Mostrando las entradas con la etiqueta 178. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 178. Mostrar todas las entradas

007 ruco


En esta posición onda 69  la pistola me queda más a la derecha [SkyFall]

La nueva entrega cinematográfica del famoso espía creado por Ian Fleming, Skyfall 007, es una película que, afirma Raciel Martínez, “adensa, con inusitado control y pericia al combinar acción y drama, el cenáculo del espionaje en el contexto del fin de los estado-nación”.
La disolución de los estado-nación evidencia, entre otros efectos, el vacío de los cuerpos de inteligencia en el plano internacional. En este sentido Skyfall 007, la última entrega de James Bond, adensa, con inusitado control y pericia al combinar acción y drama, el cenáculo del espionaje en el contexto del fin de los estado-nación.
Ian Fleming creó a su personaje hace sesenta años aprovechando la atmósfera política de la posguerra para subrayar, concéntricamente –casi medio siglo en pantalla grande–, la teoría de la conspiración que tantos frutos simbólicos arrojó a la cultura pop de los Estados Unidos desde los súper héroes de cómic de la Marvel hasta el cine conspiratorio tipo La firma o La red
Dicha circunstancia en la que bordó Fleming a un divertido opositor a la amenaza comunista –incluso en la moda del vestir eran vilipendiados los rojos–, se transformó radicalmente sin péndulo político visible, para dejar como personaje de la tercera edad a su agente con licencia para matar (que por cierto no era cruel hasta que lo interpretó Daniel Graig).
Por un lado las instituciones garantes de la seguridad, como los agentes secretos, y por el otro los mercenarios contratados para generar miedo –los terroristas–, han sufrido una serie de cambios al terminarse la Guerra Fría y entrar en el mundo globalizado en donde las políticas neoliberales y los grandes consorcios son los que posmodernamente establecen las reglas del juego con tamices transfronterizos.
En Carlos, película sin concesiones acerca del enigmático terrorista que asoló Europa en la década de los setenta, el director francés Olivier Assayas mostraba cómo el terrorismo obedecía a una lógica geopolítica donde las ideologías pasaban a un segundo plano. Assayas, suspicaz, mostraba cómo la caída del Muro de Berlín fue un punto de inflexión para entender esa pseudo justificación para el fanático enajenado por exterminar a los cerdos capitalistas.
Sam Mendes lo vio venir y filma en Skyfall 007 el epitafio de esa seguridad cuyo discurso y operación están en franca decadencia (seamos justos y también demos crédito a la saga de Misión imposible que ha registrado precisamente esos cambios en el mundo de los agentes secretos).
En discurso, el espionaje se pierde entre la ausencia de banderas por las cuales luchar –porque habrá que recordar que ya no hay enemigo, pues todos son socios o pertenecen a una comunidad–, tal y como se queja M en Skyfall 007. El crimen transnacional desborda en la etapa contemporánea la justificación ideológica de mantener a los agentes secretos.
Pero eso quizás todavía pudiera entenderse y servir de justificación, lo que no puede darse marcha atrás es en la decadente operación de la agencia secreta. Y es que estamos ante criminales cibernéticos en donde se vulnera cualquier tipo de seguridad física, donde los hackers minan y roban los datos que habían permanecido ultra resguardados a través de un conocimiento tecnológico.
Estaría de acuerdo con Sergio González Rodríguez en que Mendes rodó con Skyfall 007 una pieza fílmica que se antoja paradigmática por los acentos tan marcados entre una y otra época (marcados inclusive en los detalles de atmósferas al pasar de Estambul, Turquía, y Londres, Inglaterra, a la luz neón y led de Shangai, China), y por el grosor impuesto al blockbuster.
De hecho, es tal la impotencia que provoca la astucia posmoderna del terrorista Silva, que James Bond opta por regresar a los orígenes en su casa de nacimiento refundida en la campiña y tendrá como Sancho a un increíble Albert Finney con rudimentaria escopeta en mano. Las plumas con efecto explosivo resultan ñoñísimas para el sofisticado armamento de Silva, una deliberada mezcla cóctel de villano: con el psicologismo amedrentador de Lecter, la locuacidad sociópata del Guasón, la épica imperial de Duvall en Apocalipsis now, hasta la máquina-sicario de Sin lugar para los débiles de los hermanos Coen.
Mendes consigue una profundidad inusual en un personaje que había permanecido sin aristas mientras la retórica política duraba. Pero cuando ya se corre el velo, entonces 007 se beneficia de los arrestos de un director que nos enseñó espesor dramático en Belleza americana, Camino a la perdición y Vía revolucionaria y ahora en Skyfall 007. Y hasta se da el lujo de una resurrección romántica a partir de un desfasado y elegante DB5.

Sky fall 007. Director: Sam Mendes. Con: Daniel Graig, Javier Bardem y Naomie Harris. Duración: 143 minutos. Estados Unidos, 2012.



Por Raciel D. Martínez




Ángulos de Nick Cave


Nick Cave con pose de director de orquesta.

Nick Cave and the Bad Seeds llegaron a México para presentarse en el Foro del Dinosaurio del Museo del Chopo para el lanzamiento mundial de su décimoquinto álbum, Push the Sky Away. Esta es la crónica de Jonathan Flores de ese concierto que tuvo lugar el pasado 18 de febrero. Para él, Cave, su ídolo, “dejó en claro que es algo que ama, ama la energía de estar entre los Bad Seeds y sus fieles pastores. Si por él fuera se perdería en cada canción que interpreta y ese sentimiento es lo que no cambia por nada”.

Ni el último día del decimotercer baktún, ni la toma de posesión de Peña Nieto, mucho menos la masacre de Connecticut o la trágica muerte de Miguel Calero me impactaron tanto como la noticia de que Nick Cave and the Bad Seeds venían a México y se presentaban el mismo día de la fecha del lanzamiento mundial de su décimoquinto álbum Push the Sky Away.
Por si fuera poco, Cave ofrecería una entrevista con Diego Rabasa y Raúl David Vázquez en el Foro del Dinosaurio del Museo del Chopo, pero sólo asegurabas tu pase registrándote en la página del Chopo en Internet (ofrecieron 180), cuando previamente se mencionó que sería entrada libre, pero bueno, cuando me enteré de eso era demasiado tarde, las localidades ya estaban agotadas. Me valió madres, yo iba a caer al Chopo y entrar a la entrevista.
Partí para el encuentro con Cave a las 8 de la mañana (de Ángeles del Pedregal) y llegué al museo a las 9:15; la entrevista estaba agendada para las 12. Mientras caminaba hacia El Chopo se veían a unos cuantos camaradas pegados en la reja hablando con los encargados del evento y alcancé a escuchar: “Si no tienen registro, no se dejará pasar a nadie”. A las 11:45 se había pronosticado no dejar entrar a nadie más al foro, pero como llegaron cincuenta y tantos cabrones o más con registro y sobraban suficientes lugares, ahora íbamos para adentro cincuenta y siete afortunados sin registro. En cuanto la puerca torció el rabo y estuve dentro, lo primero que hice sin dudar fue comprar el nuevo disco conteniendo los gritos que quería pegar, como de chiquilla de 12 años.
Tomé asiento en la fila más cercana al escenario. Saludando a sus seguidores, Cave fue recibido con un estrepitoso ¡I LOVE YOU!, el cual devolvió. Tres sillones y unos cubos que podían fungir como mesa fue la puesta en escenario, Cave en el centro, Rabasa a su derecha y Raúl a su izquierda. Sin agravio, no hicieron su trabajo; no pido que sean fanáticos, no, los fanáticos son monstruosos e incorruptibles según Cioran; simplemente quería una buena entrevista y no enterarme de las cosas que ya había leído en Wikipedia.
Surgió la típica pregunta que Cave debió haber respondido en todas las entrevistas anteriores, sobre si sus trabajos como compositor estaban influenciados por la Biblia o los griegos; para Rabasa (quien hizo esta pregunta) y para todos los que no conocen a Cave, tiene un álbum llamado Kicking against the pricks (Dar coces contra el aguijón), un pasaje tomado de la Biblia, específicamente de Hechos 9:5 y 26:14, o canciones llamadas The mercy seat, Hallelujah, Oh my Lord, etc. Si esto lo hubiera notado Rabasa, tal vez se hubiera ahorrado esa pregunta. Cave respondió que sí, la religión le genera mucho impacto y cree en esa idea de “creer”, si lo decimos en sus propias palabras, pero refiriéndose a que nosotros como seres humanos no deberíamos sentirnos ridiculos por el hecho de que creemos en algo más allá de nosotros mismos. Este argumento lo sostuvo durante el concierto al interpretar God is in the house, y deseando que en algún momento este Dios se dejara ver. Al unísono cantábamos el coro junto con Cave mientras que Warren, dando la espalda al público, se preparaba para hacer chillar la madera en cuanto Cave le indicara, y en el momento que Warren puso el arco sobre las cuerdas el pequeño aposento entró en un estado de calma, concentrado en la melodiosa armonía que emanaba del violín.
De vuelta en la entrevista, el tal Rulo preguntó de dónde venían sus influencias de interpretación, a lo que Cave respondió con una anécdota sobre un ensayo escrito por alguna universidad (no dio nombres) donde se afirmaba que su forma de moverse en el escenario era primordialmente gay, pero el besar a Blixa Bargeld (ex miembro) en los labios o la forma de tocar a los miembros de SU banda es simple amor, dijo.
Regresando a la interpretación, Cave dejó en claro que es algo que ama; ama la energía de estar entre los Bad Seeds y sus fieles pastores. Si por él fuera se perdería en cada canción que interpreta y ese sentimiento es lo que no cambia por nada. Durante el concierto, el público pudo decepcionar a Cave más de una vez cuando advirtió que tocarían Higgs Boson Blues (canción del reciente álbum) no pude contener mi excitación y salió de mi boca un estruendoso ¡A huevo! que no dudo se escuchó porque fui el único que gritó. Como premisa, la rola comienza con su personaje diciéndonos que no puede recordar nada en absoluto, nos narra el encuentro entre Robert Johnson y el Diablo. La gente no tomó muy bien las nuevas rolas, lo que no fue impedimento para que Nick bailara, gritara y pataleara al ritmo de la música que sus Malas Semillas emitían y yo fuera feliz.
Cave mencionó que Thomas Wylder, encargado de la bataca desde 1986 con los Bad Seeds, no iba a estar presente durante la gira ocupando su lugar Barry Adamson, quien fue miembro de 1984 a 1986. Cave se detuvo por unos momentos para dejar en claro que los ex miembros de los Bad Seeds no son para él una piel que se va cayendo y la va dejando en el camino, sino que conforman una familia, lo cual se puede ver con el simple hecho de que Barry regresó y Blixa pudo haber estado si no fuera por trabajo. En ese momento supe que en el programa del concierto estaría incluida la legendaria canción del álbum The first born is dead (sobre el mellizo de Elvis), Tupelo, lugar de nacimiento de Elvis Presley. Y como lo predije, después de deleitarnos con la canción de la mano todopoderosa (Red right hand), los acordes de Tupelo empezaron a resonar en el Plaza y la noche se estremecía más y más.
Para amenizar el Plaza después de haber tocado Tupelo, Red right hand, Deanna, God is in the house, Cave tomó un asiento y se apoderó del piano. En cuanto tocó la primera tecla, todo el público ya estaba con los calzones abajo al saber que venía Into my arms. Siendo sinceros I was in tears by the end, pero Jack the ripper me hizo revivir y a todo el Plaza en un instante; aún no me acomodaba después de haber desgarrado mi voz cantando Jack cuando se dejaron venir con The mercy seat, aunque con tres minutos menos, para rematar con el blues del Bosón de Higgs y terminar con Push the sky away.
Fueron 13 canciones en poco más de una hora, y como no debe faltar se reventó un encore con dos canciones más: la vieja historia del rudo Stagger Lee y The ship song. El total del concierto fue de hora y media de salvajes guitarras y letras, pero sobre todo de una desgarradora sinceridad al interpretar y relacionarse con los personajes que Cave and the Bad Seeds crean en cada una de esas hermosas piezas de arte que componen.





Por Jonathan Flores



Conciertos de la OSX


La Orquesta Sinfónica de Xalapa en concierto.
Héctor Miguel Sánchez revisa las dos primeras funciones de la primera temporada de conciertos de la Orquesta Sinfónica de Xalapa durante este 2013. Interpretando a Ellington, Gershwin, Ravel y Rimski-Korsakok, la orquesta fue de lo vanguardista a lo memorable.

Abrió la Orquesta Sinfónica de Xalapa su primera temporada de conciertos 2013 con un programa que incluyó la Obertura cubana de Gershwin, las danzas sinfónicas de West side story de Bernstein, y el arreglo a la suite de El cascanueces de Duke Ellington. Las piezas nos parecieron muy bien seleccionadas, por su contemporaneidad –no tanto cronológica como estilística: ritmos asincopados, variedad de timbres orquestales y tempi, un juego pronunciado con los silencios, breves disonancias, etcétera. Ordenadas de menos a más “radical”, las piezas nos ofrecieron un panorama del “vanguardismo” en la historia de la música.
Sin embargo, las interpretaciones no resultaron tan afortunadas: nos encontramos con una orquesta que apenas estaba recobrando el ritmo. Salvo por la sección de percusiones, que ya se mostró al cien por ciento (coordinada, intensa y llena de texturas), el resto de la agrupación, sobre todo su familia de cuerdas, careció de la fuerza interpretativa que le llegamos a escuchar hacia el último tercio del año pasado. La música sonó bien tocada y bien estudiada, pero todavía no introyectada en cada ejecutante para producir un efecto estético de consideración. Los solos lucieron mucho más que las partes de conjunto, muestra de que aún no se ha logrado el necesario equilibrio entre lo individual y lo grupal: no un cuerpo al unísono, sino (apenas) miembros tocando en simultaneidad.
Por supuesto, hubo pasajes excelentes –probablemente, ensayados con más asiduidad–: el adagio de cuerdas y el tempo de conga en West side story, así como el quinto movimiento de la suite de El cascanueces. Ha sido también de gran valor artístico el que, en esta última pieza, el director le pidiera al contrabajista marcar con fuerza los crescendi y diminuendi sucesivos en un par de compases de la partitura. En general, un concierto interesante, pero el campo de mejora se nos sugirió todavía muy vasto.
De distinto calibre fue, sin embargo, la presentación del fin de semana siguiente, ya con el director titular al frente de la Sinfónica de Xalapa. El programa nos pareció aquí nuevamente bien seleccionado: la obertura a Ruslán y Ludmila de Glinka; Sherezade de Rimski-Korsakov y Bolero de Ravel, piezas que, como lo apuntó el director al inicio del concierto, se caracterizan por una gran orquestación y que, por tanto, permiten el lucimiento del conjunto sinfónico como un todo. Así, pasamos del melodismo alegre de las cuerdas (Ruslán) a la sensualidad de violín, arpa y fagote (Sherezade) y, de allí, al ritmo endemoniado del tambor y al “minimalismo” armónico (Bolero). Variedad tímbrica y expresiva. En sí mismo, nada podemos reprocharle al programa –aunque, desde una perspectiva más amplia, sí hemos de decir que queda nuevamente dentro del “paradigma romántico”: ¿alguna vez veremos a la sinfónica incluyendo regularmente, por ejemplo, a Messiaen, Stockhausen o Wolfgang Mitterer en su agenda?
Pero, a más de la selección musical, la interpretación fue también bastante memorable: fuerza, textura, fluidez y sincronía, las cuatro virtudes que le podemos pedir a una agrupación de músicos, estuvieron aquí presentes desde el compás inicial de la Obertura, lo que redundó en un concierto con gran proyección estética. La orquesta sonó precisamente como eso, un todo en el que el instrumento individual y el conjunto se articulan como un cuerpo en seguro movimiento. Hemos disfrutado en particular de la Obertura y de “Una feria en Bagdad”, cuarta y última parte de Sherezade, porque en ella legaron a su punto máximo las virtudes interpretativas acumuladas durante las tres partes anteriores. No nos han gustado tanto los compases finales de Bolero, inclinados ligeramente al efectismo (y descuidados por algunos minutos en tempo y color) para provocar, tal vez, la euforia del público –¡y vaya que se consiguió! Yo hubiese preferido cerrar el concierto con una elegancia al estilo de Sherezade. Pero, en general, la experiencia ha sido memorable.

Orquesta Sinfónica de Xalapa. Dir. invitado Armando Pesqueira (8 de febrero). Dir. Lanfranco Marcelleti (15 de febrero). Auditorio de la Escuela Normal Veracruzana. Xalapa, 2013

Por Héctor Miguel Sánchez


Tlacotalpan, fiesta del son


La Candelaria [Foto: Eduardo Sánchez Rodríguez]

Las pasadas fiestas de Tlacotalpan acogieron, como ya es tradición, el Encuentro Nacional de Jaraneros y Decimeros. En esta su versión número 34 se dieron cita las figuras y grupos más representativos de este centenario género musical. Esta es la crónica de Eduardo Sánchez Rodríguez, quien de manera milagrosa sobrevivió a los músicos, los versadores, las bailadoras, los libros, los homenajeados... ¡y a los toritos!

31 de enero
Una brisa que amenazaba con convertirse en chipi-chipi me dio la bienvenida a Tlacotalpan. Afanoso, comencé las pesquisas sobre la ubicación de la sala de prensa para registrarme antes de la inauguración, que sucedería en la Casa de Cultura Agustín Lara pero, como suele suceder en este tipo de programas, aún no estaba lista. Así que volví sobre mis pasos y me topé de frente con la tradicional cabalgata donde jinetes y amazonas lucían sus mejores galas montados en magníficos equinos cuidadosamente acicalados. Al terminar, volví a encaminarme a la Casa de Cultura y, como también suele suceder en las inauguraciones, aunque pasaba bastante de la hora planeada, el funcionario encargado no llegaba y el grupo Estanzuela tuvo que empezar a tocar para que la concurrencia no se fuera. La exposición colectiva se llamó Realismo tropical, provocada por Honorio Robledo (Xalapa), quien estuvo acompañado por Jaime Yáñez (Tuxtepec, Oaxaca), Ignacio Canela (Tlacotalpan) y Javier Solana (San Andrés Tuxtla). ¡Verdaderamente buena! Solana era desconocido para mí, su visión del mundo parte de la vida cotidiana tuxtleca; me gustó su mezcla de color. Y, aunque todavía no comenzaba el cóctel inaugural de tamales y toritos, decidí que era tiempo de moverme al encuentro.
Cuando yo empecé a venir, tengo más de veinte años, como que se veía más bonito porque llegaba muchísima gente de muchas partes: de los Estados Unidos y de Cuba. Siguen llegando pero no como antes. La gente de por aquí y de la región siempre llega y de nuestras partes del sur llegamos. Veo un poquito deteriorado, medio raro; ¡no sé! a veces por el tiempo. Siempre vengo aquí y me voy contento.
Don Isidro Nieves
La Plaza Doña Martha es un bellísimo lugar que año con año acoge a los fandangueros. El Encuentro Nacional de Jaraneros y Decimeros había comenzado y en el escenario estaba Cogollo de Lima, nativos de Chinameca; les siguieron ¡Ah, que Rico Chilposo! de Xalapa, Los Panaderos de San Juan Evangelista con don Isidro Nieves en el requinto; Son de Tenmeacá, de Xalapa; de Tabasco llegó Son y Tangueo, que sumaron su tradicional tambor al son jarocho; después le tocó a Son de Piña, de Rodríguez Clara, hacer una pausa para la entrega de reconocimientos en formato de medalla a personajes destacados del son jarocho. La medalla Guillermo Cházaro Lagos se concedió al decimista Samuel Aguilera, quien pidió al secretario de Turismo allí presente que ya no prostituyeran las fiestas populares, lo que de inmediato negó el funcionario. La medalla Andrés Vega Delfín para Pablo Campechano, de Santiago Tuxtla, y la medalla Rodrigo Gutiérrez Castellanos para Hermilo Promotor, oriundo de Tres Zapotes.
Reflexionando sobre el reclamo de Samuel, razón no le falta; a una calle de la plaza, el ambiente social era caótico y una gran cantina, pero fijar mi vista en dos viejos jaraneros vi la razón de ser del encuentro; estaban platicándose los últimos sucesos con una sonrisa de par en par. Mirando con atención lo que sucedía a un costado del escenario, había jóvenes y viejos soneros conociéndose, en el caso de los nuevos grupos, y reconociéndose entre los mayores. Por supuesto, parte de esa dinámica forman parte los, permitanme llamarlos –llamarnos– neojaraneros; esos que somos de otras partes del país, o del mundo, que abrazamos esta música y la reconocemos como propia, mexicana. Allí, en la meca del son, nos asomamos un poquito al corazón de ese género que es el fandango, que mientras más de rancho sea será mejor, y aprendemos el protocolo no escrito de esta música comunitaria. Para los urbanos, nuestra experiencia de comunidad es casi siempre muy pobre; apenas sabemos el nombre del vecino, mucho menos de sus penas y alegrías. Eso es lo que nos enseña el son jarocho, a interesarnos por el otro. Y sí, hay grupos considerados grandes que no participan en el encuentro por toda una problemática organizativa que les toca a ellos, los soneros, corregir. Pero antes que nada es necesario estar contentos porque se conserva y disfrutarlo.
Este primer día, me platicaría amablemente Rafa Figueroa, participaron veintiocho grupos. Presenciarlo todo, que inicia a las seis de la tarde, aún con luz del día, toma entre seis y nueve horas, incluso si te gusta muchísimo ver las propuestas que tienen, hay otras cosas que ver: el Encuentro de Decimistas e Improvisadores Orales, comandado por don Diego Cruz Lara y su familia, cumplió diez años de suceder y ¿qué mejor manera que una fiesta de la palabra? Los mejores decimeros estuvieron por allí. Como acostumbra, don Diego impartió talleres de décima espinela, todo alegre y divertido.
De nuevo, llegó el momento de trasladarme a Luz de Noche, lugar independiente que por la amabilidad y estrategia de los propietarios ha ido estableciéndose como sede de presentaciones de libros, discos y talleres del son. Y por eso los días del encuentro se organizan fandangos buenísimos que comienzan con los grupos Mono Blanco, Los Vega, Los Utrera y Estanzuela, entre otros. Nacidos como una alternativa a los fandangos de San Miguelito, el fandango del lugar ha ido convirtiéndose en el fandango. También sucede que llegan demasiados jaraneros que al no tener la cultura sonera, no esperan su turno y comienzan a tocar, lo que resulta en que sean tantos tocando al mismo tiempo que algunos se hartan y arman un fandanguito adentro del local, también buenísimo por la calidad de los músicos, pero es triste. Allí amanecimos.

Los Vega son una escuela donde están aportando todo lo que su jefe, el viejo Vega, les ha enseñado. Se ve la innovación de Octavio (arpista), de sus hijas; es manifiesto lo que están haciendo. Uno sobrevive del son jarocho, aunque andes de la chingada, no importa si te duele el cuerpo o la cabeza, vas y te echas un son y haz de cuenta que tomaste una medicina. Mis planes son seguir manteniendo esto. Hacer algo con los morritos que vienen apenas, trabajar con ellos; para que esto siga el día de mañana. Podemos estar tranquilos y saber que esto va a seguir muchos años más.
Camerino Utrera
1 de febrero
Después de desayunar, fui a la Casa de la Cultura, al Foro de Presentaciones Editoriales del Programa de Desarrollo Cultural del Sotavento. A través de los años, este foro ha ido desarrollándose de una manera sorprendente; claro, son décadas del trabajo de jaraneros, requinteros, decimeros y bailadoras en primer lugar, y de los investigadores sociales, músicos, periodistas y fauna varia que los estudia y los inspira. El producto de ese trabajo es el nutrido número de discos, libros, métodos, cuentos, videos, artes plásticas e instrumentos que están sobre las mesas. Allí están también las maravillosas prendas de Tía Cayita, maravillosa tejedora que hace tres años recibió, junto con don Cirilo Promotor, el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Allí está Tere Osorio, dándole duro con su familia y otros, también al pie del cañón jarocho. Entre las diez y las diecisiete horas se presentaron cuatro grabaciones: La vieja del grupo El Cayuco, Cuando me vaya de Son Temoyo, Mujer luna y madera de Son Astillero; y Satisfacción garantizada de Carlitos Solís y Antonio González. Asimismo se presentaron cinco libros: Son de mi corazón, Alegorías del Sotavento, Recetario sotaventino del plátano macho, Pedacito de patria y Las músicas jarochas ¿de dónde son?. Además de documentales y páginas web, todo alrededor del son jarocho por supuesto. Pero lo más emocionante de este día fue el reconocimiento a las familias Vega-Utrera por el Premio Nacional de Ciencias y Artes en noviembre de 2012. Amparo Sevilla y Gilberto Gutiérrez llevaron el acto. Imposible no derramar una que otra lágrima al ver llorar a ambas familias, de alegría y de pesar por la reciente ausencia de don Esteban Utrera; imagínese, caro lector, ver en acción a trece músicos y nueve bailadoras que conforman estas familias fundamentales del son jarocho, ¡hermoso!
Gilberto Gutiérrez, al principio del acto, hizo hincapié en pedir a las autoridades correspondientes, allí presentes, que cuando entreguen apoyos consulten a los beneficiados respecto a cuál sería su mejor destino. Los Cojolites cerraron las actividades del foro interpretando su última grabación Sembrando flores, nominada a los premios estadounidenses Grammy.
Obviamente es una alegría saber que el trabajo que uno viene haciendo durante quince años repercuta en cosas como esta sin siquiera proponértelo. Esta nominación nos reafirma que estamos seguros de lo que estamos haciendo; por ese lado nos sentimos contentos. En lo personal,  creo que agradecemos que nuestro nombre esté presente, pero esta nominación le pertenece a toda la gente que se ha esforzado por esta cultura que ahora apreciamos, a la que pertenecemos, esté en foros en los que antes no estaba. Es un parteaguas para el son jarocho y es una situación que va a favorecer a todo el movimiento jaranero.
                                                                                        Benito Cortés
A las seis en punto estaba en la plaza Doña Martha. Soneros de la Cerquilla, de San Juan Evangelista, Flor de Caña, el excelente Son Temoyo, Maíz Azul de Morelos, Floresta y hasta Honorio Robledo armó su banda y se echó unos sones, cuento de por medio. Decidí ir al Encuentro de Decimeros y saludar a don Diego. Más tarde al fandango y, a las cinco de la mañana, llevarle mañanitas a la virgen de la Candelaria, emocionante también, y volver al fandango. Este segundo día se presentaron 30 grupos.
2 de febrero
En el foro se presentaron tres dvd: Los hijos de Chinantla rumbo a Valle Nacional, Narradores orales del Sotavento y Tu memoria, nuestra historia... documental sobre La Negra Graciana, quien allí estuvo, ya con algunos problemas de salud pero con el entusiasmo que la caracteriza y contenta con su vida; contó que nació en 1933 y que su papá tocaba jarana y sus hermanos el arpa y así empezó. Hubo cuatro presentaciones de libros: Toña la Negra de Rafael Figueroa, Las increíbles hazañas de Pedro Lira de Honorio Robledo; Historias de un pueblo que no existe en los libros de historia del siempre impecable Samuel Aguilera y Las pascuas de los Tuxtlas, de Andrés Moreno, muy bueno. En cuanto a las grabaciones, Octavio Vega presentó Arpista jarocho, producido por el mono mayor, acompañado del chelista español Rodrigo... (olvidé el apellido), buenísimo; estuvieron arriba Gilberto Gutiérrez, quien dijo que había muchas arpas y pocos músicos, y Francisco García Ranz, que aseveró que se busca el virtuosismo más que el son; que se cultiva más lo venezolano. La otra grabación fue Chagane, del grupo Mamba Negra. Destacó la presencia del Taller de Zapateado y Fandango Jarocho que la excelente bailadora Rubí Oseguera dirige en el Distrito Federal.
Antes que nada es la convivencia a través de los talleres, es un espacio que se ha creado en la ciudad de México; a ese espacio físico llegamos personas interesadas en aprender más sobre las culturas tradicionales, específicamente de los pueblos del sur de Veracruz, y nos hemos especializado en el zapateado porque yo soy bailadora; se han sumado también músicos, versadores, investigadores y músicos de otros géneros, llegan a contribuir también. El aprendizaje y la enseñanza se da a partir de la convivencia. Como sabes, no hay un método para enseñar el son jarocho y mucho menos el zapateado, y a partir de los talleres, conjuntamente con los alumnos en cuanto a la técnica y el desarrollo de la metodología, contribuyen de manera simbólica  en mi formación como maestra. He retroalimentado todo esto con toda mi experiencia desde mi percepción como antropóloga, y les he aportado esa parte de la historia y la relación que he tenido con esas comunidades del sur de Veracruz, comunidades fandangueras y bailadoras... Como sabes, el zapateado tiene una base rítmica tradicional pero ya sabiendo esa base rítmica, uno desarrolla cosas, improvisa. Entonces ¿cómo hacer una teoría de la improvisación? Pienso que es muy complejo, si lo esquematizas lo metes en un cubo y le quitas toda esa magia de la improvisación y del alma. Regreso a vivir a Veracruz, a ver cómo me reciben; ya tengo muchas ganas de estar acá. No cambian los talleres, cambian de sede; tengo que encontrar una manera de reestructurarlos. Creo que es muy importante regresar a la tierra, para mí es muy importante que aún hay  algunas mujeres bailadoras, las sabias fandangueras, y para mí es muy importante estar con ellas. Los alumnos ya tienen la técnica, tienen la información y necesitan venir, corroborar, y a partir de aquí dar el siguiente paso. Pienso que es el camino que debemos seguir para el desarrollo del zapateado del son jarocho, que es una cosa que no se ha trabajado. En esta fiesta hay diferentes públicos, el religioso que viene únicamente a ver a la Virgen, con fervor y con fe; y está el turismo Televisa, con sus artistas súper bien pagados. El público de los toros, que ya sabemos de qué tipo es, y el público sonero. Creo que si bien hemos ganado espacios en cantidad, no hemos ganado espacios en calidad. Poco a poco nos han ido relegando, por fortuna existen este tipo de espacios como Luz de Noche, que han abierto su casa para que la fiesta se siga dando como un encuentro. Lo que antes era un encuentro de soneros que podíamos hacerlo en la plaza Doña Martha dejó de serlo, el encuentro se hace realmente acá. En esa plaza ya no sucede nada de encuentro: te subes a tocar por diez minutos y nadie te está pelando, ya no hay público.                                                                                                                                               
Rubí Oseguera
En la última jornada del encuentro se dio el Taller Informal de Son Jarocho Tradicional de Orizaba, luego siguieron Los Bellos del Norte de Tres Valles: ¡buenos!, Son de Aguardiente de Córdoba, Tabaco y Caña de Lerdo, Hierba Maistra de Orizaba, Son Blanco de Lerdo; pertenecientes a la dinastía de Tío Costilla. Son del Montón de Guanajuato, Tzompantli de Tabasco, integrando al son su tradicional tambor. Los maravillosos Baxin, con su Cupido, oriundos de los Tuxtlas. Justo aquí se soltó un chubasco que obligó a parar. Un poco más tarde, escampó y tocaron el Taller Independiente de Son y Versada de Tlacotalpan; A Golpe de Guatimo de José Ángel Gutiérrez y su esposa fue el siguiente, y estaban tocando los anfitriones: Siquisirí cuando la lluvia, finalmente, decidió declarar terminado el encuentro.

En total participaron 88 grupos, ¿demasiados? La cuestión está en la mesa de discusión. Las entrevistas a diferentes personajes, todos importantes dentro del fandango, permiten atisbar y conocer qué está sucediendo con esta música campesina centenaria, la más vigorosa de las músicas tradicionales de nuestro país en la actualidad.




Por Eduardo Sánchez Rodríguez



Brevísima reseña de una vida literaria realmente breve


Luis Enrique Rodríguez Villalvazo
 Del Primer Coloquio Narradores en Veracruz. Cuentistas de los 70 va esta reflexión de  Luis Enrique Rodríguez Villalvazo en torno a la cocina de la escritura. Además del silencio, el autor pondera el aislamiento necesario pues “es el que a su vez viven mis personajes, la desolación interior, el individualismo, la ausencia de amor y su transformación en espirales de violencia que se desbordan”.


Reflexionar acerca de los resortes que se activan cada que se decide uno a escribir es una tarea harto difícil, sobre todo porque representa una especie de acto de contrición, con todas las implicaciones que eso conlleva. Es colocar al voyeur –en la escritura se requiere de una gran capacidad de observación, de radiografiar cada detalle, el más insignificante puede adquirir relevancia en la construcción de un personaje, de una atmósfera– bajo el escrutinio de otros, y en ese momento, al menos en mi caso, el juego deja de ser divertido.

Miento si digo que desde pequeño me interesé por la lectura; ciertamente en casa siempre hubo libros y mi acercamiento con ellos estaba directamente relacionado con la experiencia vital que se desarrollaba afuera, pues fui todavía de los privilegiados que tomamos la calle por asalto y prolongábamos las sesiones de futbol callejero hasta entrada la noche, amén de que podíamos disfrutar de escenarios naturales incorruptos.

No empecé leyendo La isla del tesoro o los avatares de corsarios descritos por Salgari, mi principal diversión era la “lectura” de la –por cierto, incompleta– Enciclopedia Salvat de la Fauna que había en casa, y entrecomillo lectura, porque en realidad era una revisión acuciosa de las fotografías y dibujos que ilustraban los tomos. Alucinaba con la efigie de animales tan enigmáticos como el okapi, el marabú, el rostro de un mandril y la portentosa exhibición de sus caninos o el picozapato (personaje de mis pesadillas infantiles, la foto del libro mostraba a la cigüeña echada sobre su nido entre los juncos africanos, y su pico, en forma de sueco color violeta, junto con la mirada amarilla me aterrorizaban).

Ese gusto por las ilustraciones fue lo que me llevó quizá a conocer y devorar las historias de Capulinita (la versión de bolsillo, estúpidamente hilarante); Tawa, el hombre gacela que más tarde cambiaría su nombre a Batú; El Hombre Araña; el Simón Simonazo, con su excelente adaptación de Kiss a la realidad patria; Kalimán, en la versión sepia, cuando le metieron color le partieron el halo místico; El Águila Solitaria. De esas lecturas data mi primer despertar erótico al hacerme de Las andanzas de Aniceto y Las aventuras de Hermelinda Linda, historietas que eran llevadas a casa por mis hermanos mayores y que ocultaban debajo del colchón de la cama.

Bajo esa misma lápida de resortes y poliuretano descubrí las primeras fotonovelas en las cuales las tipas malas quedaban irremediablemente en ropa interior, y al cuadro siguiente, con ojitos de arrobamiento, mostraban cómo el tirante del sostén había descendido seductoramente de su sitio, pero nunca más allá.


Ya siendo víctima de la adolescencia fui presa de dos pasiones casi en simultáneo: el rock y la práctica del futbol. En el primer caso me afectó un acceso de chovinismo que me hizo rechazar grupos y corrientes originarias de Sudamérica y España con aquella oleada del rock en tu idioma –y en muchos casos no me equivoqué-, mientras que del rock anglo sólo pasaba por el filtro lo metalero y el blues; los extremos. En esa coyuntura me volví aficionado a la lectura de otra revista; en un momento en el que el rock nacional estaba fuera de los canales de comunicación masiva el Conecte era una ínsula. Ahí me enteré de la existencia del tianguis del Chopo; los hoyos fonquis, cuyo bautizo se atribuye Parménides García Saldaña; los punks y sobre todo de que hubo algo que se llamó Avándaro (el festival de rock y ruedas). Todo me llevó a enterarme de que había un concepto denominado “contracultura” y de ahí a la lectura de José Agustín, el propio Parménides, José Joaquín Blanco y su trabajo sobre las bandas, sólo medió un pequeño paso.

Tiburón con el futbol

El futbol intenté practicarlo profesionalmente, aprovechando el regreso de los Tiburones Rojos a la primera división, pero no hubo mucha suerte y recalé, como paria, en la práctica del futbol playero. De igual forma hice mías las historias surgidas de los rincones sórdidos y mórbidos del puerto –Cortés, Guerrero, Arista, los callejones de Cuatro Ciénegas y La Lagunilla– antes de que fueran tomados y saneados por los batallones de hipócrita limpieza de las administraciones panistas, y el malecón y su poliédrica catadura.

Cuando me di cuenta estaba ya en la universidad y en mi vida había escrito una línea. Pronto conocí el trabajo de Juan Vicente Melo y de Sergio Galindo. Del primero intenté calcar el estilo en mis primeros trabajos, del segundo me interesaba la transformación de la periferia en el centro. Luego llegaron Jorge Ibargüengoitia y su irreverencia, Enrique Serna y el humor acidísimo, José de la Colina y la contundencia de la brevedad.

Al mismo tiempo, el videoclip se enseñoreó como referente visual; de pronto todo un universo cabía en tres minutos. Esos parámetros se trasladaron al texto y mi escritura tendía a condensarse en ellos, me aterraba que mis historias no pudieran extenderse más allá de dos o tres cuartillas, a lo cual se sumaba una propensión al diálogo que pensaba un defecto.

Tuve la suerte de conocer en esa coyuntura a Sergio Pitol quien me mostró que esas características, bien explotadas, podían ser virtudes, me dio la llave de algunos de los secretos del oficio, sobre todo uno que es particularmente caro a la escritura: la disciplina. En una ocasión me dijo que todo joven escritor debe imponerse un ritmo de trabajo cotidiano –tres horas diarias, ponía como mínimo– y que si un día no podía dedicarle a la escritura esas tres horas, al día siguiente debía cumplirlas y así hasta subsanar ese déficit. Las iluminaciones existen, es cierto, pero no se puede dejar todo a la voluble y volátil inspiración.

Flaubert aconsejaba a Maupassant: “No sé si tendrá usted talento, joven… pero no olvide usted esto… que el talento, según la frase de Buffon, no es más que una larga paciencia. Trabaje usted”.

En la Facultad de Letras entendí qué era lo que no quería ser, además me dio las herramientas para aprender a leer la realidad. Junto con Víctor Hugo Vásquez Rentería emprendimos la aventura de devolverle a la facultad una publicación periódica, gracias a eso y la libertad que nos ofreció Víctor al grupo de amigos que conformábamos la redacción de Longinos pudimos sentirnos dictadorzuelos por un rato.

Poco después, fue Rafael Antúnez quien apostó por mi trabajo y me ofreció las prensas de la Editora de Gobierno del Estado de Veracruz para publicar Permanencia voluntaria; junto con él, otras presencias han sido puntuales para mi formación, primero como lector y luego como narrador: José Luis Martínez Suárez, Rodolfo Mendoza, José Homero, en cuyo Performance he desarrollado el oficio periodístico, además de los infaltables lectores cómplices que detectan las falencias que el ego y la saturación impiden observar con claridad.

Dice Paul Auster que:

Cada libro es una imagen de soledad... Es un objeto tangible que uno puede levantar, apoyar, abrir y cerrar, y sus palabras representan muchos meses, cuando no muchos años, de la soledad de un hombre; de modo que con cada libro que uno lee puede decirse a sí mismo que está enfrentándose a una partícula de esa soledad. El libro puede hablar de soledad o compañía, pero siempre es necesariamente un producto de la soledad.

No concibo de otra forma mi trabajo, y no es sólo lo relativo a la ausencia física, sino a la necesidad de aislamiento que se requiere para la elaboración de un texto. “Cuando permanecemos solos durante mucho tiempo, poblamos de fantasmas el vacío”. Ese aislamiento es el que a su vez viven mis personajes, la desolación interior, el individualismo, la ausencia de amor y su transformación en espirales de violencia que se desbordan.

¿Qué me mueve a escribir?, me pregunto al momento de redactar estas líneas para tratar de compartirlo con ustedes y aún no encuentro respuesta elegante, quizá se deba a que soy un mentiroso compulsivo o quizá, como dice uno de mis personajes:

La palabra es la ausencia del silencio, por eso escribo, no para combatirlo, sino para evitar que se adueñe de mi vida, el silencio fue el motivo, la causa de mi más profundo dolor, el cual había permanecido sepultado bajo toneladas del escombro acumulado en esta ruina permanente que ha sido mi vida… Si no nos sirven las palabras sólo nos queda el silencio, sin embargo tampoco podemos asegurar la existencia de este último: En esta noche, en este mundo… y nada es promesa entre lo decible que equivale a mentir (todo lo que se puede decir es mentira), el resto es silencio, sólo que el silencio no existe…




Por Luis Enrique Rodríguez Villalvazo





El visitante americano


En bocas cerradas no entran mokas... [Foto: Mariana Veiga]

En el marco del Hay Festival Cartagena, celebrado del 24 al 27 de enero, se llevó a cabo la siguiente entrevista con Jon Lee Anderson, sin duda el mejor cronista de guerra de estos tiempos. Es autor de la magnífica biografía del Che Guevara y de Guerrillas. Ha recorrido las zonas calientes de Asia, Medio Oriente, África y América Latina, y entrevistado y realizado extensos perfiles de líderes políticos como Hugo Chávez, Saddam Hussein, Fidel Castro y Augusto Pinochet.
Rafael Toriz: No es muy común, en el mundo anglosajón –por oposición al mundo latinoamericano– entreverar la creación literaria con el compromiso político, habida cuenta de que, desde hace tiempo, el periodismo es un género literario por derecho propio. ¿Inscribirías tu trabajo en la línea política de Howard Zinn, Peter McLaren o Noam Chomsky?
Jon Lee Anderson: No, la verdad es que no lo pienso en esos términos; simplemente hago lo mío, me pienso como un reportero. Supongo que tengo una inquietud social que me lleva en una especie de búsqueda. A Noam Chomsky, por ejemplo, lo veo como a alguien de otra generación, ideológicamente; es decir, nunca me he sentido tan convencido de las cosas, siempre me he quedado con cierta duda. Mi formación ha sido muy de periodista, de reportero, en el sentido más amplio de la palabra. Yo no soy un columnista, un editorialista: he rehuido de eso. A buenos entendedores, pocas palabras. Siempre dentro del texto.
¿Deliberadamente?
Sí y no. En mi proceso de elaboración soy bastante instintivo, no tengo un plan general. A veces hago un bosquejo pero casi nunca lo atiendo, trato de pensar en escenas puesto que casi nunca es concluyente lo que opino visceralmente o intelectualmente sobre una problemática. El proceso de escritura es mi exploración del evento. Reservo mi opinión de forma consciente para poder estar en sintonía, a veces, con gente muy poco afín, para tratar de ser justo. Esa es mi escuela. A veces me cuesta, pero lo hago. Es al ponerme a escribir cuando me doy cuenta de lo que tengo adentro. Si puedo hacerlo de una forma narrativa, no literal, lo hago.
Un striptease invertido.
En términos prácticos, cuando me entrevistan, termino soltando más que en la narrativa. Obviamente tengo un rol político, pero mi papel principal es del escritor.
En un sentido técnico, ¿qué posibilidades te ha dado la crónica para esa exploración? ¿De qué forma editas?
Yo escojo las escenas, ahí hay una valoración mía. Cuando trabajo con tiempo edito más; cuando estoy con la soga al cuello y tengo que trabajar hombro a hombro con el editor, si hay confianza, él respeta mi instinto y mi matiz filosófico, aunque también discutimos. Pero las escenas son la clave, escenas cinematográficas. Pienso de una manera muy visual. Describir momentos adquiere gran importancia en la crónica, pero tiene que tener un fondo. Yo intento hacer crónica de la forma más tridimensional posible, sin tener muy en cuenta pautas conocidas. Lo mío es bastante sencillo, nada rebuscado: no escribo con guiños para nadie. Mi primer esfuerzo es entender. Y luego desentrañar el fenómeno, que vendría a ser el tratamiento. Terminar un borrador, digamos, de unas diez mil palabras, que es más o menos mi distancia habitual, me lleva más o menos tres semanas. Llegar a algún lado lleva tiempo. A veces me enojo, aflijo o emociono y eso le da su matiz al texto. Tiene que tener un matiz para poder entrar al lector. Yo no quiero que los lectores lean y olviden: si yo he sentido algo quiero que lo sientan ellos. Si no logro que lo sientan, ¿para qué lo hice?
Provocar al que lee.
Aunque sea confusión, una duda. Lo que me jode en la vida son los dogmatismos. Aborrezco los dogmas, por eso te mencionaba lo ideológico.
Dice Juan José Saer que la ficción no es lo contrario de lo real. En ese sentido ¿qué opinión te merece el caso de Ryzsard Kapuscinski, de Bruce Chatwin, con respecto a la “edición de lo real”? ¿termina todo por ser ficción? ¿cuáles son los límites de la representación de lo real, hasta dónde se trata de la proyección de la mirada de uno mismo?
En efecto, la crónica es una proyección de la mirada de uno mismo, sin duda. Uno intenta ser justo, y yo diría, en mi caso, que ese es mi guiño a la máxima periodística de la imparcialidad: “esto es la verdad”, pero la verdad como la percibo yo, por lo que se trata de una construcción subjetiva. ¿Es una ficción de la verdad? Suena para un buen debate entre críticos literarios. Creo que hasta cierto punto sí, pero eso no aniquila la no ficción inherente a la crónica. Quizá se trate de una verdad con ingredientes, artificios o herramientas de ficción y  termine por construirse más una ficción de una no ficción. Kapuscinski…no sé lo que hizo Kapuscinski, pero argumentaría que lo que él hizo fue más ficción que no ficción. En ese sentido, sí hay un abanico, yo creo que Kapuscinski –con grandes virtudes– creó un modelo muy original, por eso lo admiramos tanto y le reconocemos tantas virtudes que fundan su fama internacional. Yo me ubico en el otro lado del abanico, quizás por tradición o por supervivencia. A lo mejor un día llegue a un punto en que decida torcer las reglas, pero tendría que anunciarlo antes. No puedo dejar que los lectores piensen que yo juego con los tiempos o con los personajes, componiéndolos, algo que no es literalmente lo que viví; tendría que hacer una seña de advertencia: “Mira, esto no es exactamente lo que he escrito antes, esto es otra cosa, un experimento mío, un juego más ficcional”. Dentro de lo que cabe, si lo que escribo es una ficción, intento con ahínco que no lo sea. Yo no sé filosóficamente quién gana este debate, pero reconozco que sí: todo lo que se escribe tiene elementos de ficción. Quizás esto sea el “holy grial”…
Digamos entonces que, en tu calidad de lector, ¿te interesa leer más un domingo en la mañana una crónica de Alma Guillermoprieto o una de Juan Villoro? ¿periodismo de investigación o construcciones textuales eminentemente literarias?
Me gustan las dos, según mi estado anímico. Aunque casi siempre, en día domingo, yo salgo con mi perro, no me dedico a la lectura.
Al respecto de la experiencia, sostenía Borges que para escribir una novela policíaca no hacía falta haber sido comisario. ¿Crees tú que en el periodismo que practicas, por llamarle de alguna manera, más cercano a la realidad o callejero, es necesario salir al sol, hacer trabajo de campo?
Absolutamente; para mí, sin duda. Yo creo que muy pocos periodistas lo intentan. No hacen el menor esfuerzo por sentir el pellejo de otros. Muchos chicos y chicas salen de buenas universidades con el don de palabra y con las herramientas intelectuales para ejercer el oficio, y lo hacen bien, viviendo en la gran metrópolis de las ideas e intercambiando opiniones y pueden incluso llegar a ser muy famosos, pero no deja de ser un juego entre intelectuales. Con esto no digo que la última virtud o la máxima virtud sea haber trabajado en el campo, ser campesino, pero al menos en el caso mío, ha sido fundamental. Yo no quería ser simplemente alguien de la torre de marfil, yo siempre he querido escribir la vida real. No podía concebir esa vida y ser escritor sin vivir a su vez la vida al máximo posible. Mis héroes han sido gente que, de alguna forma u otra, se alineaban a esa pauta.
Abonando la mítica leyenda del gringo loco perdido por el mundo…
Sí, pensando en quienes me llamaron la atención de joven: Hemingway, Conrad, obviamente Kapuscinski. Admiro mucho a Naipaul, quien ha tenido la virtud de irse al campo pero ha sido siempre demasiado pulcro para mi gusto, pero reconozco sus grandes virtudes... Pero prefiero al Naipaul antes de su época Hilton de los años sesenta que al autor de gran éxito.
Pregunta obligada. Respecto al caso del presidente Hugo Chávez, ¿qué piensas del manejo de la información que ha tenido el gobierno?, ¿cuál es tu perspectiva en caso de un probable escenario post- Chávez? ¿observas algún otro liderazgo regional evidente?
No me gustan mucho las adivinanzas porque no soy adivino, pero creo que el manejo de la información proviene de un deseo del entorno mundial y presidencial de mantener una discreción total en torno al parte médico. No es aceptable, o no sería aceptable en una sociedad más abierta, y no es aceptable tampoco una oposición que en todo momento le quiere bajar los pantalones. Para mí esta trama kremlinesca es producto de la gran polarización y delirio que hay en Venezuela y hasta cierto punto en el continente entre los países de la causa cubana y venezolana y entre los países del bloque TLC.
Hay que verlo bien en lo que es. El gobierno venezolano no quiere entregar nada al enemigo, y de eso se trata también, es una táctica de ambos lados, como sucedió con El País. Ellos no pueden cometer una metedura de pata mediática como la de la foto. Eso no se hace, ¿acaso si el rey estuviera entubado en una clínica exclusiva lo sacarían en portada? A lo que voy es que existe un manejo ideológico, un manejo político que va más allá de la coyuntura periodística, y eso es  un error que les va costar, y que tiene que ver más con la flaqueza de una corporación como grupo Prisa en este momento. Porque uno entiende que todos como periodistas queremos saber más –yo también–. Hasta cierto punto todos hemos avalado fuentes de información que parecen ser más o menos ciertas, y ha habido estos soplos y  filtraciones, ha habido declaraciones del entorno del presidente abonando misterios debido a un gobierno que no sabe manejar bien la información, en un tono de emperador sin ropa a nivel internacional, práctica que normalmente se hacía en casa, ante una población donde la mayoría lo acaba de votar, en donde existe una idiosincrasia muy propia que tiene que ver con el carisma de Chávez y su simpatía, algo que sucede como un proceso caótico, emocional y una polarización política que impide entregar nada al otro. Esto llevado a instancias internacionales se ve barroso y eso es lo que estamos viendo. Ahora, ¿qué vendrá después de Chávez? Temo que mucho caos, puesto que no ha cuajado una institucionalidad muy creíble, en algunos aspectos como el manejo del petróleo parece que más o menos lo tienen negociado, pero en muchos otros no. Les ha faltado crear un estado de derecho, no había tanta violencia ciudadana.
¿Se cae la revolución bolivariana sin Chávez?
Si tuviera que apostar, diría que sí, pero quizás no inmediatamente. Y es que yo no sé si hay revolución. Creo que lo siempre ha sido es una revolución retórica, y no quiero decir con esto que no han hecho cosas dentro de la dinámica revolucionaria, como intentar levantar a los venezolanos que viven en la extrema pobreza, pero hay mucha barriada todavía. Es decir, no sé si han cambiado el chip de la sociedad misma, y es que no solamente estoy hablando de los pobres, cuyas existencias están girando alrededor del gobierno. El dinero fácil de Venezuela ha creado una sociedad donde todo mundo quiere cosas, quiere el bienestar social que tienen los ricos, y tienen una clase media alta absolutamente asquerosa, cuyo lema de toda la vida ha sido “Patria libre en Miami”, y han expatriado su riqueza y también su tesoro cerebral, ¿dónde están esos venezolanos?
¿Ves un liderazgo regional no chavista en Argentina, en Ecuador?
Brasil es todo un liderazgo regional. Brasil poco a poco… Bah, en realidad rápidamente, desde la época de Lula y ante el gran vacío y negligencia de parte de Estados Unidos, aunque quizás para muchos latinoamericanos sea fuente de gran alivio, es el hecho que de pronto Estados Unidos dejó de mirar a América Latina desde hace años, hecho que ha seguido con Obama; ahora son menos beligerantes. Fue Bush quien ayudó a crear esta corriente izquierdosa nacionalista en América Latina. Quizás era inevitable luego del periodo posdictadura y posrevolución, de los noventa de la gran bonanza  y de las fijaciones pseudo democráticas, donde se hizo mucha ganga y mucha corruptela y se envileció el término democracia, lo que ocasionó que esta nueva vieja, rebuscada izquierda surgiera y entrara en escena, ante una economía americana disparatada. Entonces Brasil se dio cuenta de que era su hora, y miró a su alrededor y dijo: ¡Coño, somos los más fuertes aquí!, con un dinamismo muy fuerte. En ese sentido yo veo el despertar de Brasil y el despertar de los países hispanoparlantes que están alrededor, lo que es muy positivo. Brasil era una especie de India sumergida, que aun con su despertar tiene políticas encontradas, problemas medioambientales, indígenas y posiciones del siglo XVII o el XVI. Por eso a Brasil le viene bien el reto, la oportunidad de sacudirse, de confrontarse, y es algo que le viene bien a Estados Unidos porque es un contrapeso. Enhorabuena que Brasil venga a jugar un papel geoestratégico pragmático. Es socialdemócrata pero no ideológico. Es bueno que un país tan fuerte tenga valores democráticos. En América Latina aún hace falta el gran estado, pero el gran estado que ayude a levantarse.
Digamos la retórica del PRI en México…
Ese es un caso muy particular, ya lo veremos. Es intrigante ver lo que pasará en un país donde buena parte de la población piensa que el presidente es un criminal.




Por Rafael Toriz