagando, o no lo que deberían ser comúnmente sus honorarios, ¿ustedes son parte de esta buena voluntad o se les aclaró que no había el presupuesto para pagar al precio equis cantidad de funciones?
Cada año Juglaría propone más trabajo por el costo de un par de funciones. Es una cortesía nuestra. Agradecemos que nos den oportunidad de compartir con la gente, lo mismo hacemos con otras ferias en otros estados del país e incluso con FILIJ, donde participamos como talleristas comodín, atendiendo a toda clase de públicos a veces en un mismo taller. De esa manera nos hemos convertido en una consultoría cultural más que sólo en una compañía de productos y servicios. Comenzamos a aplicar nuestra experiencia en logística, gestión y grupos artísticos.
Vi el logo de Juglaría como patrocinadores de la feria, ¿en qué consiste exactamente este patrocinio?
Es una cortesía por parte de la feria a cambio de esas funciones y apoyos que les brindamos. Un acuerdo en el que nosotros comenzamos a evolucionar mediante este tipo de menciones. El rubro exacto es “Amigos de la feria”.
Me gustaría conocer tu opinión como participante de la feria y miembro activo, ¿consideras que hay una evolución de la feria o más bien un estancamiento o incluso decrecimiento?
La Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa es un sobreviviente, un importante bastión. Ha sobrevivido a las modas, a recortes, a momentos muy diversos. En su veinticinco aniversario están participando los más importantes grupos de música para niños y familias de la movida alternativa de México, está la Bebeteca y la Casa del Cuento. Es sin duda un crecimiento y un evento que sigue convocando familias enteras que vuelven año con año, incluso algunas viajan de otros países sólo para esta feria.
Siempre hay cosas que mejorar, omisiones y descuidos, pero por encima de ello hay una energía y un equipo que sabe hacer las cosas por la experiencia.
¿Apoyas que se cambie de sede la feria para su próxima emisión?
La feria debe seguir creciendo, buscando formas de llegar a más gente, si el cambio de sede beneficiará a los libreros, hará que más público asista a los eventos y ayudará a que esa gran comunidad que ya es parte de la feria se convierta en un grupo ejemplo para mucha gente, sería fantástico.
En cambio, si se mueve a un lugar más pequeño o de difícil acceso, corremos el riesgo de perder una feria importantísima para el país y para la comunidad xalapeña.
Las niñas de la feria
La feria del libro ha marcado generaciones como señaló Lourdes durante la inauguración, chicas que recuerdan con añoranza las alegóricas festividades de la feria más que un evento magno con invitados de la talla de hoy en día.
Yaeko Ramírez cuenta su experiencia como niña de esta generación:
Crecí con la feria. De chiquita los recuerdos que tengo son de los talleres. En mi caso yo pasaba mucho tiempo en los puestos que teníamos pero son buenos recuerdos. Mi sueño de cada año era venir a la feria. No he podido faltar a ninguna. Siempre me acuerdo mucho de los cierres. Recuerdo un año donde había mojigangas y no recuerdo qué cosa aventaron pero yo era la niña más feliz de la feria. Lo que más recuerdo siempre son las clausuras y siento que últimamente es en lo que menos se han esmerado. Con el paso de los años han dejado un poco el asunto de las clausuras y ha sido como meter un grupo, que toquen y ya, el cierre. Todo muy diplomático y yo recuerdo que era más festivo y alegre.
Han cambiado las cosas y también creo que tiene que ver con la organización. Se ha intentado hacer cosas distintas pero creo que lo bonito de la feria era tener bastantes cosas que hacer, ver a los niños jugar la lotería, el ajedrez gigante, era muy dinámico para mí.
Definitivamente la feria influyó en mi formación lectora. Estás en contacto directo con los libros. Es un momento para agarrar tus primeros libros y ver qué te gusta. Poco a poco vas viendo en los puestos qué te llama la atención. Descubres nuevas lecturas. No siempre vas a tener a las editoriales aquí. No todas las librerías manejan esas editoriales que venden. Cada año escogía mis libros y eso era lo que leía.
Mariana Aguilar, por su parte, no sólo vivió la feria como espectadora sino que creció con la feria volviéndose parte de ésta:
Incluso me llegó a tocar contar gente, vivir la feria desde adentro. Venía desde los 6 o 7 años y de momento eran los mismos talleres y hacías la misma cosa. Y por lo menos en talleres este año se diversificaron. La Bebeteca ya va para dos o tres años aquí, ya que prácticamente antes se lo echaban todo a la Casa del Cuento y ésta tenía que hacer milagros con bebés y niños grandes. En ese sentido he visto un crecimiento pero estrictamente en lo que debería ofrecer la feria como editoriales me parece que no mucho porque veo la misma gente.
Este año quizá sí le apostaron a lo grande y se olvidaron de los niños. Hay tiempos muertos, acaban los talleres y no hay ninguna actividad. Un ratito en el que todos salen a comer, en otras ediciones había ajedrez, rallies –que por cierto me tocó coordinar uno en la vigésima edición– y la lotería, que ya no la hacen. Me da la impresión que ese cambio que hay cada año en el Ivec, cambio de administración y en la organización de la feria, pierde la continuidad de algunas cosas o no saben esos huecos que hay que llenar, se les olvida.
Me molesta la idea del cambio de sede, pero sé que el edificio no da para más, quizá sea la razón misma por la que no hay más casas editoriales, no hay más talleres o espacios para estos. Generalmente los salones no son espacios muy cómodos por el calor o la cantidad de áreas que tienen. Habría que repensarlo muy bien. Además que es tradición.

Evidentemente la mayoría de la comunidad que visita y conoce la feria está en contra de un cambio de sede pues rompe con esta tradición de verano cien por ciento xalapeña. Aunque es cierto que las administraciones van a seguir cambiando y habrá que seguir luchando en peores escenarios económicos bajo distintas adversidades, lo cierto es que este año se vive nuevamente otra emisión más de esa feria del libro que ha tocado el corazón de muchos niños y jóvenes xalapeños.



Por Víctor Benítez